UdeG, rehén de directivos que privilegian opulencia sobre academia y calidad

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Guadalajara, Jal. La Universidad de Guadalajara (UdeG), una de las 16 instituciones de educación superior públicas y autónomas que firmaron un desplegado para exigir más recursos federales a ejercer en 2019, enfrenta en su interior fuertes contrastes, que van desde los altos salarios –los cuales se evitó disminuir en el presupuesto recién aprobado– hasta el control político y económico que ejerce de facto desde hace 29 años el ex rector Raúl Padilla López, quien ha privilegiado proyectos empresariales sobre la ampliación de la matrícula.

Mientras un promedio de 60 por ciento de los aspirantes a licenciatura son rechazados, o los salones de preparatorias y campus carecen de lo elemental en mobiliario o instrumentos de enseñanza, como denuncian los alumnos, los altos directivos de la UdeG viven y trabajan en la opulencia y el boato.

El rector general, los directivos de la administración central, los rectores de campus y funcionarios de primer nivel están rodeados de asistentes y edecanes, camionetas de lujo y guardaespaldas, trabajan en modernas y amplias oficinas que remodelan con frecuencia.

Rechazan bajarse salarios

Apenas el 19 de diciembre, durante la asamblea del Consejo General Universitario que aprobó un presupuesto de 13 mil 742 millones de pesos para 2019, nadie planteó ni incluyó una propuesta de reducción salarial, acorde con la austeridad que se pregona a escalas federal, estatal y en otras universidades. Mucho menos con lo que estipula la ley, de que nadie debe ganar más que el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien percibe 108 mil pesos, y el gobernador del estado, Enrique Alfaro Ramírez, recibirá, según dijo, 93 mil 739 pesos mensuales, por lo que ningún otro funcionario público en Jalisco debería ganar más.

Sin embargo, de acuerdo con el portal de transparencia de la UdeG, el rector general Miguel Ángel Navarro Navarro, gana 135 mil pesos mensuales; la rectora del Centro Universitario de la Costa Sur, Lilia Victoria Oliver Sánchez, 95 mil; el secretario general, José Alfredo Peña Ramos, 107 mil, y Carlos Beas Zárate, rector del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias, gana 95 mil pesos.

Rectores de centros ganan 90 mil pesos mensuales, entre ellos Jaime Federico Andrade Villanueva, Marco Antonio Cortés Guardado y Ricardo Xicoténcatl García Cauzor; otros se llevan al menos 85 mil pesos de percepciones, como Guillermo Arturo Gómez Mata o Héctor Raúl Solís Gadea.

Otro apartado de jugosos salarios lo integran el director del Sistema de Educación Media Superior, Javier Espinoza de los Monteros (85 mil pesos), la contralora María Asunción Torres Mercado (86 mil), el abogado general Francisco Javier Peña Razo (88 mil), el director de Finanzas, Gustavo Cárdenas Cutiño (80 mil), la coordinadora académica Sonia Reynaga Obregón (86 mil) y el coordinador de Comunicación Social, Everardo Partida (89 mil).

Burguesía dorada

Junto con esta burguesía dorada como la calificó hace 10 años el entonces gobernador panista Emilio González Márquez, y el liderazgo del cacique Raúl Padilla López como le dijo el ex rector de la UdeG, Carlos Briseño Torres, convive una realidad donde el presupuesto universitario privilegia los proyectos empresariales e inmobiliarios por sobre la función académica, de investigación y de divulgación.

El auditorio Telmex, el complejo de espectáculos más grande y mejor acondicionado de Guadalajara, construido a iniciativa de Raúl Padilla, está dedicado por completo a la farándula y es común encontrar en cartelera a bandas gruperas como El Limón o El Recodo, y cantantes como Napoleón o Timbiriche.

Padilla López ha dispuesto en los últimos 10 años miles de millones de pesos para construir teatros, centros culturales, museos o salas de concierto en la UdeG; pero la universidad carece de ensambles de música clásica, de orquestas sinfónicas como las que tienen otras instituciones importantes del país; además, su compañía de teatro es mínima, no cuenta con entidades de danza contemporánea –salvo la folclórica– o de ballet clásico.

En lo académico, la UdeG no destaca en posgrados de calidad a nivel doctorado, las patentes de sus investigadores son mínimas comparadas con la Universidad Nacional Autónoma de México o el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey; su editorial es modesta, pese a la importante Feria Internacional del Libro que organiza la propia UdeG, y sus revistas de divulgación cultural o científica son apenas leídas por quienes las escriben.

Hace una semana la UdeG anunció un proyecto inmobiliario de 700 viviendas en terrenos de la universidad en Zapopan, donde se ubica el complejo Centro Cultural Universitario. Son 173 hectáreas, según Héctor García, director de la empresa inmobiliaria de la UdeG, Uniterra, la cual pertenece al Corporativo de Empresas Universitarias y el consejo de administración lo preside Padilla López, incluye 14 empresas que van desde hoteles, el equipo de futbol Leones Negros y la FIL.

El corporativo engulle casi 600 millones de pesos anuales –alrededor de 4 por ciento del presupuesto general de la UdeG–, cuyas ganancias generadas son reinvertidas en las empresas o destinadas al pago de la deuda que existe por el multimillonario costo del auditorio Telmex.

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