Sábado 29 de noviembre de 2025, p. 3
En una acción de desagravio y de abierta reivindicación histórica, Malintzin, también conocida como doña Marina o la Malinche, volvió a recorrer ayer las calles del Centro Histórico.
La mujer que hace más de 500 años fungió de intérprete de Hernán Cortés, y cuya figura quedó sepultada bajo el estigma de la traición, resurgió, como ocurrió también el jueves, en una procesión lúdica que buscó, con micrófono en mano, derruir las mentiras de una narrativa racista y sexista.
“Hoy vuelve a caminar por estos suelos para contar su verdad. ¡Viva la Malinche! ¡Qué traidora ni qué la chingada!”, exclamaba la actriz Aketzaly Verástegui, quien personificaba a Malintzin.
La comitiva, emprendida como parte de las actividades públicas del coloquio internacional Malintzin: Mujer palabra, partió del Zócalo a las 15 horas con una efigie monumental de ese histórico personaje femenino, una mojiganga, hacia el Palacio de Bellas Artes.
El recorrido por la multitudinaria calle Madero se convirtió en un foro público espontáneo. La actriz, acompañada por un grupo de unas 20 mujeres y algunos varones, interpelaba a los transeúntes: “¿Usted conoce a Malintzin? ¿Qué sabe de su vida? ¿La considera una traidora?”
Las respuestas, escasas y contrastantes, evidenciaron cierta persistencia de la narrativa histórica tradicional. “Pues fue la mujer que nos traicionó, ¿no?”, respondió una mujer. Otros aceptaban un conocimiento vago, limitado a lo aprendido en la escuela.
En entrevista, Margarita Cossich, coordinadora del proyecto Mujeres del Maíz y organizadora de la actividad, explicó el objetivo central de esta intervención pública: “Busca cuestionarnos por qué seguimos hablando de ella como traidora, si ya estamos en el siglo XXI y ya sabemos que eso no es cierto”.
La actividad, de carácter lúdico, sirvió también para medir la percepción social de esa histórica mujer. Cossich comentó que, en la citada mojiganga, se instaló un buzón para recoger las impresiones de la gente por escrito.
“El jueves hubo como 200 participaciones. Había unos que decían: ‘sí es una traidora’, y había quienes se preguntaban: ‘¿por qué seguimos llamándola así, si ya sabemos que no lo fue?’”
La diversidad de respuestas, e incluso las dudas sobre detalles de su vida personal, reflejan, según la antropóloga, un interés genuino por conocer su verdadera historia.
El mensaje que resonó a lo largo del recorrido recordó a Malintzin no como víctima o traidora, sino como “una mujer extraordinaria” de 14 años que dominaba al menos cinco idiomas: náhuatl, oluteco, chontal, maya yucateco y español.
“No fue traidora, sino una mujer extraordinaria”, se afirmaba durante la procesión. Las voces que en el devenir del tiempo la han calificado de “hija de la chingada” fueron rechazadas y remplazadas por las de una “mujer poderosa” y “chingona”.
Juan, de 40 años, resumió el parecer de varias de los opinantes: “No se puede traicionar a alguien o algo con quien no se tiene compromiso. Es una mujer determinante para la historia de México”.
Tras hora y media, la procesión concluyó en la explanada del Palacio de Bellas Artes entre vivas a la Malinche, así como a los pueblos, las lenguas y las mujeres indígenas.











