Pensar en el bien de la humanidad hace más ligero quedarse en casa

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Jueves 26 de marzo de 2020. Aunque por voluntad propia, astronautas y submarinistas saben muy bien lo que es vivir encerrados durante semanas e incluso meses, un conocimiento que ahora ponen a disposición de los cerca de 3 mil millones de personas confinadas en el mundo.

Para el astronauta estadunidense Scott Kelly, lo importante es no tener demasiadas expectativas, porque no sabemos cuándo va a terminar, explicó desde Houston, Estados Unidos, donde todavía no está confinado.

"Cuando estaba en la Estación Espacial Internacional (EEI), era por un año (...) Me esforcé en pensar que vivía allí, que formaba parte de este entorno, que era mi nuevo hogar.”

Kelly sugiere hacer “como si se viviera en el espacio durante un año: "Tengo que tener un programa, levantarme a una hora normal, acostarme a una hora normal, ocuparme de mi trabajo si puedo hacerlo a distancia.

Pero también hacer ejercicio y tomar el aire, incluso sacando la cabeza por la ventana como rutina diaria.

Sin olvidar el ocio: ¡Quizás esta pandemia convertirá a Scott Kelly en una estrella del rock!, asegura entre risas.

Para gestionar los conflictos, confinados en un apartamento, si alguien le molesta, hablen, sin agresividad, porque si esconden sus emociones, empeorará.

Para el astronauta, el sentimiento de que sirve para algo ayudará sobre todo a superar el confinamiento. La gente debe entender que lo que hace ayuda a toda la humanidad.

Vincent Larnaudie-Eiffel, ex comandante de un submarino nuclear, subraya que la sensación de estar en una misión es primordial

Como en un submarino, confinados en nuestros apartamentos, compartimos una misión que es la de proteger a los otros, a nosotros, al personal médico y tener éxito en esta dura prueba.

Pero la dificultad es que el tiempo no tiene la misma duración. La víspera se parece al día siguiente, por lo que es importante dar ritmo a nuestros días.

Como los submarinistas que empezaron a construir maquetas, a tejer o a cultivar plantas sin luz del día.

Es necesario también que cada uno tenga su espacio. En un submarino, es una estrecha cama. En un departamento pequeño, es lo mismo.

Isabelle Autissier, la primera navegadora en dar la vuelta al mundo durante una competencia, nunca sintió la soledad como una carga, porque yo lo elegí.

Pero aquellos que están solos en casa por obligación, pueden quizás “aprovechar este momento para probar cosas nuevas: leer, escuchar música diferente, escribir su diario, hacer fotos, pintar o dibujar.

Incluso cosas que no vengan espontáneamente a la mente. Sobre todo, no hay que proyectarse, porque si te imaginas un calendario, te decepcionas.

Como en las carreras en mar abierto, “cuando estás en el mar, lo primero es no contar los días. No hay que decir: ‘llegaré en tres meses, un mes o 10 minutos’”.

Independientemente de las estrategias, es normal tener caídas de moral y de productividad. No es una señal de debilidad, insiste Cyprien Verseux, astrobiólogo de la universidad de Bremen.

No sumen la culpa a sus dificultades, sostuvo el científico, que vivió dos experiencias de confinamiento voluntario: nueve meses en la base Concordia en la Antártida, y 366 días con otros 5 voluntarios en una cúpula de 11 metros de diámetro para simular una misión en Marte, en un experimento de la NASA.

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