Fallece Jaime Montejo, defensor de las trabajadoras sexuales, enfermo de Covid

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Ciudad de México. Jaime Montejo, uno de los fundadores de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, organización que desde hace más de 25 años defiende los derechos de las trabajadoras sexuales, murió la madrugada del 5 de mayo por Covid-19 en la Ciudad de México.

Su trabajo se concentró en las calles de las zonas más populares del país, donde lo encontró el virus repartiendo comida y despensas a las trabajadoras de La Merced y de Puente de Alvarado, peleando por la entrega de tarjetas de apoyo del gobierno de la Ciudad, gritando que mil pesos para tres meses no les servían para nada.

Su compañera de vida y de lucha Elvira Madrid, recibió la noticia en confinamiento, indignada por el viacrucis para lograr la hospitalización de quien compartió con ella cientos de batallas al lado de los más desfavorecidos del planeta.

Aquí una reseña del trabajo de más de dos décadas de Brigada Callejera, extraída de la introducción del libro Putas, activistas y periodistas

La Brigada Callejera

Si hay una imagen que retrata a Elvira Madrid es la del momento en el que le arrebata la pistola a un policía que la amenaza, mientras otro encañona a Jaime Montejo, su compañero de vida y de lucha. Lo sueltas o se los carga la verga, les dijo a los policías que no entendían de dónde le salía tanto coraje a esta mujer chaparrita con cara de luna llena. Todos se abrieron y soltaron a Jaime, cuando viene otro piquete de policías y ahí sí supe que nos iban a matar. Vi una coladera destapada y eché la pistola para distraerlos. Unos se fueron por la pistola y otros contra nosotros. Nos dieron duro.

Ésta y muchas más experiencias han vivido Jaime Montejo y las hermanas Elvira y Rosa Isela Madrid en los bajos mundos de la Ciudad de México. Los tres fundadores de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez, AC, recorren desde hace más de 25 años calles, prostíbulos, ministerios públicos, antros, hoteles, sanatorios, fosas comunes, callejones, zonas de tolerancia y demás sótanos en los que se mueve el trabajo sexual o a donde llegan las trabajadoras heridas, detenidas o muertas.

La historia de la Brigada Callejera inicia con una investigación universitaria que Elvira, Jaime y otros estudiantes realizaron para la clase del maestro Francisco A. Gomezjara, quien escribió un libro de sociología de la prostitución y era su profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Así llegaron a La Merced, donde los primeros que se incomodaron con su presencia fueron las madrotas y padrotes que controlan la zona. Vimos muchas cosas que no nos gustaban, se lo dijimos al maestro y él dijo que podía apoyar sólo con la investigación. Nosotros dijimos que entonces cómo íbamos a cambiar lo que veíamos. Total, que de 25 estudiantes sólo nos quedamos cuatro. Y así empezamos a hacer el trabajo con las chicas.

Era la época de la propagación del VIH y el tiempo entre la vida estudiantil y el trabajo en La Merced no les alcanzaba. Por eso, cuando terminaron la carrera, empezaron a dedicarle cuatro horas diarias. Las chicas empezaron a denunciar a doctores que abusaban de ellas y a funcionarios y policías que las extorsionaban.

La promoción del uso del condón se convirtió en prioridad. Las trabajadoras le solicitaron a los activistas que los distribuyeran ellos y que sacaran una línea propia. No teníamos dinero ni la idea de cómo hacerlo y dijimos que no podíamos. Pero insistieron en que lo intentaramos y empezamos a visitar empresas. Meses después nació El Encanto, marca que con los años fueron perfeccionando hasta lograr una certificado de alta calidad.

El nombre de Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez tiene la siguiente historia. Brigada lo tomaron de las brigadas del movimiento estudiantil de 1987 contra la imposición de cuotas en la UNAM, donde se organizaban grupos para informar y nosotros queríamos lo mismo. Callejera porque nos quedó claro que lo nuestro no es estar en una oficina, que los problemas están en la calle. De Apoyo, porque no pensábamos resolver todo el asunto, sino apoyarnos unas y otras. De la Mujer, porque fue con la principal población con la que empezamos a trabajar, aunque después llegarían las trans. Y el nombre de Elisa Martínez es el de la primera chica que conocimos con VIH y murió, pero no por la enfermedad, sino por la discriminación que sufrió en el hospital por ser trabajadora sexual.

A la Brigada Callejera le ha tocado cuidarlas y, si mueren, vestirlas y enterrarlas. Y eso te va haciendo más fuerte. El abuso de parte de la policía, la extorsión, la persecución no sólo a ellas, sino también a los clientes, son los principales atropellos en las calles. La Brigada ha visto y vivido los golpes, asesinatos, secuestros, violaciones y demás abusos contra ellas. Y, en ese contexto, los obstáculos y prohibiciones para organizarse, pues las quieren como esclavas, dice Jaime Montejo.

Una de las líneas de trabajo principales de la Brigada es la salud, porque aunque digan que es gratis y que todos tenemos derecho a ella, para las trabajadoras sexuales no es así. Nos toca exigir que se les atienda, y dignamente. Y otra área importante es la defensa del trabajo, pues a veces cierran los negocios sin motivo, cuando hay intereses económicos, sobre todo en los centros históricos de toda la República.

La postura de la Brigada Callejera es lograr mejores condiciones de trabajo. Y, en lugar de luchar por abolir el trabajo sexual, organizarnos para denunciar la violación a los derechos de las trabajadoras, sobre todo en su relación con las autoridades, quienes amenazan su vida, las extorsionan y las encarcelan.

 

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