Amilcingo despide con flores, lágrimas e indignación a Samir Flores

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Amilcingo, Morelos. Un cortejo popular inundó las calles de Amilcingo. Todo el pueblo despidió a Samir Flores con música, flores y lágrimas, incluso sus contrincantes lo lloraron. “Samir moriste, pero nunca te vendiste”; “Si Zapata Viviera, con nosotros estuviera”, “Samir no murió, el gobierno lo mató”, fueron algunos de los gritos seguidos de aplausos y vivas, además de las consignas de rechazo a la termoeléctrica de Huexca (¡Agua sí, Termo no!) contra la cual Samir encabezó la lucha no sólo en esta comunidad, sino prácticamente en todo el Oriente de Morelos. “De Norte a Sur, de Este a Oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste”, corearon camino al panteón comunitario.

En el pueblo no se admitió la declaración del fiscal de Morelos que vinculó con el asesinato al crimen organizado. “Su lucha contra la termoeléctrica y el gasoducto de Huexca es el fondo de todo”, reitera Samantha César, del Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, organización a la que pertenecía también Samir.

Integrantes del Congreso Nacional Indigena (CNI), organización de la que Flores Soberanes era delegado, se presentaron ante el féretro. Aquí estuvo Marichuy, la vocera del CIG que intentó ser la primera mujer indígena en convertirse en candidata presidencial y que tuvo justo en esta comunidad uno de sus actos más numeroso y organizado. Ignacio del Valle y los infaltables ejidatarios de San Salvador Atenco también se presentaron, al igual que los opositores al Plan Integral Morelos de otras entidades.

A las cuatro de la tarde del jueves inició la misa de cuerpo presente. El sacerdote invitó a “la reconciliación entre hermanos”, a pesar, dijo, “de lo que acaba de ocurrir en esta comunidad”, o precisamente por eso.

Los niños y niñas de la escuela primaria Del Centro, en conflicto desde hace 16 meses, llevaban flores y carteles con la cara de Samir, quien era parte del Comité de Padres de Familia de la escuela que defienden del grupo de choque que se ha constituido en la comunidad y es liderado por Humberto Sandoval, líder de la Central Campesina Cardenista en Morelos, como lo denunciaron en un comunicado.

Inició el cortejo fúnebre y cuadras más adelante hizo una simbólica parada en Radio Amiltzinko. Ahí los gritos de protesta fueron más fuertes. Se reclamó directamente al gobierno federal la imposición de una consulta el próximo fin de semana para echar a andar la termoeléctrica de Huexca, a la que el pueblo de opone.

“Samir no murió, el gobierna lo mató”, insisten, mientras en la emisora se escucha la canción de Las Golondrinas y las palabras de Samir durante su última transmisión. “Aquí estamos los radicales de izquierda, los conservadores, como nos dice López Obrador”, grita uno de los hombres que encabeza el cortejo.

En la tarde llegó a cantarle “La Poderosa”, la banda del pueblo, supliendo las canciones rancheras que se escucharon todo el día, pues eran sus preferidas, no en balde tenía un programa de radio de las 6:00 a las 7:30 de la mañana (a donde se disponía a salir cuando lo asesinaron), llamado Amanecer Ranchero. Por las tardes, Samir regresaba a la estación comunitaria que él fundó junto a sus compañeros en 2013, y en punto de las tres daba las noticias en un estilo muy propio.

Hoy Radio Amiltzinko está de luto. A las seis de la mañana no llegó Samir, y en su lugar hubo un homenaje a su palabra. Pusieron emisiones anteriores de él, entrevistas y discursos. También llegaron pobladores y gente de organizaciones de Morelos a dedicarle unas palabras. Saludos, música, consignas, visitas, flores y velas, de todo hubo hoy en la sencilla radio creada para fortalecer su proceso de autonomía.

“A Samir no lo enterramos, lo multiplicamos”, pintaron en una pancarta grupos que llegaron de Tepoztlán, donde siguen luchando contra la imposición de una carretera. También se presentaron organizaciones de la Ciudad de México, Guerrero y Oaxaca. Y Cristina e Hilda, dos de las madres de los 43 de Ayotzinapa estuvieron en el velorio.

Sentado en una esquina, un señor se quita el sombrero y se seca las lágrimas cuando la banda entona “Si vieras yo como te recuerdo, le pido a Dios que vuelvas”. Los familiares permanecen a un lado del ataúd. Sus cuatro hijos, tres niñas y un niño de tres años, su esposa, sus padres y hermanos no se separan hasta que lo siembran en el panteón comunitario de Amilcingo, cuya tumba queda tapizada de flores.

 

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