Los campesinos viven ‘‘un retroceso tremendo’’ en los ideales de Zapata

Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Cuernavaca, Mor. A cien años del asesinato del general Emiliano Zapata (el 10 de abril de 1919) y no obstante que los campesinos de Morelos y el país ‘‘están viviendo un retroceso tremendo” en los ideales zapatistas, su ejemplo de lucha ‘‘está vivo y es lo único que funciona” para que ese sector se organice y exija el respeto a sus derechos a los tres niveles de gobierno, consideró el científico social e historiador Enrique Semo.

En entrevista con La Jornada, al concluir el coloquio Zapata a cien años de su muerte, que se efectuó ayer en una de las salas del Centro Cultural Jardín Borda, foro en el que participaron otros historiadores, Semo refirió que a cien años del asesinato del Caudillo del Sur, se necesita comenzar ‘‘una nueva reforma, pero ésta tiene que ser de acuerdo con la situación actual, que es muy diferente a la de Zapata”.

Si la circunstancia económica general del país no mejora, añadió, ‘‘la economía del campo no tiene solución”. Ante esta realidad se le recordó que el trabajo que debe el gobierno federal es muy grande. Y respondió: ‘‘Sí, pero no hay que olvidar una cosa, si los campesinos no lo exigen, nadie les va hacer caso.

‘‘El gobierno está muy bien, pero si ellos no se mueven para exigir, no va haber gran cosa.’’

–Si los campesinos no se organizan como Zapata, ¿nada lograrán?

–Eso es; el ejemplo está vivo y es el único que funciona. 

Obsesión de los regímenes posrevolucionarios

Durante su ponencia Enrique Semo aludió a Zapata como uno de los líderes de la Revolución Mexicana, a diferencia de otros, quien no se dejó seducir por la silla presidencial (por el poder) y siempre luchó por sus ideales que consistían en tierra y libertad para los campesinos, principios que plasmó en el Plan de Ayala.

Zapata, añadió el historiador, tuvo muchas victorias durante su última etapa de vida y hasta después de fallecido, como la reforma agraria (que sufrió una contrarreforma en 1992), que en opinión de Semo, debe ser reformada y echarse a andar un nuevo programa para el campo, para que los campesinos derroten el mercado, como pasó después de que se vivieron los mejores resultados y momentos de lo que fue la reforma agraria en México en los años 50, 60 y principios de los 70 del siglo pasado.

Ricardo Pérez Montfort, también historiador, recordó que la imposición de la termoeléctrica en la comunidad de Huexca, municipio de Yecapixtla, por gobiernos anteriores y el presente, es una ‘‘obsesión de los regímenes posrevolucionarios, específicamente en este caso, del ex presidente Enrique Peña Nieto; fue una obsesión de meter un signo de modernidad en un espacio donde no correspondía; entonces claro que va a haber una resistencia de la misma manera como hay procesos de modernización, como pretendían hacerse frente al propio movimiento zapatista y desde luego vendría una resistencia”.

Destacó que como antes del comienzo de la Revolución Mexicana, ahora ‘‘las modernizaciones, las concepciones que se imponen desde otros espacios a los valores locales no consideran esas tradiciones, esos valores, esas condiciones específicas; por tanto es lógico y natural que vengan resistencias”.

Respecto de la imposición de la termoeléctrica que es parte del Proyecto Integral Morelos (que incluye aparte dos plantas, una ya construida y otra que falta, un gasoducto y un acueducto), Pérez Montfort explicó a La Jornada que eso ya generó una resistencia en Morelos y en el país.

‘‘Ya generó un movimiento social, ya hubo una resistencia bastante fuerte, nada más que el gobierno no le ha hecho caso suficiente como suele suceder. Lo que se tiene que hacer, más que presentar proyectos impositivos, desde los ámbitos gubernamentales, es considerar a las personas a las que se va a afectar directamente y ese es uno de los grandes problemas de este país, que no se considera a la población, se le ningunea cotidianamente.”

El investigador aclaró que no está en contra de la industrialización, sino de que ‘‘se imponga un modelo de desarrollo a una comunidad, una serie de comunidades y de espacios específicos, sin la consideración de esos espacios. Lo que parece dramático y me parece terrible en este país es que no se considera a los pobladores, no se considera a la gente a la que se va a afectar directamente, sólo se toma en cuenta un grupo en el poder, el que va ser beneficiado económicamente y no a la comunidad”.

El historiador Adolfo Gilly envió ponencia 

En el coloquio también participaron Paul Hart y Horacio Crespo. Adolfo Gilly, historiador y colaborador de La Jornada, no acudió pero envió por escrito su ponencia que fue leída por Felipe Ávila, director general adjunto del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Este instituto y la Secretaría de Turismo y Cultura del gobierno de Morelos organizaron el coloquio Zapata a cien años de su muerte, para ‘‘iniciar la reflexión histórica y académica de lo que fue Emiliano Zapata, de lo que significó su lucha que comenzó hace más de un siglo, de la trascendencia de esa gesta para la Revolución Mexicana, pero también una reflexión sobre el significado que hoy tienen Zapata y su movimiento”, explicó.

En ese coloquio, según Ávila, los académicos de más alto nivel en México y en el extranjero reflexionaron ‘‘sobre la vigencia de los postulados, principios, lucha yexperiencia que nos dejó Zapata”, de quien mañana se cumplen cien años de que fue asesinado en la hacienda de Chinameca, Morelos.

Últimas noticias