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Isocronías

Potro sobre el que cabalgo

E

sta no es una confesión, es un orgullo: el origen de que medio sea poeta está en la canción popular mexicana. La radiofónica de mis tiempos infantiles, con la música de cantinas, que oía de lejos; dicho en bruto: la ranchera, aquélla. No sé si me maravillaban, asombraban o sólo me llamaban la atención tales canciones, relatos, textos (lo seguro es que un niño no recurriría a esos términos).

La métrica pues nunca se me dificultó. Estaba en mi sangre, en mi oído, en mi palabra, lo que me enseñaron ciertas, muchísimas canciones. De ellas proviene mi voz. Y si acaso algo de poesía hay en ésta a la música popular, al menos inicialmente, lo debo.

En la adolescencia (empecé tarde) vendrían los poetas más a la mano: Nervo, Darío, Acuña, Bécquer y Cervantes. Sor Juana –sí, por deber escolar, pero sor Juana, inalcanzable–. Uno mitifica un poco a sus poetas preferidos: Cavafis, Rilke, san Juan de la Cruz, santa Teresa, Dickinson, Bishop, Alfonso Cortés, Olga Orozco, Nezahualcóyotl (el etcétera es largo). Quiero decir con esto que a lo mejor ni los he leído bien, que uno también, como lector, se mitifica. El caso es que les debo mucho.

¡Y a los filósofos! O más en general a los pensadores, donde lo mismo cabe Van Gogh con sus cartas que Alberto Durero con sus lecciones de geometría. Y otra vez mucho, alegría y dolor (no lo explicaré), a mis talleristas o alumnos, sino directamente sí en el taller, y fuera del taller a su siempre joven (la edad no importa) cercanía.

Aquí una digresión (toda esta entrega lo es): la poesía, palabra verdadera, puede aprenderse de un alacrán o de un colibrí, de una tarántula, una oruga o un petirrojo. La poesía es una manera de decir la verdad de manera digna, hermosa, simbólica. O si se quiere: de no mentir. Y cómo parece que les gusta mentir (¿engañarse?) a los poetas.

Terminemos: Aristóteles, creo recordar, dijo que el de la poesía era un lenguaje raro; pero lo raro, sin pretender corregir a los clásicos, es que haya lenguaje; y la poesía se encarga de hacerlo patente: la poesía es esencia de lenguaje.

¿Y la canción? Una de sus apariencias, o apariciones. Entrevisté a Arcadio Hidalgo, impresionante y franco señor, ya fallecido, quien escribió o cantó: Yo me llamo Arcadio Hidalgo, / soy de nación campesino; / por eso es mi canto fino / potro sobre el que cabalgo. Qué fino encabalgamiento.