Exigen inversión para garantizar la educación superior gratuita

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Ciudad de México. Para garantizar la educación superior gratuita “es necesario invertir, se necesita coherencia” del gobierno federal, reclamó el investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM Imanol Ordorika.

Al exponer en la tercera ronda del parlamento abierto en torno a la propuesta de reforma educativa, adujo: “no es posible que la Secretaría de Hacienda plantee un proyecto de nación que no corresponde con el proyecto de nación del gobierno entero. No puede ser que esta Cámara de Diputados y la de Senadores voten por gratuidad y obligatoriedad, y nos corten los presupuestos como quisieron hacer, vengan de donde vengan, si son del ITAM y ahora son del Colmex -me tiene sin cuidado- son los mismos argumentos neoliberales.”

El especialista en educación superior alertó que en la propuesta presidencial persiste el concepto de excelencia, mismo que marcó la naturaleza de la reforma de Enrique Peña Nieto: “Excelencia es una palabra que sustituye el proceso educativo por el proceso evaluativo, es una palabra que incluye los mecanismos del mercado en la educación.

El pacto por México fue mayoría, el pacto por México ahora es minoría, y sigue siendo pacto por México, y disfrazados los mismos partidos, ahora supuestamente como escribanos especialistas, dos de ellos se presentaron en esta tribuna ayer.

Sin autocrítica de por medio nos presentan nuevas iniciativas para la discusión política en las cuales se quitan muchos elementos del proyecto anterior, pero se mantienen algunos que son cruciales y con los que hay que tener cuidado y los que hay que eliminar.”

En el salón verde del palacio legislativo de San Lázaro, reprochó el proceder de Gilberto Guevara Niebla. “También hemos visto a intensos voceros y defensores de la reforma de Peña Nieto, ahora trastocados en acérrimos críticos que llegan hasta la Subsecretaría de Educación Básica para echar abajo lo que ellos mismos construyeron, ¡ahí están!”

Ordorika había escuchado al subsecretario de Educación Superior, Luciano Concheiro, quien había aceptado antes el error en la iniciativa del Ejecutivo, al no contemplar la autonomía universitaria.

Autonomía, qué bueno que dicen que fue un error, espero que haya sido un error mecanográfico y no un error político. Los errores son muy complejos, la autonomía se tiene que reestablecer, pero tiene que ser entendida como un derecho de las universidades y de los universitarios para no utilizar coartadas que nos permitan evadir los principios básicos y las leyes fundamentales de nuestro país.”

En torno a la gratuidad de la universidad pública y la obligatoriedad de esa educación, reprochó que algunos rectores de universidades públicas dicen que, por ser autónomos, no tienen por qué ser obligatorios, “y por eso voy a entregar un documento escrito se diga con toda claridad, que ‘el Estado Mexicano imparte educación superior, y esta incluye las instituciones a las que la ley otorga autonomía y están obligadas a ser gratuitas y a participar en un proyecto de educación obligatoria’.”

El profesor universitario documentó por escrito –y con amplitud- la realidad de las instituciones de educación superior. Y en el caso de la gratuidad hacen falta 13 o 14 mil millones de pesos al año. “Urzúa, se los estamos exigiendo desde esta tribuna”, alzó la voz.

Y en el caso de la obligatoriedad “significa que el Estado se obliga a sí mismo a dar educación a los ciudadanos que quieran estudiar educación superior tras haber cumplido el ciclo anterior, y eso también cuesta. Para pasar del 38 por ciento al 50 por ciento en el fin del sexenio, necesitamos entre 7 y 10 mil millones de pesos al año para meter 170 mil estudiantes más al año, es una labor titánica.”

En el caso del concepto excelencia, reprochó y mantuvo la atención de los asistentes al encuentro: “nos vienen a llamar ahora con la excelencia. En 1986-1987 nos fuimos a la huelga en la UNAM contra la excelencia. La SEP y el rector Jorge Carpizo trajeron la excelencia, la sacaron del sistema productivo de la Toyota, se llama Total Quality Management, es un término vinculado a la productividad, a la medición, a la producción, no tiene cabida en la educación. Excelencia es una palabra que sustituye el proceso educativo por el proceso evaluativo, es una palabra que incluye los mecanismos del mercado en la educación.

No puede ser que el proyecto educativo de un gobierno que se reclama como popular quiera ponerle al artículo tercero de la Constitución la palabra excelencia, ni siquiera la de calidad, me sumo a lo que dijo ayer el doctor Manuel Gil Antón, una de las voces más lúcidas y críticas contra la reforma educativa que ha tenido este país: ni excelencia ni calidad, no hacen falta en el artículo tercero.”

Hemos visto rectores conservadores, y hemos oído a la educación superior privada: hay muchos ingenieros, abogados y médicos. ‘Que no deberían de planificar esto, porque si se nos va a llenar de gentuza que se va a poner a estudiar medicina y derecho. ¡Regulen eso!’ ¡Nos dijeron eso!, aquí está el representante de la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES).

No puede ser, porque bajo ese discurso siempre está escondido un argumento de clase: los hijos de los ricos escogen siempre lo que quieren estudiar, los hijos de los pobres que se regulen por la necesidad del mercado esto es inaceptable”.

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