Entrevista a López Obrador / Víctor Flores Olea

El miércoles 2 de mayo Andrés Manuel López Obrador tuvo otra entrevista, digamos con el grupo más distinguido de comentaristas políticos de Televisa: Joaquín López Dóriga, Denise Maerker, Carlos Loret de Mola, Raymundo Riva Palacio, Leo Zuckerman, René Delgado y, como mediador, Leopoldo Solís. 

En esta ocasión, como en todas las otras, han aparecido opiniones muy personales sobre la entrevista, generalmente contrastadas. Sí, pero me perdonarán ustedes, en este caso he encontrado un alto número de opiniones coincidentes: primero, que fue excelente el papel de López Obrador en el diálogo, sin evasivas ni de uno ni de otro lado, y con toda la fuerza y personalidad de Andrés Manuel, que en esta ocasión se vio y se escuchó altamente presidenciable. 

Sobre esto último seguramente hay opiniones diversas y contrarias a mi afirmación, pero hay también un sinúnero de coincidencias, lo cual es significativo. Pero lo importante es que ahora difícilmente los críticos (en pandilla) encontrarán objeciones específicas para devaluar a Andrés Manuel. De la entrevista salió más que airoso y con una especificación y ampliación de puntos programáticos que se hicieron particularmente visibles en esta ocasión, y que resultaba ya necesario hacerlo para poner un alto a los escépticos y precisar aspectos esenciales de su programa, que por X o Z razones no habían penetrado bastante en la conciencia de muchos ciudadanos.

AMLO afirmó que en México se han dado tres revoluciones históricas principales (Independencia, Reforma y Revolución) y que, la suya, la que se iniciará el próximo 1o de julio, será la cuarta, equivalente a las otras por su extensión y profundidad. "En esa fecha, sostuvo, se enfrentarán dos proyectos diferentes de Nación:una se propone reconstruir el tejido social desde la raíz e impulsar el crecimiento económico y social, y la democracia". El segundo simplemente se propone enriquecer más a los que ya cuentan con los mayores privilegios, en un medio social y político dominado por los interesa particulares, por la corrupción y la impunidad; en cambio el primero pretende eliminar estas lacras que han frenado a la democracia en México y que son el fundamento sobre el que ha crecido un Estado cada vez más injusto, desigual y al margen de la legalidad, del derecho. Nosotros -sostuvo Andrés Manuel-, representamos el futuro y lo nuevo, en cambio los otros cuatro candidatos representan el pasado y la distorsión y corrupción que ha invadido al país. Sí, la sociedad está ya al límite del enojo con los poderes establecidos, pero al mismo tiempo feliz de ver que el 1o de julio hay ya una propuesta reivindicatoria a la vista que se propone la regeneración profunda del país, que sería precisamente encabezada por AMLO. 

"Con relación al tema de la corrupción apuesta Andrés Manuel  a la figura del buen ejemplo y de la buena voluntad política, ya que vivimos en un régimen presidencialista y no se trata simplemente de un problema de leyes o instituciones, Es falso que se diga que el pueblo es corrupto por naturaleza y que los malos ejemplos pueden permear la entera sociedad … Es decir, el intento de AMLO será el de una voluntad política definida y decidida desde lo alto del poder ejecutivo…, que pondrá el ejemplo desde arriba permeando las instituciones y niveles de gobierno de arriba a abajo. AMLO piensa que una política concebida de esta manera es infalible y que terminará imponiéndose a todos los niveles.  

También puntualizó AMLO, a pregunta de René Delgado, si no estaba creando falsas expectativas, demasiado ambiciosas, que no pudieran sostenerse a la hora de la verdad…, a lo cual respondió Andrés Manuel que "no es así dado que en el actual escenario político del país hay una máxima exigencia de renovación, en la cual participará gran parte del pueblo, que le permitirá ubicar a México como una potencia media, dado que cuenta con un pueblo trabajador, con amplios recursos naturales y culturales y sólo le falta un buen gobierno, que éste a la altura de las circunstancias y procure la justicia y el desarrollo en todos sentidos. Tradicionalmente se ha dicho, y hoy es más verdad que nunca, que la sociedad está por arriba del gobierno, pero que ahora éste responderá con toda su capacidad, adecuadamente, para lograr los fines de la democracia, del desarrollo con igualdad y justicia. "No les fallaré, respondió Andrés Manuel, y el pueblo estará plenamente satisfecho con mi actuación. Tanto así, que enviará al congreso una iniciativa en que se establezca la revocación del mandato a mediados de mi administración". 

Han sido tres los grandes momentos de nuestra historia (Independencia, Reforma y Revolución), pero no obstante que estos han culminado con nuevas constituciones (las de 1824, 1857 y 1917), la cuarta etapa, que será una profunda transformación social, política y económica, pero sobre todo moral, y en esto sueña Lopez Obrador, significará sin duda, para el conjunto social, una tremenda novedad, un indudable shock que le hará revisar y repensar u conjunto de verdades simples que hemos tenido hasta ahora como sabidos, inamovibles. 

El cuarto "movimiento de la historia de México", para López Obrador, tendrá una profundidad indudable y nos mostrará que es posible vivir y construir una sociedad más democrática, con valores diferentes a los de los capitalistas que sólo viven para la rapacidad y la ambición. Los mexicanos nos encontraremos entonces con el hecho indudable de que somos capaces de construir una sociedad pacificada, justa y democrática. Y esto sin la violencia y muerte que también significaron los grandes movimientos del pasado.  

Andrés Manuel López Obrador tiene pues una visión de México muy distinta a la de los otros cuatro candidatos y nos hace volar la imaginación hacia una sociedad más justa y equilibrada para todos, en que cada uno esté en posibilidades de hacer realidad sus sueños, de cumplir con su vocación y destino elegido.  

El ahorro social, eliminando la delincuencia y la impunidad, será bastante para realizar las nuevas inversiones que se requieran, dirigidas sobre todo al bienestar de los jóvenes, en el sentido más amplio de la palabra.  

 

 

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