Análisis revela que los Rollos del Mar Muerto no son obra de los esenios

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Miércoles 3 de junio de 2020. Jerusalén y Madrid. El muestreo genético de los Manuscritos del Mar Muerto o Rollos de Qumran (donde fueron descubiertos) desafía la idea de que los escritos de 2 mil años de antigüedad fueron obra de una pequeña secta judía, y arroja luz sobre la redacción de las Escrituras en la época del nacimiento del cristianismo.

La investigación, que descubrió parte de la procedencia de los pergaminos al identificar las pieles de animales utilizadas, también puede ayudar a proteger las preciadas reliquias bíblicas contra falsificaciones.

Los rollos, una colección de cientos de manuscritos y miles de fragmentos de antiguos textos religiosos judíos, fueron descubiertos en 1947 por beduinos locales en los riscos del desierto de Qumran, a unos 20 kilómetros de Jerusalén.

Muchos estudiosos creían que los rollos se originaron con los esenios, que se habían separado de la corriente principal judía. Sin embargo, algunos académicos argumentan que el tesoro tenía muchos autores y puede haber sido sacado de Jerusalén para su custodia.

 

 

La secuenciación de ADN realizada por la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de Israel ha permitido una mejor diferenciación entre los pergaminos.

Si bien la piel de oveja de algunos de los rollos se podía producir en el desierto, la de vaca, que se encuentra en al menos dos muestras, era más típica de ciudades como Jerusalén, donde los judíos, en ese momento, tenían su segundo templo y estaban bajo el dominio romano.

El material biológico del que están hechos los rollos es tan revelador e informativo como el contenido del texto, sostuvo a Reuters Noam Mizrahi, profesor de estudios bíblicos en la Universidad de Tel Aviv.

Los investigadores determinaron que dos copias textualmente diferentes del Libro de Jeremías fueron traídas a Qumran desde el exterior. Tales hallazgos indican que la redacción de los textos judíos estaba sujeta a variación e interpretación, contrario a los puntos de vista posteriores de la escritura sagrada como únicos.

La lección, explicó Mizrahi, es que la sociedad judía del Segundo Templo era mucho más plural y multifacética de lo que muchos de nosotros tendemos a pensar.

 

 

La colección, de más de 25 mil fragmentos de los manuscritos, incluye, entre otros textos, las copias más antiguas de libros de la Biblia hebrea.

Los investigadores informan en la revista Cell que usaron huellas dactilares de ADN recogidas de las pieles de los animales en las que se escribieron los textos.

Los Rollos del Mar Muerto son uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes realizados, resaltó Oded Rechavi, de la Universidad de Tel Aviv.

Desde su descubrimiento, principalmente a fines de la década de 1940 y 1950, los académicos trataron de armarlos como un rompecabezas, basándose principalmente en las propiedades visibles de los fragmentos para conocer su relación con otros fragmentos.

En el nuevo estudio, Rechavi y sus colegas, incluido Mizrahi, de Mattias Jakobsson, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, decidieron buscar pistas más profundas.

Misrahi explicó que lo más probable es que los fragmentos de vaca se escribieron en otros lugares porque no era posible criar vacas en el desierto de Judea.

Además, los investigadores escriben que el hecho de que diferentes versiones del libro circularan en paralelo sugiere que la santidad del libro bíblico no se extendió a su redacción precisa. Eso contrasta con los textos mutuamente excluyentes que fueron adoptados más tarde por el judaísmo y el cristianismo.

Esto nos enseña acerca de la forma en que se leyó este texto profético en ese momento y también tiene pistas sobre el proceso de evolución del texto, añadió Rechavi.

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