Ahora más que nunca hay que “disputar su figura”, concluyen especialistas
Domingo 30 de noviembre de 2025, p. 5
El Coloquio Internacional Malintzin: Mujer palabra, organizado por el gobierno federal, concluyó el viernes con una mesa en la que esa histórica mujer –conocida también como doña Marina y la Malinche– fue abordada desde una perspectiva poliédrica, si bien las cuatro participantes coincidieron en la urgencia de plantear otros discursos y fuentes de acercamiento a su figura.
En la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, la lingüista y escritora ayuuk (mixe) Yásnaya Aguilar Gil –vía remota desde Barcelona– evidenció cómo la figura de la traductora de Hernán Cortés quedó olvidada en la tradición escrita durante el periodo colonial y hasta el siglo XIX, cuando “renace de manera útil” para el relato nacionalista, presentándola como alguien que traicionó a su pueblo.
Destacó que tal narrativa ha sido apropiada por discursos de derecha y ultraderecha, y mencionó como ejemplo el musical Malinche, de Nacho Cano –actualmente en temporada en nuestro país–, cuyos productores, enfatizó, están relacionados con la ultraderecha en España y México.
Danzas y textiles
Frente a estos intentos de presentarla sólo como “una mujer enamorada” y “madre del mestizaje” de forma acrítica, subrayó la importancia de “disputar su figura” ahora más que nunca.
Aguilar se refirió a las danzas y los textiles cómo dos de los “dispositivos de memoria” mediante los cuales los pueblos y comunidades originarios la han mantenido viva y en constante interpretación a lo largo de la historia.
Resaltó, en específico, la importancia de la danzas de la Malinche o aquellas en las que es un personaje principal en los pueblos indígenas, ya que en ellas su figura contrasta con el relato nacionalista. “No se le narra en términos de traición o desprecio, ni es la villana”, dijo. Por el contrario, “interpretar su papel es considerado un honor”.
La abogada y poeta Yelitza Ruiz enfatizó que revisar la historia de Malintzin constituye “un primer acto de reparación del daño a la narrativa” que la relegó al señalamiento y la acusación de traición, y sostuvo que “nadie que esté en cautiverio puede tener la posibilidad de traicionar”.
Tras advertir cómo la misoginia y el racismo pueden sesgar los discursos y las versiones históricas, vinculó el legado de la Malinche con una deuda pendiente: el derecho a la tierra de las mujeres, revelando que en México sólo 36 por ciento de la tierra ejidal o comunal está legalmente en manos de ellas.
La académica y activista indígena-chicana Inés Hernández Ávila compartió cómo, en los años 70, la lectura de El laberinto de la soledad, y la visión que da en él Octavio Paz de la Malinche, fue un “choque tremendo” para las mujeres chicanas.
Eso detonó una “furia de respuestas” artísticas y académicas que reivindicaron a Malintzin como una mujer brillante, autónoma y con un poder de negociación único. “Por eso la aceptamos, nos inspiramos en ella y la defendemos, porque haciéndolo defendemos a las mujeres”.
Nadia López García, poeta ñuu savi (mixteca) y coordinadora de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, resaltó que “hay muchas narrativas sobre Malintzin, pero no de ella”, por lo que consideró que una tarea fundamental para las mujeres indígenas hoy es narrarse a sí mismas.











