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Sed en Oaxaca
C

omenzó el jueves pasado una primavera que es verano y será más calurosa que las anteriores. Ello traerá problemas muy graves en México, pues hay un déficit de abastecimiento de agua en el campo y las poblaciones por la pésima administración del recurso, la falta de lluvias para recargar embalses y acuíferos, y la sequía que afecta a la mayor parte del país.

La ciudad de Oaxaca es un gran atractivo turístico por su patrimonio arquitectónico, gastronómico, artesanal y cultural, por la gentileza de sus habitantes. Sin embargo, tiene desde hace años un grave problema: la carencia de agua. El año pasado reseñé aquí cómo en algunas colonias pasaban más de un mes sin que el líquido llegara a los hogares. Se surtían a un elevado costo por medio de pipas y garrafones. Ese gasto afecta la economía familiar y crea problemas de insalubridad. Hace unos días hubo protestas por la falta del preciado elemento, cuya ausencia se agravará por las altas temperaturas.

La crisis del agua en Oaxaca tiene causas muy claras expuestas por las organizaciones sociales y los pintores y mecenas Rodolfo Morales y Francisco Toledo. Con datos precisos y propuestas de solución viables, anotaron que un origen es la deforestación de extensas áreas que rodean a la ciudad capital y localidades vecinas, donde están las cuencas y microcuencas hidrográficas. Eran fábricas naturales de agua y oxígeno, captaban contaminantes y regulaban el clima. Agrego la obra pública que, con nuevas vías de comunicación, abrió asentamientos humanos en áreas agrícolas.

Sumo la contaminación de ríos y arroyos por los desechos urbanos y de negocios variados, lo que prohíbe la legislación; y la carencia de plantas de tratamiento de las aguas residuales. Así, el recurso que debía servir para abastecer las poblaciones y recargar los acuíferos, está en pésimo estado. El problema lo prometieron resolver los gobernantes locales desde fines del siglo pasado. No lo hicieron.

Y si en la turística ciudad el problema es grave, lo es más en las comunidades rurales, la mayoría de ellas indígenas, que han visto devastar sus bosques, contaminar sus fuentes de agua por las compañías mineras y la invasión de ganaderos de Chiapas a la Reserva Natural de los Chimalapas. Los incendios y plagas forestales, el cambio de uso de suelo y el clandestinaje, se agregan a la alarmante deforestación en la entidad más biodiversa de México.

Se pierden así los esfuerzos realizados para resarcir los daños vía la reforestación. Un ejemplo notable es el que desde 1987 encabeza el ingeniero Félix Piñeiro. Él inició en 2006 un espléndido programa de transferencia de tecnología forestal para la producción masiva de plantas y apoyar con ellas la reforestación. Participaban los gobiernos federal, estatal y municipal, la sociedad civil, el gobierno de Suecia y las comunidades agrarias, poseedoras de este gran patrimonio natural.

Con dichas comunidades se instaló una red de 47 modernos viveros para producir plantas de especies adecuadas a cada ecosistema. Su fuente alimentadora: un banco de germoplasma. Bajo la dirección de Piñeiro se produjeron 70 millones de árboles y el programa funcionó exitosamente cuando tuvo los apoyos financieros y logísticos requeridos de las instancias oficiales. Al secarse éstos, la Fundación Harp Helú le dio temporalmente continuidad. Pero con los cambios del gobierno estatal, menguó la producción masiva de árboles para reforestar las áreas más afectadas, y se redujeron presupuestos y programas al sector ambiental y forestal.

Hoy se hacen esfuerzos para rescatar el programa. Pero no son suficientes ante la crítica situación generada por la falta de lluvias, el calor intenso, la sequía, la deforestación en las cuencas hidrográficas. El resultado: menos agua.

Ante la crisis, urgen recursos monetarios y técnicos suficientes del sector público para establecer programas ambientales y forestales en los que participen activamente las comunidades agrarias. La respuesta oficial: el responsable de los servicios de agua en la entidad mandó celebrar en las oficinas de su dependencia una misa arzobispal a la cual asistió la esposa del gobernador. Una burla a la laicidad del estado en la tierra natal de don Benito Juárez y a los sedientos habitantes de Oaxaca.