Estatuas del tejado de Notre Dame libraron el fuego; el gallo se quemó

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París. Las estatuas monumentales que decoraban el tejado de Notre Dame de París se libraron por poco del siniestro, después de haber llegado la semana pasada al suroeste de Francia para ser restauradas, en cambio el gallo relicario que coronaba la aguja se quemó antes de ser enviado para su renovación.

París, 16 de abril de 2019. Luego de doce horas de combate al fuego que devastó parte de este patrimonio con casi 800 años de historia, millonarios y donantes privados se movilizaron en las últimas horas para financiar la reconstrucción de la catedral, que se prevé larga y costosa.

 

"Desgraciadamente el gallo se quemó", lamentó el martes Patrick Palem, expresidente pero todavía consejero de la Socra, la empresa de encargada de restaurar los 12 apóstoles y los cuatro evangelistas de cobre, que datan del siglo XIX y que el jueves pasado fueron sacadas en helicóptero de la aguja que rodeaban.

Infografía Graphic News

El gallo de la aguja iba a ser descolgado en junio para ser enviado a los talleres de la Socra (Restauración y Conservación de Obras de Arte y Monumentos históricos).

Este gallo, también de cobre, albergaba según la Iglesia reliquias de Santa Genoveva y Saint Denis, así como un fragmento de la corona de espinas de Cristo, que debía proteger a los parisinos.

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La restauración de las dieciséis estatuas "está por ahora suspendida y aplazada, esta no es la prioridad" declaró a la Afp Palem, especialista desde hace 40 años de la restauración del patrimonio.

Esta obra de restauración de las estatuas estaba valorada por la Socra en "unos 400 mil euros", dijo, e iban a ser devueltas a su lugar en 2022.

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"La prioridad es una obra a mayor escala, la reconstrucción y la renovación de Notre Dame que podría durar entre 15 y 20 años, probablemente por un coste de varios cientos de millones de euros", consideró.

Estas estatuas fueron instaladas durante la reconstrucción de la aguja de la catedral, dirigidas entre 1859 y 1860 por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc, que se hizo representar a sí mismo como Santo Tomás. La aguja original fue construida en 1250, y después desmontada en los años 1786-1792.

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