Parálisis en Masaya tras el ataque oficial y la ocupación

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Managua. Un día después de la batalla por Masaya, esta icónica ciudad distante 26 kilómetros de la capital ofrecía ayer un aspecto fantasmal. Los pobladores siguen en sus casas por temor a los antimotines y los paramilitares que controlan parte de la ciudad. Todos los comercios están cerrados y la gente hace milagros para allegarse alimentos y bebidas.

La presencia de los paramilitares comienza a mitad de camino: con los rostros cubiertos y armados con AK-47 y escopetas de cañón recortado vigilan la ruta a Masaya, donde a la entrada de la principal y única vía, liberada la víspera, se ubica un nutrido grupo de encapuchados que se dedican a escudriñar el interior de los vehículos.

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