Aires de muerte en Chiapas

La realidad no cambia por decreto. Seguimos en el país de las ejecuciones diarias, de los secuestros, del abuso sexual, de la tortura en las cárceles, del maltrato al migrante, de las comunidades militarizadas. Y sí, de los ataques de paramilitares oficialistas, en las mismas montañas de Chiapas donde más de dos décadas ocurrieron las masacres de Acteal y Unión Progreso (y Tila, Sabanilla, Viejo Velasco Suárez...). En el caos de mortandad violenta que está asolando a México, cualquier activista o poblador que resulte "peligroso" o "estorbe" podrá ser eliminado y su caso quedará circunscrito a las estadísticas. Periodista, ambientalista, mujer (y si es dirigente, peor), autoridad comunal o ejidal, policía comunitario, defensor de derechos humanos y del migrante, se suman al que no pagó derecho de piso, al secuestrado que no será devuelto, a la muchachita que "desapareció", al pasajero que no cooperó, al que venía pasando. A partir de 2007, el Estado mexicano se retiró de la protección de los ciudadanos, aportando una suerte de represión pasiva. El crimen organizado ayuda a despejar el terreno a minas, pozos, vías, ductos, plantas, presas, desarrollos inmobiliarios y hoteleros. El resto lo hace la fuerza pública. // Reportaje gráfico de Luis Enrique Aguilar para el suplemento Ojarasca de 'La Jornada' del mes de junio 2019.
Casa baleada, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Casa baleada, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Casa baleada, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Casa baleada, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Mujer tsotsil de Aldama, Chiapas, después de que su casa fue baleada por civiles armados de Chenalhó, 2019. Foto Luis Enrique Aguilar
Mujer tsotsil de Aldama, Chiapas, después de que su casa fue baleada por civiles armados de Chenalhó, 2019. Foto Luis Enrique Aguilar

Refugiados en el monte, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Refugiados en el monte, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Niños de Aldama fabrican armas de madera para jugar a la guerra. Foto Luis Enrique Aguilar
Niños de Aldama fabrican armas de madera para jugar a la guerra. Foto Luis Enrique Aguilar

Campamento de desplazados, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Campamento de desplazados, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Policías estatales patrullan Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Policías estatales patrullan Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

La muerte ronda los campamentos, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
La muerte ronda los campamentos, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

La región del conflicto, Chalchihuitán, Los Altos de Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
La región del conflicto, Chalchihuitán, Los Altos de Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Ejército federal y policías estatales se despliegan en Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Ejército federal y policías estatales se despliegan en Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Muñeco de trapo en Aldama, para despistar a los paramilitares de Chenalhó, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Muñeco de trapo en Aldama, para despistar a los paramilitares de Chenalhó, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Militares en Coco, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Militares en Coco, Aldama, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

discurso de los “luchadores sociales” directores o coorDesplazados de Chalchihuitán, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
discurso de los “luchadores sociales” directores o coorDesplazados de Chalchihuitán, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Ceremonia en Magdalena, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar
Ceremonia en Magdalena, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguilar

Magdalena, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguila
Magdalena, Chiapas. Foto Luis Enrique Aguila