Detienen a Navalni y a 400 opositores en marcha en Rusia

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Moscú. El Día de Rusia –fiesta nacional que se decretó para sustituir en la Rusia postsoviética la conmemoración de la revolución socialista de 1917– concluyó este miércoles con la detención en Moscú de 400 personas, entre ellos el líder opositor Aleksei Navalny, que desafiaron a las autoridades y trataron de iniciar una marcha no autorizada, impedida por un despliegue excesivo de efectivos de la policía, guardia nacional y unidades antidisturbios que bloquearon el acceso a las principales calles del centro de la ciudad.

Era previsible que esto iba a pasar porque los propios convocantes de la marcha, inicialmente concebida para exigir la libertad de Ivan Golunov, exhortaron a la gente a quedarse en su casa este miércoles.

Argumentaron tres razones: que se logró la meta y el periodista ya está en libertad; que la alcaldía no autorizó la acción alegando que había varias ferias y otras actividades dedicadas a la fiesta nacional; y que el domingo 16 de junio sí tienen permiso para llevar a cabo una manifestación de hasta 20 mil personas para exigir justicia y defender la libertad de prensa.

Los más radicales, y también los despistados, entre mil y 2 mil personas, hicieron caso omiso del llamamiento y el centro de Moscú, cual ciudad en virtual estado de sitio, se convirtió en escenario de forcejeos entre inconformes pacíficos y uniformados que sólo cumplen órdenes, deseosos de cobrar el sobresueldo prometido en este tipo de ocasiones.

Navalny ciertamente no hizo nada, pero con sólo aparecer en el lugar de reunión de los manifestantes se expuso a que cayera sobre él toda la ira de quienes exhibe cada vez que sube a Internet un video con que los trapos sucios de los corruptos de este país –ayer le tocó a un general de la Seguridad del Estado y su hijo, que además da a entender que son los que ordenaron la persecución de Golunov– y se enfrenta al riesgo de ser condenado a 30 días de cárcel por presuntamente “violar por segunda vez el reglamento de organizar manifestaciones”, aun sin figurar entre los convocantes.

Quieren incriminarle como prueba el mensaje que publicó en Twitter antes de salir a la calle: “Las autoridades tienen un miedo terrible a la fantástica y unánime demostración de solidaridad con Golunov. Por ese motivo, es importante para ellos destruir de entrada la solidaridad general, y luego intimidar y encarcelar a quienes insistan”.

El intento de acallar una voz crítica con el deleznable método de “sembrar” drogas para acusar a Golunov de fabricar y vender drogas indignó a muchos rusos y, en esta ocasión, terminó de forma tan inesperada como afortunada –la libertad de un inocente que podía haber pasado 20 años en la cárcel– gracias a la solidaridad de sus colegas y el amplio respaldo de la sociedad civil.

Pero para poner punto final en esta historia que nunca debió ocurrir –consideran los convocantes de la manifestación del domingo siguiente y el propio Golunov– es necesario que se castigue no sólo a los chivos expiatorios, esto es, a los policías que desempeñaron el papel de simples –y pésimos por la impunidad que creían tener– ejecutores de la orden de arruinar la vida del periodista, sino que el Kremlin se atreva a revelar quiénes son los autores intelectuales de este crimen y dé luz verde para que respondan ante la ley.

También es indispensable que se revisen los casos de personas que cumplen condenas por “delitos” similares –hay quien estima que son miles–, así como que se modifique el artículo del Código Penal que califica de “posesión de drogas en gran escala” tener más de una dosis de cualquier estupefaciente, como si fuera igual la heroína que la mariguana, por poner un ejemplo.

Esas serán las demandas principales de la manifestación, esa sí autorizada, del 16 de junio, que sería impensable si el periodista Golunov no hubiese sido víctima de una provocación tan burda e ilegal.

 

 

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