EU y Rusia suspenden su adhesión al tratado nuclear INF

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Moscú. El camino hacia atrás –de la destrucción concertada de toda una clase de misiles nucleares a una nueva e impredecible espiral armamentista– comenzó este sábado, día que Estados Unidos y Rusia suspendieron su adhesión al Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), penúltimo requisito para concretar dentro de seis meses el acta de defunción de este crucial pacto de desarme nuclear.

Es el segundo golpe demoledor al desarme, tras la decisión de Estados Unidos de abandonar, en 2002, el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (conocido por sus siglas en inglés, ABM).

Rusia, como no podía ser de otra manera, rechazó este sábado el ultimátum de Estados Unidos, mientras las acusaciones recíprocas de supuestas, y en ocasiones reales, violaciones del tratado quedan como telón de fondo para la puesta en escena de las poderosas corporaciones que en ambos países requieren de amenazas reales, y en ocasiones inventadas, para promover su efectiva producción de armamento.

Daremos una respuesta simétrica. Nuestros socios estadunidenses anunciaron que suspenden su participación en el tratado (INF); en ese caso, nosotros, también”, dio a conocer el presidente Vladimir Putin en un fragmento televisado de su reunión con Serguei Shoigu, ministro de Defensa, y Serguei Lavrov, ministro de Relaciones Exteriores.

Hay todavía medio año para tratar de llegar a un acuerdo, pero el encuentro del jueves anterior de los encargados de negociar el espinoso tema no dio resultados. Ahora, con argumentos más convincentes, tendrán que sumarse a la polémica los principales afectados, los dirigentes europeos cuyos países podrían convertirse en blanco de los misiles rusos.

Por ahora, en estos seis meses, mientras Estados Unidos no haga lo propio, Rusia no va a desplegar una modificación de misiles nucleares Kalibr (Calibre) de alcance intermedio y emplazamiento marítimo, aunque sí va a habilitar las necesarias rampas de lanzamiento terrestre.

Al mismo tiempo, la economía rusa dista de ser la economía soviética de los años sesenta del siglo pasado, cuando con un crecimiento anual de entre 10 y 15 por ciento podía permitirse el lujo de instalar cerca de 200 rampas de lanzamiento terrestre de misiles nucleares.

Estados Unidos tampoco tiene necesidad de derrochar el dinero para colocar misiles de alcance intermedio en Rumania o Polonia, por mencionar dos países que se comenta en la prensa europea podrían albergarlos, aunque –pensando más bien en China– quizás le gustaría instalarlos en Japón o Corea del Sur, hasta ahora no restringidos por ningún pacto de desarme de los negociados en los tiempos de la Guerra Fría.

Si en agosto siguiente las cosas permanecen igual, aseguran los expertos, toda la atención se centrará en el futuro del último tratado de contención nuclear entre Rusia y Estados Unidos, el START-III, cuya vigencia vence en 2021 y limita el número de vectores y ojivas nucleares.

Hasta ahora, Estados Unidos no muestra ninguna intención de prorrogarlo y, de ser así, se desatará una carrera armamentista en que lo único inevitable es que el mundo será menos seguro y el riesgo de una hecatombe nuclear, cada vez más probable.

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