Saúl Uribe, el sastre del Niño Dios

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Ciudad de México. Saúl Uribe Lanzagorta es un empresario prominente que con las creaciones de vestidos para el Niño Dios, que confecciona desde hace 45 años, dejó de ser un vendedor ambulante --que sólo ofrecía seis modelos-- y ahora sus productos artesanales se venden por cientos no solo en el país sino que logró traspasar la frontera con Estados Unidos.

Los artículos que ofrece se comercializan del 12 de diciembre al 2 de febrero cada año en la calle de Talavera, en el Centro Histórico, pero también llegan a los estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada y Chicago.

Además de que los migrantes latinos pueden comprar los diseños de “Niños Uribe” en en el Centro-norte, Sur-suroeste y Oeste de Estados Unidos, Saúl Uribe, quien nació en Puebla, sigue siendo el proveedor de mercancía para las decenas de negocios ubicados en los estados de México, Baja California, Puebla, Michoacán, Oaxaca, Chiapas y Guerrero.

Por eso es conocido como El Sastre del Niño Dios. Sus diseños son para vestir tallas desde dos centímetros, que cuestan 10 pesos, hasta vestidos de 35 centímetros, con precios de 180, aunque su madre siempre lo consideró como El Rey Midas del Centro Histórico, porque hasta poco antes de morir, recordó, le decía “hijo, todo lo que agarras se convierte en oro”.

Lo más importante para Saúl Uribe es mantener viva la tradición y en 45 años de ventas se mantienen dos líderes en los vestidos que corresponden a San Judas Tadeo y Sagrado Corazón de Jesús “no hay vuelta de hoja”.

Manifestó estar contra los diseños de moda que tratan de imponerse y que están fuera de la celebración del 2 de febrero, día de la Candelaria, como el de futbolista, aunque admitió que es algo que no se puede evitar porque las generaciones “ya no son las mismas. La abuelita murió y dejó el Niño a la hija o el nieto que ya no lo visten con su ropón blanco, o de San Juditas o Sagrado Corazón”.

La festividad está marcada en el calendario católico como la ocasión en la que la Virgen María fue purificada y el Niño Jesús presentado en el templo, explicó al asegurar que esta concepción ya no es del interés de los jóvenes.

Entrevistado en uno de los 14 locales, que compró a un libanés, en la calle Talavera, Saúl Uribe, quien es nieto del español Francisco Lanzagorta --dueño de una de las casas ferreteras más importantes de los años 20, que estuvo ubicada en la avenida José María Izazaga--, comentó que tiene la vena empresarial que le permitió crear su industria que genera al menos 100 empleos formales a los que se suman decenas de fuentes de trabajo indirectos.

El Sastre del Niño Dios se surte accesorios como los sombreros que complementan el vestido del Santo Niño de Atocha, que son tejidos a mano por artesanos de Toluca, así como los huarachitos, el cetro, y guajecitos de madera provenientes de Michoacán y los decenarios creados por manos artesanales de San Juan de los Lagos, en Jalisco.

En uno de los locales en los que también se venden Niños vestidos y sentados en una sillita de madera encapusulados en una burbuja de cristal, dijo sentirse “feliz” por no ceder a las ofertas económicas de “los chinos” que le ofrecieron comprar a muy buen precio sus locales comerciales para convertirlos en puestos de bisutería o que insistieron en múltiples ocasiones para venderle la ropita y accesorios del Niño Dios que le traería ahorros y ganancias de más del 50 por ciento.

Rodeado de decenas de Niños que colecciona y que habitan en uno de los cuartos de la fábrica de vestidos y sentado a un lado de un Niño que viste un traje de gala de la Virgen de Guadalupe, afirmó que por su sangre corre la visión empresarial, la cual despertó hace 45 años cuando acompañó a su entonces novia y ahora esposa, doña Julita, con sus padres que se dedicaban a la venta de ropa y sillitas del Niño Dios, en la calle Venustiano Carranza.

Era el año 1975 y recuerda que en ese momento tuvo dos visiones: “una la espiritual de ver al Niño Dios y la otra es que digo aquí se derrama el dinero nada más que no saben juntarlo, traes la sangre empresaria”.

Egresado de la primera generación de la Vocacional 4 del Instituto Politécnico Nacional, institución de educación superior donde cursó la carrera de ingeniería, recordó que inició a vender en un espacio de un metro cuadrado en el piso, pero que con dedicación logró crear Niños Uribe.

Transformó la calle Talavera en un corredor de vestidos y accesorios para el Niño Dios, que hace décadas estaba en abandono, porque los edificios fueron bodegas de chile cuaresmeño, poblano, cebollas, jitomate y limones del barrio de la Merced, mientras que las calles estaban destrozadas por el paso de los tráileres, además de que había chineros y pulquerías.

Es conocido entre los famosos y los políticos, porque ha vestido a los Niños de Verónica Castro y Carmen Salinas, así como al del canciller Marcelo Ebrard, además de que hizo llegar un Niño Dios al papa Francisco durante su visita en la capital en 2016.

Sin miedo a equivocarse aseguró que nació y morirá vistiendo al Niño Dios, aunque la tradición y las ventas hayan caído en más del 40 por ciento, porque algunos creyentes han fallecido y sus hijos son cibernéticos están alejados de la espiritualidad.

El gran reto para El Sastre del Niño Dios es escribir el libro de su vida solo para enviar el mensaje a los jóvenes de que “sí se puede” llegar lejos, pero además buscar el apoyo de las autoridades del Gobierno de la Ciudad de México para crear el Museo del Niño Dios, en la calle Talavera, y un triángulo cultural entre el Centro Histórico, la Basílica de Guadalupe y la Catedral Metropolitana.

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