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500 años del asesinato de Cuauhtémoc

Cuauhtémoc y su primo, el gobernante de Tacuba, son torturados por Hernán Cortés, de Leandro Izaguirre, 1893. Foto
Cuauhtémoc y su primo, el gobernante de Tacuba, son torturados por Hernán Cortés, de Leandro Izaguirre, 1893. Foto Museo Nacional de Arte, CDMX
11 de noviembre de 2025 00:03

Muy poco sabemos de Cuauhtémoc antes de 1519. No sabemos a ciencia cierta quién fue su madre ni dónde o en qué año nació. Lo que sí sabemos es que a la muerte de Cuitláhuac, durante la primera gran epidemia de viruela que asoló al Anáhuac, fue electo tlacahtecutli de México-Tenochtitlan. Así lo dice el Códice Ramírez: “Y eligieron los mexicanos por rey a un sobrino de Motecuzuma llamado Quauhtemoc, señor de Tlatilulco en México, sacerdote mayor de sus ritos y idolatrías y hombre de mucho valor y terrible”, quien tuvo por política que los españoles “eran insufribles y codiciosos” y que “querían más morir, que hacerse esclavos de gente tan mala como los españoles; así quedó concluido que era mejor morir.” 

Fracasados los intentos de Cuitláhuac de forjar una amplia alianza con tlaxcaltecas y purhépechas, Cuauhtémoc encabezó una resistencia en la que México se fue quedando gradualmente solo frente a una alianza contraria, iniciada en Zempoala y ampliada en Tlaxcala, que crecía conforme el resultado de la guerra iba quedando claro (así, por ejemplo, los altepemeh chinamperos de los lagos de Chalco y Xochimilco se aliaron con Cortés cuando el sitio de México parecía decidido). La neoderecha pone eso como muestra de que hubo una revolución popular contra los mexicas. Hemos demostrado que es falso, que fueron las élites políticas y económicas de los altepemeh poderosos las que se volvieron contra México, como lo habían hecho contra Azcapotzalco poco más de 90 años antes y cómo se hacía en la misma época en Europa: seis años después, la mayoría de los grandes señores italianos se aliaron con el emperador Carlos para destruir el poder temporal del Papa y el principal Estado italiano; y el saqueo e incendio de Roma, sus violaciones tumultuarias y las pestes que desató fueron comparables a lo que se hizo en Tenochtitlan en el verano de 1521. 

Sabemos de cierto que Cuauhtémoc cayó preso el 13 de agosto de 1521 y con ello, terminó la resistencia de los mexicas (si los mexicas eran antropófagos, ¿cómo es que morían de hambre los sitiados de Tlatelolco, rodeados de cadáveres de enemigos?). Sabemos que fue torturado (y sí dijo “¿acaso estoy en un lecho de rosas”?). Y es un hecho histórico irrefutable (hay en historia hechos irrefutables. Sobre su significado puede discutirse. Y hay hechos que nunca podrán ser confirmados), que Cuauhtémoc y el último tlacahtecutli de Tlacopan, Tetlepanquetzal, fueron ahorcados por órdenes de Hernán Cortés en febrero de 1525, en Acalan, en el actual estado de Campeche. La reinterpretación de fuentes pictográficas sugiere (casi seguro) que también se ordenó la ejecución del confesor de Cuauhtémoc, el franciscano fray Juan de Tecto, a quien casualmente nunca menciona Hernán Cortés en sus Cartas, ni Bernal Díaz en su Verdadera historia. Fray Jerónimo de Mendieta afirma que murió de hambre durante la expedición a Honduras, en el transcurso de la cual Cortés asesinó a Cuauhtémoc (en una lámina del Códice Vaticano, en la que es claro que Cortés dio la orden y que a su lado están ahorcados Cuauhtémoc y Tetlepanquetzal y, a su izquierda, también ahorcado, hay un hombre con el hábito de San Francisco). 

Hasta aquí los hechos. La orden de San Francisco encargó a fray Toribio de Benavente Motolinía que investigara la desaparición de fray Juan de Tecta y el “pobrecito” se trasladó al lugar de los hechos, donde confirmó la muerte de su hermano de orden pero, supuestamente, también aseguró en un documento que habría estado extraviado por siglos, que el cuerpo de Cuauhtémoc habría sido llevado a su natal Ixcateopan (lo de que sea su población natal también se discute). Motolinía se habría trasladado hasta allá y desenterrado los restos de Cuauhtémoc para darles cristiana sepultura, y ahí se quedaron durante más de cuatro siglos sin que nadie lo supiera, salvo la tradición en aquel pueblo. En 1949, la arqueóloga Eulalia Guzmán fue y desenterró restos humanos que, dijo, eran los de Cuauhtémoc. Durante el resto de ese sexenio, el alemanista en que se inventaba la teoría de la mexicanidad y la ideología priísta, se debatió ferozmente si eran o no los huesos del “joven abuelo” y las comisiones oficiales, casualmente en un sexenio al que gustaban los huesos y los héroes, dictaminaron que no. Y desde entonces, cada tanto vuelve a discutirse. 

Y a mí se me habría pasado la efeméride y habrá mantenido aquellos debates en un rincón de mi memoria, si no es porque Javier Pérez Siller y Julio Glockner nos invitaron a un grupo de amigos al Museo Regional de Cholula, aquel manicomio fundado en 1910 al pie de la gran pirámide; museo que tiene, entre otras cosas, la más bella e impactante exposición de alebrijes que he visto. 

Ahí, Javier y Julio nos mostraron su exposición temporal “Cuauhtémoc inmortal”, y con sólidos argumentos y fundamentos, con pasión y convicción, nos hicieron dudar de lo que creíamos saber sobre los huesos de Cuauhtémoc y aquel añejo debate. Además de ser incisiva, mostrar las fuentes pictográficas, la reproducción exacta del altar a la patria y la osamenta encontrada (reconstruida entre otros por Diego Rivera) fue un mágico viaje al amor y al respeto que a Cuauhtémoc le tienen millones de mexicanos que peregrinan a Ixcateopan. 

Me pregunto ¿por qué para el alemanismo eran útiles los huesos de los Niños Héroes, aunque era claro que no podrían identificarse, y no los de Cuauhtémoc? No dejes de pasar por Cholula, lectora, lector amigo, y asomarte a esa exposición temporal que se clausurará el próximo 26 de enero.

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