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Sentencian a padres de adolescente que asesinó a 4 jóvenes en Michigan
 
Periódico La Jornada
Miércoles 10 de abril de 2024, p. 28

Longmont y Chicago. La madre y el padre de un adolescente de Michigan que disparó y mató a cuatro compañeros de clase fueron condenados ayer a penas de entre 10 y 15 años de prisión cada uno, luego de que un jurado los declaró culpables de homicidio involuntario, en un caso poco frecuente en el cual se responsabiliza a los padres de un tiroteo en una escuela.

Jennifer y James Crumbley, los padres de Ethan, fueron sentenciados después de que varios padres de las víctimas hicieron emotivas declaraciones en una sala del tribunal del condado de Oakland, en Pontiac, Michigan.

No sólo su hijo mató a mi hija, ustedes dos también lo hicieron, dijo ante el tribunal Nicole Beausoleil, madre de Madisyn Baldwin, de 17 años. James Crumbley permanecía impasible mientras su esposa agachaba la cabeza.

Su hijo tenía 15 años cuando perpetró el tiroteo en el instituto de Oxford, en 2021, en el cual murieron cuatro estudiantes, mientras seis y un profesor resultaron heridos. Ethan se declaró culpable al año siguiente de cuatro cargos de asesinato en primer grado y fue condenado a cadena perpetua sin libertad condicional.

Antes de la sentencia, Jennifer Crumbley, de 46 años, expresó su más profundo dolor y aseveró que no sospechaba que su hijo fuera capaz de matar.

“Mi marido y yo solíamos decir que teníamos el hijo perfecto. Yo lo creía de verdad. No tenía ninguna razón para hacer algo diferente.

Estaré en mi propia cárcel interna el resto de mi vida, señaló, nombrando varias veces a las víctimas de su hijo. Si hay algo que el público en general puede sacar de esto, es que también te puede pasar a ti.

Dirigiéndose al tribunal, su marido, James, de 47 años, expresó: lamento su pérdida como consecuencia de lo que hizo mi hijo. Mi corazón se vuelca con cada uno de ustedes.

Al dictar las sentencias, la juez Cheryl Matthews aclaró que las condenas no se debían a una mala crianza de los hijos. Aseguró que James Crumbley era responsable del acceso sin restricciones del adolescente al arma homicida y que Jennifer Crumbley glorificaba las armas.

Los fiscales que llevaron el caso argumentaron que los padres fueron penalmente negligentes por dar a su hijo una pistola semiautomática de 9 milímetros como regalo de Navidad y por ignorar los indicios de que su salud mental se había deteriorado y de que era potencialmente violento.