Weiwei, los desaparecidos y la migración en México / La Jornada Semanal

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En México no existe a la fecha una cifra exacta de desaparecidos. En enero de este año, por primera vez, una institución del Gobierno Federal (la Comisión Nacional de Búsqueda) reconoció que había más de 40 mil 180 personas desaparecidas, y aclaró que la mayoría de las desapariciones han ocurrido en la última década.

Consecuencia de la “guerra contra el narcotráfico” –iniciada por el expresidente Felipe Calderón– que no sólo fue incapaz de contener a las organizaciones delictivas, sino que incrementó dramáticamente las violaciones de derechos humanos –por el Estado y organizaciones criminales–, la violencia en México parece no tener fin.

Cada día que pasa sin que las autoridades encuentren a las víctimas es otro día que las familias siguen sufriendo por no saber qué les sucedió a sus seres queridos. Los 43 se han convertido en la tragedia más visible, nunca la única.

Sobre la idea del perdón, concepto que se vincula a la memoria, Ai Weiwei expresó que “se trata de un concepto que plantea la pregunta de a quién se debe perdonar; no creo en eso, creo en la justicia. Todos somos responsables de la sociedad en la que vivimos. Como sociedad, debemos no sólo enterarnos de lo que pasa, sino exigir respuestas”.

Contundente, sin reparos, con las ideas lúcidas Ai Weiwei cuestiona, una vez más, el mundo que lo rodea y su contexto. “Gran parte de nuestro conocimiento es acerca de nuestra memoria. Entonces, ¿por qué países como México, China, y otros… tienen tanto miedo de los hechos? Las verdades sucedieron hace mucho, a lo mejor ya no tienen responsabilidad, no obstante, las esconden. La verdad tiene que ver con la justicia. Visto como fenómenos de muchas sociedades, no te dicen la verdad. Tratan de borrar y reconstruir la memoria al contar las historias equivocadas.”

Arte y disidencia

A veces la disidencia opaca el arte, a veces lo catapulta. En el caso del artista chino Ai Weiwei sin duda lo ha puesto en el ojo del huracán tanto del mundo del arte como del mundo de la política. El artista –activista– ha utilizado su obra como bandera de paz, como punto de lucha. Hoy vive en Berlín, pero durante mucho tiempo no pudo salir de su país, lo que no impidió que desde ahí invadiera el mundo con su obra. Ai Weiwei es un artista contemporáneo; no obstante, cuando se escribe sobre él se le describe como disidente.

Mejor: artista, diseñador, escritor, activista social. Nació el 28 en1957 en Pekín; hijo del poeta Ai Qing. Cursó estudios de cinematografía, aunque abandonó para integrarse en el colectivo de artistas Xingxing, que promovía la creación plástica desde el individualismo y la experimentación de vanguardia. Vivió en Estados Unidos donde conoció el arte pop, el minimalismo y el arte conceptual, corrientes que tienen gran influencia en su trabajo. A su regreso a China utilizó su obra, pero sobretodo su creciente fama, en la defensa de los derechos humanos en su país enfrentándose al poder comunista. En 2010 su estudio fue demolido por el gobierno chino.

“Olvidémonos de que soy artista. Soy un ser humano. Cuando sientes el dolor de una persona que ha sufrido y nadie la ayuda es cuando te cuestionas en qué clase de sociedad vivimos”, afirma. La contemporaneidad ha dotado a los artistas de herramientas como las redes sociales. Éstas han permitido cambiar la manera de hacer arte contemporáneo, pues permiten generar conciencia sobre temas de derechos humanos. Ai Weiwei ha utilizado estas plataformas para defender valores como la justicia, la responsabilidad y la legalidad. Calificado de simulador y oportunista por sus detractores, no se puede negar que el alcance de sus ideas se han hecho tangibles a través de su obra.

Ai Weiwei rompe esquemas y cuestiona. Su arte tiene como fundamento una protesta primigenia, la falta de libertad de expresión y el poder absoluto de un Estado.

Paralelamente a esta muestra, el artista chino realizó un documental llamado Human Flow sobre la crisis humanitaria de los refugiados. Para este trabajo, Ai Weiwei pone en primer plano la humanidad de los refugiados y la búsqueda de las cosas que todos buscamos: seguridad, refugio, paz, la oportunidad de ser quien eres.

