La guerra que no fué entre Kamala y AMLO — sin-fronteras
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La guerra que no fué entre Kamala y AMLO

J. Jaime Hernández

“Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera.”

Barack Obama

 

Yo sigo preguntándome si, a estas alturas, el desliz que tuvo el presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando llamó presidenta a Kamala Harris, fue algo accidental o intencionado.

Me lo pregunto por el resultado tan venturoso de este encuentro en Palacio Nacional, donde los que apostaban por un choque frontal, tuvieron que relamerse las heridas expuestas de su mal presagio.

Hasta el propio López Obrador aprovechó el tropiezo en beneficio propio:

Fue tan buena (la reunión) que le dije “Presidente”. Me camuqué, ya ven que dicen mis adversarios que ya estoy chocheando. Tal vez en eso tienen razón, no soy infalible, pero fue muy buena reunión, muy respetuosa, muy inteligente, muy amiga de México la vicepresidenta”, dijo.

A su vez, Harris comentó que su encuentro con AMLO fue muy directo y sincero:

“Él y yo pasamos una cantidad significativa de tiempo juntos, cara a cara”, dijo Harris de López Obrador, y caracterizó las conversaciones como “muy directas, sinceras”.

¿Pero, hasta qué punto fue una reunión tersa?. ¿Y hasta qué punto no hubo desencuentros?

Para ser el primer encuentro “cara a cara” entre una mujer  que es la representación misma de un halcón liberal y un mandatario que ha sido presentado por la prensa internacional como un “falso mesías” o un “populista de izquierda”, lo cierto es que existe la sensación que, como en los cines de barrio, alguien vendió un programa distinto al que observamos en Palacio Nacional.

Los que apostaban por una confrontación y hasta un jalón de orejas, se tuvieron que resignar ante la edulcorada imagen de dos líderes políticos que hicieron resonar los pasillos de Palacio Nacional con sus sonrisas arrinconadas y ademanes gentiles.

Y la respuesta, ante este desencuentro de perspectivas y realidades, es la necesidad de la administración de Joe Biden de contar con un aliado estratégico como México en su lucha por contener el éxodo migratorio que le quita el sueño y que es considerada la más formidable arma de disuasión propagandística para el partido republicano.

La falsa realidad recreada en columnas de opinión equivalió en términos pugilísticos a una pelea mal vendida. A un encontronazo lo más parecido a un baile de cortejo en Palacio Nacional.

Un cortejo que servirá a Kamala Harris para que México le ayude a lidiar con los gobiernos de Honduras y El Salvador,  a los que Washington ve como un nido de corruptos. Y una relación tersa que permitirá a AMLO sacar de la lista de organizaciones como Mexicanos contra la corrupción que se han beneficiado indebidamente del programa USAID para conspirar de forma encubierta contra su gobierno.

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KAMALA Y SU DURA ADVERTENCIA A LOS MIGRANTES  GUATEMALTECOS

 

Durante su visita a Guatemala, la vicepresidenta Kamala Harris hizo un nuevo llamado para que los migrantes de ese país dejen de ver a Estados Unidos como la tierra prometida:

“Quiero ser clara con la gente de esta región que piensa realizar el peligroso viaje a la frontera entre Estados Unidos y México: No vengan, no vengan”.

Esta declaración, que Kamala uso a manera de advertencia y amenaza, cayó como un balde de agua fría entre el ala más liberal del partido demócrata que acusó a Harris de comportarse como un halcón republicano:

“Esto es tremendamente decepcionante porque buscar asilo en cualquier frontera de los Estados Unidos es un método de llegada 100% legal.

“En segundo lugar, Estados Unidos pasó décadas contribuyendo al cambio de régimen y la desestabilización en América Latina. No podemos evitar incendiar la casa de alguien y luego culparlo por huir”, aseguró la estrella demócrata en ascenso, Alexandria Ocasio-Cortez, para dejar así en evidencia las muchas contradicciones que amenazan la unidad del partido demócrata en el espinoso tema de la inmigración.

Dicho esto, una cosa es cierta. El éxodo de migrantes guatemaltecos un relato duro de entender para quienes siguen viendo en EU la única opción a su horizonte de desesperanza.

Según un reporte de la agencia AP, más de 228.000 guatemaltecos han sido deportados desde 2015. Para muchos, “ser enviados a casa con el estigma del fracaso y deudas asombrosas que no se pueden pagar en un país donde el salario mínimo es de alrededor de $ 11 por día”. A pesar de ello, muchos siguen intentándolo. En los últimos años, los traficantes han prometido a los posibles migrantes tres intentos de cruzar con éxito la frontera de Estados Unidos, un reconocimiento de que es una gran inversión que no siempre sale bien .