Amaga Trump con declarar la "emergencia nacional"

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Viernes 11 de enero de 2019. Nueva York. Donald Trump, de visita en la frontera para atestiguar una crisis inexistente, reiteró que está contemplando declarar una emergencia nacional en la cual podría utilizar recursos militares para avanzar con la construcción de su muro fronterizo, a pesar de que esto indudablemente provocaría una magna disputa ante tribunales y alimentaría aún más el deterioro inédito de las relaciones de la Casa Blanca con los mandos castrenses.

El presidente viajó a McAllen, Texas, para continuar con su insistencia de obligar a los demócratas a financiar su muro, o lo que ahora a veces le da por llamar una barrera, a cambio de poner fin al cierre parcial del gobierno federal que entró en su día 20, hasta ahora el segundo más extenso de la historia.

Este jueves repitió que si no se logra resolver la disputa: “tengo el derecho absoluto de declarar una emergencia nacional... probablemente lo haré, casi diría definitivamente… tenemos suficientes fondos y sí hay una emergencia nacional”.

También modificó otra vez su afirmación de quién pagará por el muro. “Cuando digo que México pagará por el muro, eso significa que ‘México va a pagar’. No dije que me van a extender un cheque por 20 mil millones o 10 mil millones. Nadie va a extender un cheque. Dije que pagarán por el muro”, e hizo referencia a que será un pago indirecto a través de los beneficios que se obtendrán por el nuevo acuerdo comercial de América del Norte.

Prominentes expertos legales debaten si el presidente tiene el derecho de proclamar tal emergencia y pronostican que, si lo hace, detonará una feroz disputa judicial, sobre todo en torno al uso de militares para operaciones de seguridad pública dentro del país.

 

¿Fuego amigo?

A la vez, eso podría tensar aún más las ya de por sí deterioradas relaciones entre Trump y los militares, como resultado de su guerra contra algunas de las figuras más destacadas de las fuerzas armadas durante los meses recientes.

Esto se manifestó al más alto nivel recientemente, cuando el secretario de Defensa, general James Mattis, renunció a finales de diciembre en protesta por el anuncio del presidente sobre el retiro de las tropas estadunidenses de Siria (aparentemente sin avisarle a su secretario), denunciando en una carta pública que su jefe no trataba con respeto a los aliados y por su falta de claridad respecto de actores malignos y competidores estratégicos.

Trump enfureció y, como es su costumbre, insultó a Mattis al afirmar que lo había despedido, recordando que su antecesor hizo lo mismo con este general, y cuestionando sus logros como secretario. ¿Qué ha hecho para mí? ¿Cómo se ha desempeñado en Afganistán? No muy bien, declaró en una reunión de gabinete a principios de este año.

Mattis, junto con el ex general de marines John Kelly (el general de más antigüedad en las filas militares con 46 años de servicio), quien hasta finales de diciembre fue jefe de gabinete y antes fue secretario de Seguridad Interior de Trump, eran considerados los adultos dentro del gobierno. Kelly, en una entrevista de salida con el diario Los Angeles Times, no criticó explícitamente a su ex jefe, pero expresó que desea que su tiempo con el magnate sea evaluado no por sus logros, sino por lo que el presidente no hizo durante su estancia con él, y hasta insinuó que había evitado posibles violaciones a la ley de su jefe.

No son los únicos de lo que antes Trump llamaba mis generales. El general H.R. McMaster duró un año como asesor de Seguridad Nacional y al salir expresó su frustración con la política débil contra Rusia.

Sólo este mes, después de que el general retirado Stanley McChyrstal, quien fue comandante de las fuerzas estadunidenses en Afganistán durante la presidencia de Barack Obama y de las fuerzas especiales en Irak, comentó en una entrevista que Trump no dice la verdad y que era inmoral. Agregó en otra entrevista y en un artículo que existe una crisis de liderazgo en el país y que la renuncia de Mattis era muestra de la descomposición del gobierno de Trump.

El presidente casi de inmediato tuiteó: el “‘general’ (colocando comillas a la palabra como para cuestionar su cargo) McChrystal fue despedido como un perro por Obama. Su última tarea fue un desastre. (Es) Conocido por su boca grande y tonta. Admirador de Hillary”.

El año pasado, el almirante retirado William McRaven, el famoso comandante de las Fuerzas Especiales que supervisó el operativo de los SEAL que asesinó a Osama Bin Laden en Paquistán, en 2011, provocó la ira presidencial con una carta abierta publicada en el Washington Post en agosto de 2018, denunciando a Trump porque con sus acciones, nos ha avergonzado a los ojos de nuestros hijos, nos ha humillado en el escenario mundial y, aún peor, nos ha dividido como nación. Si usted piensa por un minuto que sus tácticas de la era de McCarthy suprimirán las voces críticas, usted está tristemente equivocado. Por otro lado, calificó el ataque del gobernante contra los medios informativos como la mayor amenaza a la democracia que he visto a lo largo de mi vida.

Trump reviró: ¿No hubiera sido bueno si hubiéramos agarrado a Osama Bin Laden mucho más pronto? y lo acusó de ser un simpatizante de Hillary Clinton y de Barack Obama.

Todos estos militares están entre los generales y almirantes más destacados y reconocidos de estos tiempos, señalan expertos asombrados por la retórica ofensiva del presidente.

En la reunión de gabinete donde se burló de Mattis, el jefe de la Casa Blanca afirmó: Creo que yo hubiera sido un buen general pero ¿quién sabe?

Otro destacado general retirado, Barry McCaffrey, quien además fue zar antinarcóticos, tuiteó que la afirmación de Trump de que podría haber sido un mejor general que Mattis provocó que mi esposa llorara. Vergonzante tener a un presidente de Estados Unidos hablando así. Un hombre abusivo y fanfarrón.

A pesar de su fantasía como oficial de las fuerzas armadas, Trump nunca cumplió con su servicio militar; evadió, como muchos hijos de ricos, el servicio militar obligatorio que le correspondía durante la guerra de Vietnam. Obtuvo una excusa médica por espolones óseos y durante más de 50 años no se ha logrado obtener información precisa sobre cómo lo logró. A finales de diciembre, el New York Times descubrió que al parecer fue un doctor en Queens quien ofreció tal diagnóstico como un favor al padre del presidente, Fred, dueño del edificio donde rentaba su oficina.

“Ningún presidente estadunidense ha arriesgado jamás la relación civil militar (…) por menos causa o con malicia tan infantil”, escribió Tom Nichols, profesor del Colegio de Guerra Naval en la revista The Atlantic. Agregó que con ello, Trump ha tomado un camino peligroso... un legado preciado construido sobre los pilares duales de obediencia militar a civiles y respeto civil a profesionales militares ahora está en riesgo severo.

Mientras tanto, Trump continúa jugando a ser comandante en jefe, insistiendo en defender a su país con un muro en pleno siglo XXI.

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