“Como artista, siempre he creído en la humanidad. Veo esta crisis como mía... Podrían ser mis hijos, podrían ser mis padres, podrían ser mis hermanos…. Al igual que yo, también tienen miedo del frío y no les gusta estar bajo la lluvia o tener hambre. Como yo, necesitan tener la sensación de seguridad.” Actualmente, en el mundo migran 200 millones de personas. En 1970 la cifra era de 82 millones. En 1980 más de 2 millones 220 mil personas llegaron a suelo estadunidense. Aquel año, más mexicanos cruzaron la frontera que los que lo hicieron en el siglo que va de 1850 a 1950.

Entre 2009 y 2014 cerca de un millón de mexicanos regresaron a su país, contra 870 mil que decidieron ingresar a Estados Unidos.

De los 12, 027320 mexicanos que viven fuera de México, el 97.33 por ciento radica en Estados Unidos de América. A pesar del presidente Donald Trump, más de 5 mil migrantes marcharon a través de América hacia el norte. El Salvador, Honduras, Ecuador, Brasil, Venezuela… La frontera se cerró, Tijuana anunció un colapso. Las redes se dividieron.

“Limpia tu casa antes de recibir invitados”. Se organiza la sociedad para ayudar. La representación de la migración va desde un altar de muertos en el muro fronterizo de Mexicali, que representa la no existencia trepando la barda; hasta una casa en un árbol que mira al otro lado y un niño que asoma por una rendija. Banderas blancas, cruces blancas, murales que hablan: historias que se van diluyendo en el paso de una frontera. Seiscientos cráneos de resina enfrentan al espectador con una realidad que ha estado presente en toda la historia de la humanidad: la migración. La instalación de gran formato, del artista mexicano Adán Paredes, se enfoca en el último suspiro que el migrante dio en la tierra donde nació.

"Me preocupa más el muro invisible"

No es fácil llegar a Tijuana y no ver el muro tapizado de cruces. Más de 2 mil. El muro que desaparece; ése donde han muerto, desde 1998 hasta 2014, más de 6 mil personas, El 6 por ciento de las muertes de migrantes en todo el mundo. Ana Teresa Fernández lo camufla, lo borra con pintura; 10 metros de ancho y seis de alto. “No lo hacemos desaparecer. Estamos jalando el telón del cielo hacia abajo.”

Migrar es huir, dejar atrás, es la esperanza de mirar hacia el frente. Betsabé Romero colocó un centenar de banderas blancas a ambos lados del muro que divide Tijuana y San Diego rindiendo así homenaje al “espíritu de paz” con el que los migrantes cruzan la frontera.

También Betsabé montó la pieza Tu huella es el camino, tu bandera es de paz. Cien banderines en varillas metálicas con una horma de zapato con frases sobre el tema de migración. Cincuenta se colocaron en territorio mexicano y cincuenta en eu. Cada horma lleva un mensaje. La huella visual y estética de aquel (ser humano) que pasó, del que quizá ya no está, del que lo logró.

La esperanza es la fotografía monumental del rostro de un niño que asoma por el muro que divide la ciudad de Tecate, en Baja California, de San Diego, en California. Jean René, o jr como se le conoce, montó la imagen en ese lugar con la intención de que la gente volteara a ver la frontera y se cuestionara la problemática que obliga a las personas a emigrar.

La esperanza es una casa para que los niños de la frontera jueguen. Chim Pom, colectivo de artistas japoneses, colocaron en la colonia Libertad, Tijuana, a un lado de la malla fronteriza que separa a México de Estados Unidos, una casa en un árbol con la leyenda “USA visitor center”. La pequeña casa tiene vista por encima del muro que divide la frontera.

El muro se convierte en emergencia nacional para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Yalitza Aparicio, el fotógrafo Carlos Somonte y Alfonso Cuarón usan de telón el muro presente en Tijuana.

“El muro convierte a las personas en enemigos sin ninguna razón…” “Las paredes no tienen sentido. Ya sea que exista o no una estructura física, me preocupa más el muro invisible que divide las clases sociales y los orígenes. Esa es una barrera que aceptamos todos los días, sin pensar.” Alfonso Cuarón.

“Ojalá nadie tuviera que irse de su país/ Que no se conozca el miedo/

Que todos tengan casa, cobijo.../ Que no tengamos que conocer la soledad del que se queda;/ la incertidumbre del que se va.”

Más de 90 millones de personas pasan por la frontera entre Tijuana y San Diego cada año para entrar o salir de Estados Unidos. A partir de 1993, la patrulla fronteriza de Estados Unidos levantó un gran muro metálico. El gesto del arte contemporáneo es a veces percibido como invisible. Es cuestionado y anulado. Pero a veces es permanente.

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