La migración, como el agua, puede desbordarse a pesar de diques

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Tapachula, Chis.  La dinámica impredecible, imparable, de la inundación migrante sugiere todo el tiempo la comparación fluvial. El agua corre, se le van poniendo diques, desvíos, se le confina en estanques o pozos, y siempre encuentra modo de salir para atrás, adelante, a los lados, o ir más abajo. La vasta, y por momentos rebasada Estación Migratoria Siglo XXI, donde se confina a los migrantes detenidos, no bastó la noche del jueves para contener a mil 300 personas que escaparon, si bien muchos no llegaron muy lejos, o regresaron. Por más planes que traigan, la realidad que encuentran los obliga a improvisar constantemente. Su meta es fluir. Sí, huir. Y sobrevivir.

 Apenas unas horas antes había visitado la estación el subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas, y había encontrado todo en orden. Dentro de lo que puede llamarse orden en un mosaico que alcanza en esta frontera a 19 nacionalidades, distintas culturas, actitudes, habilidades, idiomas. Si los torrentes masivos proceden de Honduras, la preparación y la capacidad estratégica casi militar para moverse corresponde a los cubanos; algunos de ellos habrían organizado la fuga de la Estación Siglo XXI, y seguramente no fueron los primeros en regresar, o ya no lo harán. Su liderazgo resulta notable, y la red mafiosa que los administra es eficaz, no son meros polleros del sureste.

 El las instalaciones de la Feria Mesoamericana, contra lo que su nombre indica recibe a los migrantes no mesoamericanos precisamente. Allí no se permite el acceso a la prensa, y la gente está refundida muy adentro. En este dique migratorio destaca la presencia de ciudadanos de Congo, por su número, su visibilidad y su carácter expansivo. Si hablaran castellano serían tan convincentes como los cubanos. Por eso tratan de separarlos de los haitianos.

 El Instituto Nacional de Migración (INM) tiene registradas personas de India, Pakistán, Afganistán, Sri Lanka, así como Eritrea, Filipinas e incluso países pequeños como Togo. El propio subsecretario Encinas habla de “Babel en Tapachula”. En Chiapas el cauce mayor ha corrido por la costa del Pacífico, donde algunas ciudades se cerraron, como Huixtla; otras siguen abiertas como Mapastepec, donde funciona un campamento cuya población sube y baja, y aunque es temporal, ya todos asumen que el flujo será permanente.

 Ante los obstáculos y retenes, las aguas migrantes se desparraman por los otros rumbos de Chiapas, y ya existe una muy identificable comunidad hondureña en San Cristóbal de Las Casas. En Comitán comienza a ocurrir lo mismo. Las otras fronteras chiapanecas, que también son lugares de tránsito, según estimaciones de las autoridades pronto suplirán a la entrada “fácil” del río Suchiate y Tapachula. Puede decirse que Chiapas tiene cuatro fronteras. Ésta es una, pero se prolonga por toda la sierra hacia Motozintla, luego deviene frontera terrestre de la selva desde Trinitaria al Usumacinta. Allá, la frontera es el Usumacinta mismo, que separa el Petén de la selva Lacandona, ese sí un verdadero y peligroso río, nada que ver con el Suchiate, el Tijuana o el Bravo. Y finalmente la esquina tabasqueña y el norte de Chiapas. Por ello, también Palenque es ciudad de paso.

 Sólo que hasta ahora, el flujo mayor, las caravanas y los grandes eventos han ocurrido entre Tapachula y Arriaga. Y van dejando su rastro. Entre las vías de la estación ferroviaria en Arriaga pude ver a una mujer local, mayor, sola y motu proprio, recogiendo grandes cantidades de botellas de agua y meterlas en grandísimas bolsas de plástico. Una labor infinita.

Los permisos de residencia regional que anuncia el gobierno federal en favor de salvadoreños, hondureños, como la que ya tenían jornaleros y comerciantes guatemaltecos (los llamados chapines son parte de la vida económica local pues muchos sólo vienen de compras; dos millones de guatemaltecos al año cruzan esta frontera), confirman el plan de represar las aguas migrantes en el sureste. No sólo Chiapas. El subsecretario Encinas dijo a este reportero en Tapachula que el plan económico del gobierno es abrir puestos de trabajo y establecer servicios en todo el sureste, del sur de Oaxaca y Veracruz a la península de Yucatán, Campeche, hasta las fronteras de Quintana Roo, Tabasco y Chiapas.

El Colectivo de Observación y Monitoreo, en palabras de Brenda Ochoa, directora del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, demanda que el gobierno reconozca ampliamente la existencia de una crisis migratoria. Que haya mayores articulación con los organismos civiles y respuesta a las contingencias. “Demandamos una política de derechos humanos de puertas abiertas”, que “tome en cuenta la situación de emergencia”. Insiste en que “las detenciones dejen de ser parte de la violencia contra los migrantes”, y que “haya una respuesta” que adecue a la situación “el funcionamiento institucional”.

Hay que irse preparando para una frontera interior con el nuevo sureste mexicano. Esa línea, es fácil preverlo, la marcaría la ruta del megaproyecto interoceánico en el Istmo de Tehuantepec.

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