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Érase una vez en Auschwitz
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▲ Fotograma de la película Zona de interés, del director británico Jonathan Glazer.
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esde la secuencia de créditos intuimos que estamos ante algo inusual. El título de la película, Zona de interés, en letras blancas sobre un fondo negro se desvanece, dejando a la negritud, acompañada en la banda sonora por un ominoso rumor. Eso dura varios minutos hasta volverse inquietante. Finalmente aparece la primera imagen: una escena que no podría ser más bucólica. Una familia alemana de día de campo en un claro del bosque, al lado de un río.

Poco a poco, el director británico Jonathan Glazer va introduciendo algunas claves visuales de lo que está sucediendo. Un jardín rodeado por un muro rematado por alambres de púas. El aparente paterfamilias vistiendo un uniforme del ejército alemán. Pronto se nos informa que todo eso transcurre en el hogar de los Höss, a un lado del campo de exterminio de Auschwitz durante la segunda guerra. El padre Rudolf (Christian Friedel) es el comandante del campo, mientras su esposa Hedwig (la asombrosa Sandra Hüller) cuida de los cinco hijos y mantiene el exuberante jardín de la mansión.

Uno siempre se ha preguntado cómo sería la vida cotidiana de los familiares de los comandantes nazis de los campos de exterminio. Esta película es la respuesta contundente. No sólo es la banalidad del mal, en las palabras de Hannah Arendt, sino también su inconsciencia.

Basado levemente en la novela de Martin Amis, el guion del propio Glazer cuida que los detalles sean horribles, pero perfectamente cotidianos. Así, Hedwig tiene por empleados domésticos a mujeres y hombres judíos, extraídos del campo (sin sueldo, por supuesto). O se reparte con sus amigas la ropa confiscada de quienes han sido víctimas del Holocausto. En un momento, una de ellas presume de haber encontrado un diamante oculto dentro de un tubo de pasta dental.

Pero hay problemas en el paraíso del ama de casa. Por su eficiencia, Rudolf será trasladado a Uranienburgo, para ser subinspector de todos los comandantes. Ella se niega a mudarse del lugar y el jardín que ha cuidado con tanto esmero. Habla con Hitler, sugiere la desesperada mujer. En efecto, su marido asistirá a un conclave de comandantes nazis para planear lo que se ha llamado la Solución Final. Höss y sus compañeros son descritos como burócratas del exterminio, preocupados sólo por cumplir números de eficiencia.

El realizador filma todo a distancia, prácticamente sin acercamientos, y la presencia de Auschwitz sólo está sugerida por sonidos. Se escuchan órdenes gritadas, disparos, ladridos. Y también algunos elementos visuales, como el acercamiento de trenes y el humo exhalado incesantemente por las altas chimeneas.

Según se reporta, Glazer diseñó junto con el cinefotógrafo polaco Lucasz Zal, un sistema de 10 cámaras filmando simultáneamente a control remoto y utilizando sólo la luz natural. Las imágenes resultantes son frías y distantes en un ejercicio de extremo control cinematográfico. Nada se sale de tono. Pero el resultado es desgarrador, no obstante su frialdad y discreción.

Al final, Glazer corta al tiempo presente, a las tareas de limpieza de Auschwitz en la actualidad, convertido en museo donde se exhiben miles de zapatos, valijas, prótesis detrás de enormes vitrinas. El horror nunca termina.

Zona de interés

( The Zone of Interest)

D: Jonathan Glazer / G: Jonathan Glazer, basado en la novela de Martin Amis / F. en C: Lukasz Zal / M: Mica Levi / Ed: Paul Watts / Con: Christian Friedel, Sandra Hüller, Johann Karthaus, Luis Noah Witte, Nele Ahrensmeier / P: JW Films, Extreme Emotions, House Productions, Polski Instytut Stuki Filmowej. Reino Unido-Polonia, 2023.

X: @walyder