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La idea de transferir la conciencia a un ente informático es ciencia ficción, y no de la buena

En entrevista, Luis Alberto Pineda Cortés, de la UNAM, se refirió a la inmortalidad cibernética

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▲ Sabemos que una máquina es mecánica, autómata y no tiene conciencia, dice el científico. Las imágenes fueron generadas por la IA Bing de Microsoft
 
Periódico La Jornada
Miércoles 13 de marzo de 2024, p. 7

En la actualidad hay proyectos tecnológicos que buscan preservar la memoria de los seres queridos. Por ejemplo, Elon Musk trabaja en la posibilidad de traspasar la mente humana a una computadora, propuesta que pretende unir la inteligencia natural con la artificial, y que es conocida como inmortalidad cibernética.

Otros ejemplos son plataformas como Dadbot, creada por James Vlahos al enterarse de que su padre fue diagnosticado con cáncer terminal y le quedaban algunos meses de vida. Se trata de un avatar que usa las frases que James grabó durante tres meses, e imita la personalidad y forma de hablar de su padre.

También existe Eternime, un proyecto que toma los pensamientos, historias y recuerdos de cualquier individuo y los convierte en un avatar inteligente para que sea inmortal de forma virtual.

Frente al avance de esa tecnología, Luis Alberto Pineda Cortés, investigador del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó: si tienes voces grabadas de una persona, puedes reproducir su voz; si tienes datos suficientes de toda su vida, es decir, puedes hacer un agente virtual que duplique a esta persona, aunque eso no significa llegar a ser inmortal.

Una cosa somos nosotros, como agentes, y otra son las máquinas como el reflejo de nosotros mismos en la interacción, precisó.

En entrevista con La Jornada, agregó que quizás en el futuro se pueda crear este tipo de simulaciones, con imágenes y voces, pero eso es muy diferente de ser una persona. Esas simulaciones nos van a dar un agente computacional de alguien, pero no serán ese ser.

Pineda Cortés advierte que el principal problema de inmortalizar la conciencia a través de los avances tecnológicos es que todavía no se sabe qué es la conciencia ni los diferentes niveles de ésta o los alcances que tiene.

No sabemos que es la conciencia, y mientras no lo sepamos será difícil traspasarlo a las computadoras. La conciencia tiene muchos grados y muchas manifestaciones, pero el problema fuerte de ésta es la introspección, o el sentimiento subjetivo de que conocemos y estamos en el mundo, y ante eso no hay una solución, y mientras no lo conozcamos no podemos dar esa capacidad a las máquinas.

Agregó que “la conciencia es el misterio más grande de la naturaleza, y comienza con la conciencia fisiológica, esa de estar despierto, de sentirse en el mundo, es un estado de vigilia, me doy cuenta de señales de alerta, me tengo que orientar, tengo que poner atención; es el estado normal de estar conectado con el mundo.

Pero hay otras formas de conciencia más profundas, que tienen que ver con la memoria, con los recuerdos, cuando tengo la conciencia de mí en un tiempo pasado, en el que estoy presente, y lo puedo proyectar al futuro. Esa forma de conciencia es muy diferente del estado de vigilia normal; es viajar en el tiempo. Así de amplia es la conciencia.

El investigador agrega que “la conciencia es el problema abierto de investigación más profundo y más difícil que existe hoy día (...) Decir que una máquina puede ser consciente porque el objeto de su pensamiento pueden ser sus propios datos, es una forma muy superficial de ver la conciencia.

Sabemos que una máquina lo es precisamente porque es mecánica, autómata y no tiene conciencia. El punto de vista de transferir esa conciencia personal a un ente informático es ciencia ficción, y no de la buena, concluye.