Con deudas a cuestas y necesidades se intenta volver a la normalidad

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Ciudad de México. Con cubrebocas y gel antibacterial, los capitalinos intentan retornar a la normalidad tras levantarse la Jornada Nacional de Sana Distancia, aunque con un montón de deudas, inseguridad y mucha necesidad, y el semáforo rojo en que dicen estamos por el Covid-19, no nos detendrá para salir de la peor época que hemos vivido en los últimos 30 años, señalaron.

El café Goya, ubicado en la calle Del Carmen, en el Centro Histórico, hasta abrió sus puertas para que los comensales saborearan en su interior de una comida corrida o especial, o unas mojarras gigantes.

Mientras en la plaza Talavera la gente disfrutó de unos tacos, de una buena platicada con los cuates o descansar, al igual que en Correo Mayor, donde la sana distancia tampoco aplicó en negocios de comida y torterías.

Algunos ambulantes aprovecharon para instalar sus puestos en el suelo, como Juana Atanasia Martínez, quien ofrece pulseras y jengas de madera para comer y pagar la renta, junto a la abuelita, una mujer de 90 años, quien vende semillas caramelizadas.

Ciudad de México, 2 de junio de 2020. En el barrio Santa María la Redonda, que se encuentra atrás del Teatro Blanquita, se puede uno encontrar arte urbano alusivo a la cultura popular mexicana, como la Sonora Santanera y los retratos de El Indio Fernández, María Victoria y Luis Aguilar.

 

Comentó que desde hace 30 años que enviudó ha andado en las calles de Moneda, Seminario y ahora en dicha plaza, por necesidad, porque mis hijos ya hicieron su vida y tengo fuerzas para salir adelante, aunque no sé leer, ahí voy.

Don Chucho, dueño de Casa Cruz, confió en que con el levantamiento de la sana distancia “habrá más movimiento económico, porque andábamos muy en la calle y tuvimos que usar nuestros ahorros, pero La Meche, gracias a Dios, me ha dado lo poquito que tengo”.

Consideró que se trata de un lugar sagrado, que me ha permitido sacar a mis hijas, que ya tienen una licenciatura, y los gastos diarios de la casa. Nunca nos deja sin comer y aquí estamos después de 28 años dando nuevamente la batalla.

Los últimos tres meses vividos han sido de lo peor que he enfrentado en las tres décadas que tengo en la calle Carretones, sin ventas, sin dinero, sin nada, y espero que nunca se repita, manifestó Paulina Sánchez, dueña de la jarciería El Hormiguero.

La emergencia sanitaria no se ha acabado, por eso seguimos con medidas de precaución para evitar algún contagio, y coincidió con Pedro Salinas, quien confió en que las ventas se levanten y pagar la renta, pues en La Merced van de 10 mil a 18 mil pesos al mes.

Los negocios están abriendo a mitad de cortina porque no nos dejaron sacar las cosas, y si lo hacemos vienen y nos ponen los sellos, y para quitarlos hay que pagar 280 mil pesos y no quiero perder mi negocio, donde llevo 25 años, dijo.

Para Beatriz Manuel, el semáforo rojo obliga a tener más precaución, aunque en La Merced no sabemos de contagiados, pero sí nos cerraron, pese a vender artículos de limpieza, lo cual también afecta a los campesinos que les compramos para vender.

La emergencia sanitaria nos llevó a reducir a la mitad el salario de nuestros siete empleados para no despedirlos, que lo acompañaron a hacer guardias cuando nos cerraron, para evitar saqueos, porque muchos de Tepito se vinieron acá a joder, señaló Manuel Pacheco.

El Covid, dijo, sólo nos dejó más pobres y con más riesgos de inseguridad, por lo que estamos en comunicación con la comandancia para no ser víctimas de delincuencia.

 

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