Opinión
Ver día anteriorMiércoles 8 de mayo de 2024Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Isocronías

Guadalajara de tarde

V

ine a Guadalajara porque me dijeron que acá debía presentar mi libro De la creación, en cierto modo un homenaje al hurto, una –si azarosa en el orden no en la temática (estética, poética, arte, escritura, poesía)– compilación de pensamientos de muy diversos autores acerca de los procesos creativos.

Las citas provienen de una página que durante dos o tres años cultivé en Internet, Posibilidades de la creación, en la cual a más de textos recogíamos, no mucho, imágenes visuales y música, que el libro prefirió dejar fuera.

Hay en él viñetas mías cuyos originales, del tamaño que fuesen (y eso es bueno, no todos los dibujos aportan) quedaron reducidos a, precisamente, viñetas como, salvada toda distancia, las de La feria, de Arreola (el libro se editó en Zapotlán o Ciudad Guzmán, donde el histrión, en efecto lo era, y escritor nació).

Publica el volumen, menos escueto de lo que esperaba, la editorial Cartonera Ateneo Tzapotlatena, más artesanal que cartonera, que ha lanzado un sorprendente número de títulos (ya le dedicaremos su propio espacio) y fundó y timonea Carlos Axel Flores Valdovinos, compositor de canciones e investigador literario clavado con Arturo Rivas Sáinz, maestro mío en la entonces Facultad de Filosofía y Letras de la UdeG. Me regaló Carlos Axel el primer volumen de una trilogía sobre el director de Summa, una de las dos revistas jaliscienses importantes de los 60 y 70 (la otra, Et Caetera, a cargo de don Adalberto Navarro Sánchez).

Estudioso de las publicaciones jóvenes de esos tiempos y asimismo de la revista de Navarro Sánchez (y su esposa, María Luisa Hidalgo) es Pedro Valderrama, quien el domingo introdujo al respetable (4 de la tarde, un calorón, pero allí estaban) en el clima de la época. El editor habló de los talleres, antes tertulias, y del libro –en el fondo un taller para no-talleristas–.

Yo (de antemano lo discutimos en muy mínimo comité) quise poner en práctica el taller que el libro pretende ser, y le pedí a Yahir Durán, tallerista de cerca y lejos, que cantara –la idea: más mostrar el taller en vivo, en cuerpo y alma, que en teoría(s)–. Cantó, cantamos, y la mera verdad mal no nos fue.

Vendió el editor todos los libros que llevaba, y en lo que a mí respecta entre los que regalé y mi hermana me ayudó a vender casi acabo con la caja que generosamente Valdovinos trajo desde su ciudad natal hasta la alguna vez llamada Perla Tapatía.