Trump, la insistencia del muro y la guerra contra ‘sus’ generales

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Nueva York. Donald Trump, de visita en la frontera para ver una crisis inexistente, reiteró que está contemplando declarar una “emergencia nacional” bajo la cual podría emplear recursos militares para avanzar con la construcción de su muro fronterizo a pesar de que esto indudablemente provocaría una magna disputa ante tribunales y posiblemente nutrirá aún más el deterioro inédito de las relaciones de la Casa Blanca con los mandos militares.

El presidente viajó a McAllen, Texas, para continuar con su insistencia en obligar a los demócratas a financiar su muro, o lo que ahora a veces llama una “barrera”, a cambio de poner fin a la clausura parcial del gobierno federal -ahora en su día 20, la segunda más extendida de la historia.

Hoy repitió que si no se logra resolver la disputa, “tengo el derecho absoluto de declarar una emergencia nacional…. probablemente lo haré -casi diría definitivamente… tenemos suficientes fondos sí hay una emergencia nacional”.

También modificó otra vez su afirmación de que México pagará por el muro. “Cuando digo que México pagará por el muro, eso es lo que dije, ‘México va ha pagar’. No dije que me van a escribir un cheque por 20 mil millones o 10 mil millones. Nadie va a escribir un cheque. Dije que pagarán por el muro”, e hizo referencia a que será un pago “indirecto” a través de los beneficios que se obtendrán por el nuevo pacto comercial de América del Norte.

Prominentes expertos legales debaten si el presidente tiene el derecho de proclamar tal emergencia y pronostican que si lo hace, eso detonará una feroz disputa judicial sobre todo en torno al uso de militares para operaciones de seguridad pública dentro del país.

¿Fuego amigo?

A la vez, eso podría tensar aún más las relaciones deterioradas entre Trump y los militares como resultado de su guerra contra algunas de las figuras más destacadas de las fuerzas armadas durante los últimos meses.

Esto se manifestó al más alto nivel recientemente cuando su secretario de Defensa, el general James Mattis, renunció a fines de diciembre en protesta por el anuncio del presidente del retiro de tropas estadunidenses de Siria (aparentemente sin avisarle a su secretario), denunciando en una carta pública de que su jefe no “trataba con respeto a los aliados” y por su falta de claridad con respecto a “actores malignos y competidores estratégicos”.

Trump enfureció y como es su costumbre, lo insultó afirmando que en efecto había despedido a Mattis, recordando que su antecesor hizo lo mismo con ese general, y cuestionando sus logros como secretario. “¿Qué ha hecho para mi? ¿Cómo se ha desempeñado en Afganistán? No muy bien”, declaró en una reunión de su gabinete a principios de este año.

Mattis, junto con el ex general de Marines John Kelly (el general de más antigüedad en las filas militares, 46 años de servicio militar), quien fue hasta fines de diciembre jefe de gabinete y antes secretario de Seguridad Interna de Trump, eran considerados como “los adultos” dentro del gobierno. Kelly, en una entrevista de salida con el Los Angeles Times, no criticó explícitamente a su ex jefe pero expresó que desea que su tiempo con Trump sea evaluado no por sus logros, sino por lo que el presidente no hizo durante su estancia con él y hasta insinuó que había evitado posibles violaciones de ley por su jefe.

No son los únicos de los que antes Trump llamaba “mis generales”. El general H.R. McMaster duró un año como asesor de Seguridad Nacional y al salir expresó su frustración con la política débil contra Rusia.

Sólo este mes, después de que el general retirado del ejército Stanley McChyrstal, quien fue comandante de las fuerzas estadunidenses en Afganistán bajo la presidencia de Barack Obama y de las fuerzas especiales en Irak, comentó en una entrevista que Trump “no dice la verdad” y que era inmoral. Agregó en otra entrevista y en un artículo que existe “una crisis de liderazgo” en el país y que la renuncia de Mattis era muestra de la descomposición del gobierno de Trump.

El presidente casi de inmediato tuiteó que el “‘General’ [colocando comillas a la palabra como para cuestionar su cargo] McChrystal fue despedido como un perro por Obama. Su última tarea fue un desastre. [Es] Conocido por su boca grande y tonta. Amador de Hillary”.

El año pasado, el almirante retirado William McRaven, el famoso comandante de las Fuerzas Especiales quien supervisó el operativo de los SEAL que asesinó a Osama Bin Laden en Paquistán en 2011, provocó la ira presidencial con una carta abierta publicada en el Washington Post en agosto de 2018, denunciando a Trump, afirmando que “a través de sus acciones, nos ha avergonzado en los ojos de nuestros hijos, nos ha humillado en el escenario mundial y, aún peor, nos ha dividido como nación. Si usted piensa por un minuto que sus tácticas de la era de McCarthy suprimirán las voces críticas, usted esta tristemente equivocado”. Por otro lado, calificó el ataque contra los medios noticiosos de Trump como “la mayor amenaza a la democracia a lo largo de mi vida”.

Trump reviró: “¿No hubiera sido bueno si hubiéramos agarrado a Osama Bin Laden mucho más pronto?” y lo acusó de ser un “simpatizante de Hillary Clinton y de Barack Obama”.

Todos estos militares están entre los generales y almirantes más destacados y reconocidos de estos tiempos, señalan asombrados expertos por la retórica ofensiva del presidente.

Trump, en esa reunión con su gabinete donde se burló de Mattis, afirmó: “Yo creo que yo hubiera sido un buen general ¿pero quién sabe?”.

Otro destacado general retirado, Barry McCaffrey, quien además fue zar antinarcóticos, tuiteó que la afirmación por Trump de que podría haber sido un mejor general que Mattis provocó “que mi esposa llorara. Vergonzante tener a un presidente de Estados Unidos hablando así. Un hombre abusivo y fanfarrón”.

A pesar de su fantasía como oficial de las fuerzas armadas, Trump nunca cumplió con su servicio militar. Evadió, como muchos hijos de ricos, el servicio militar obligatorio que le correspondía durante la guerra de Vietnam. Obtuvo una excusa médica por “espolones óseos” y durante más de 50 años no se ha logrado obtener información precisa sobre cómo lo logró. A fines de diciembre, el New York Times descubrió que al parecer fue un doctor en Queens quien ofreció tal diagnóstico como un favor al padre del presidente, Fred, dueño del edificio donde rentaba su oficina.

“Ningún presidente estadunidense ha arriesgado jamás la relación civil militar … por menos causa o con malicia tan infantil”, escribió Tom Nichols, profesor del Colegio de Guerra Naval en la revista The Atlantic. Agregó que con ello, Trump “ha tomado un camino peligroso…. un legado preciado construido sobre los pilares duales de obediencia militar a civiles y respeto civil a profesionales militares ahora está en riesgo severo”.

Mientras tanto, Trump continúa jugando a ser comandante en jefe, insistiendo en defender a su país con un muro en pleno siglo XXI.

 

 

 

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