Los Marcianos llegaron ya — sin-fronteras
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Los Marcianos llegaron ya

J. Jaime Hernández

Habría que decirle a Francisco Garduño, el director del Instituto Nacional de Migración (INM) y el hombre que ha llegado para sofocar la crisis migratoria que se ha instalado en México, que los “marcianos” —que él compara con los migrantes—, han llegado para quedarse y sortear los centros de confinamiento y los patrullajes de la Guardia Nacional con la esperanza de alcanzar la frontera norte.

Y, mucho nos tememos, que sus amenazas hacia esos “marcianos” —o, como el los ha llamado, “humanos de raza negra”—, caerán en saco roto si nos atenemos a las razones, motivos y desesperación que todos y cada uno de esos migrantes llevan consigo, con la esperanza de alcanzar la que sigue siendo considerada la “tierra prometida” del progreso y la libertad.

Si, a pesar de Donald Trump.

El poeta y escritor, John Berger, escribió que los migrantes de ayer y de hoy, en el momento de abandonar sus hogares, lo hacen con la convicción de no mirar hacia atrás y arriesgarlo todo:

“Despedirse es someterse a la voluntad del cielo”, dijo Berger para sintetizar en una sola frase poética la voluntad y determinación de millones de migrantes que desde hace decenios abandonan su tierra y hogar por las razones más variadas. Como una guerra, la amenaza de un genocidio, la miseria más aplastante o el simple deseo de progresar y encontrar una oportunidad para seguir creciendo académicamente o profesionalmente.

Frente a esta determinación de los “marcianos” o de los “hombres africanos” (como también los ha llamado), Francisco Garduño está convencido de que su “operación retorno” —que ha implementado con el mismo criterio y sensibilidad de un carcelero—, los migrantes que han llegado de Africa o de la India terminarán por abandonar sus deseos de migrar hacia Estados Unidos.

Nosotros francamente lo ponemos en duda.

Y conste que no lo hacemos con el único fin de contradecir al hombre que fue capaz de terminar con el centro penitenciario de las Islas Marías, esa ínsula barataria del horror, el aislamiento y la penitencia, que el gobierno de México se ha empeñado en convertir en un parque de atracciones.

Lo hacemos desde el convencimiento de que la migración desde Africa o Asia seguirá llegando a México a pesar de las amenazas y advertencias de Francisco Garduño, un hombre de carácter recio y todo terreno que es muy cercano al presidente, Andrés Manuel López Obrador, y que tiene en su historial académico y profesional numerosos títulos y diplomas en materia de leyes y Derechos Humanos.

Algo que parece ir en contrasentido de sus planes contra los “humanos de raza negra”.

Para entender la migración que nos ha llegado desde hace tiempo de Africa, habría que entender no sólo su cultura, sino los antecedentes de un éxodo que arrancó desde el proceso de descolonización de ese Continente.

A manera de ejemplo, las escenas que hemos visto durante las últimas semanas, con migrantes africanos bailando frente a los custodios del Centro Siglo XXI, en Tapachula, Chiapas, y los numerosos enfrentamientos que han tenido con efectivos de la Guardia Nacional que tienen la orden de mantearlos a raya.

Para un migrante africano, bailar es más que es un ejercicio lúdico. Es una expresión de lo que lleva por dentro, de lo que cada uno de sus miembros sienten en el momento.

Durante las últimas semanas de contención y frustración en Tapachula, ha sido fácil ver la vehemencia de quienes bailan con el corazón. Y, si uno se esfuerza para mirar un poco más profundamente, también se podrá ver un mensaje de trasfondo que todos ellos llevan consigo.

El mensaje de quienes se niegan a permanecer en el limbo y la cárcel que Francisco Garduño ha recreado en tierras chiapanecas, con la esperanza de que todos ellos desistan de sus planes de migrar hacia EU y evitar así las iras del régimen de Donald Trump.

Pero, más allá de disquisiciones culturales o humanitarias, las más recientes tendencias de la migración desde Africa hablan de un alud migratorio que ha dejado de mirar hacia Europa, haciendo de lado los ecos coloniales o el encanto de la metrópoli para los habitantes del Congo, Eritrea, Camerún, Burkina Faso o Nigeria.

En lugar de Europa, un elevado porcentaje mira ahora hacia Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudita o Australia.

“Estados Unidos se está convirtiendo en un destino cada vez más importante entre la migración extracontinental, en particular de África occidental”, asegura el más reciente reporte “African migration: trends, patterns, drivers”, de los expertos Marie-Laurence Flahaux y Hein De Haas.

Por lo tanto, y en vista de estas tendencias, México seguirá siendo un país de paso de miles de “humanos de raza negra” a los que Francisco Garduño tendrá que acostumbrarse.