Celebran centenario del pintor Ricardo Martínez en Bellas Artes

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Ciudad de México. Pocos saben, o se acuerdan, que el pintor Ricardo Martínez (CDMX, 1918-2009) ilustró la portada de la primera edición de Pedro Páramo, novela de Juan Rulfo. Un ejemplar se quedó en manos de la familia y ahora se exhibe en Ricardo Martínez, desde el interior. La exposición de 108 obras, entre dibujos, pinturas, viñetas, libros que ilustró y fotografías, será inaugurada hoy por la noche, en el Museo del Palacio de Bellas Artes (MPBA), con motivo de su centenario de nacimiento.

Montada en las salas Paul Westhein y Justino Fernández del recinto, la exhibición cuyo concepto curatorial es de Miriam Kaiser, Dabi Xavier y Aurora Avilés, de la Fundación Ricardo Martínez, pretende mostrar facetas poco conocidas y estudiadas del artista famoso por sus figuras voluminosas que hacen alusión al pasado prehispánico de México. Éstas son, por ejemplo, sus dibujos en sanguina, carboncillo y pastel. “Muchas personas no sabían que don Ricardo pintaba este tipo de obra, no obstante en la fundación tenemos catalogadas hasta el momento un poco más de 100 piezas”, expresa Avilés durante el recorrido de prensa de la exhibición. Tampoco se conocían las viñetas y el trabajo que hizo en el mundo editorial como ilustrador de libros. Hasta el momento la fundación tiene un catálogo de mil 500 obras.

La exposición se divide en cuatro núcleos. En el primero, El proceso creativo, muchas de las pinturas se acompañan del dibujo --o dibujos-- preparatorio. Es decir, se muestra la “esencia” atrás de una gran pintura. En Nuevas visiones: obra inédita y formas de trabajo “se ha colocado la obra que hemos encontrado en los últimos tres años con la finalidad de trazar un recorrido plástico por el estilo y la manera de pintar del artista”, apunta Avilés. Es obra inédita porque pertenece a colecciones particulares y en muchos de los casos fue adquirida directamente del artista.

Se trata de mostrar cómo cambió su modo de pintar desde sus inicios en los años 40 del siglo pasado, hasta la consolidación de su sello personal. Entre 1953 y 1957 la influencia de lo prehispánico empieza a ser parte fundamental en el trabajo de Martínez, hasta que alcanza el estilo característico que todos conocemos”, acota Avilés.

La curadora hace hincapié en “una particularidad de su trabajo a partir de 1957, y durante los años 60 del siglo pasado, que es la relación figura/fondo de las obras. La figura parece destacarse un poco del fondo, sin embargo al mismo tiempo se confunde con él dado su carácter difuso”.

El tercer núcleo, Pequeñas grandes obras. Viñetas y trabajo editorial, aborda otra faceta desconocida de Martínez que es “la parte gráfica que realizó en colaboración con amigos, escritores y editores”, indica la hija del homenajeado, Zarina Martínez Lacy, secretaria ejecutiva de la fundación que lleva el nombre de su padre. Aparte de la primera edición de Pedro Páramo, también se incluyen los libros Junta de sombras, de Alfonso Reyes y Epigramas americanos, de Enrique Díez-Canedo, igualmente ilustrados por el artista.

La última sección, Una mirada al circuito artístico y afectivo, comprende un pequeño dibujo a tinta sin fecha que el poeta Alí Chumacero le hizo a su amigo.

En su calidad de hija, a Zarina Martínez le tocó presenciar “una parte del proceso creativo cuando nos dejaban entrar en el estudio, sin embargo más que conocer su obra a fondo, la intuía”. Su padre era “super disciplinado, empezaba a trabajar todos los días a la misma hora, hasta que se iba la luz del día porque no le gustaba trabajar con luz artificial. Era muy sistemático, a veces tenía varios cuadros en proceso de elaboración al mismo tiempo”. No esperaba hasta que le llegara la musa.

Magdalena Zavala, coordinadora nacional de Artes Visuales el Instituto Nacional de Bellas Artes, señaló que Martínez fue un artista que marcó un cambio generacional en su momento, entonces debe ser reconocido y reinterpretado por las nuevas generaciones.

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