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Despertar en la IV República

¿Hacia una nueva Constitución?

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a Constitución Mexicana de 1917 es una de las más reformadas en el mundo. Ha experimentado 770 modificaciones a lo largo de los años, reflejando grandes cambios sociales, políticos y económicos del país. Sin embargo, también ha enfrentado críticas sobre la pérdida de su espíritu social con el que fue pensada originalmente. Desde su promulgación, de los 136 artículos que integran la Constitución, 117 han sido reformados y sólo 19 se han mantenido sin modificaciones. En el sexenio de Peña Nieto fue cuando más cambios se hicieron a la Carta Magna, con más de 150 reformas; le siguen Felipe Calderón, con 110, y Ernesto Zedillo, 78.

De los artículos más simbólicos de la Constitución de 1917 que han sido modificados están los relacionados con la reforma agraria, la nacionalización del petróleo, la autonomía de las universidades y los derechos laborales, reformas que han buscado adaptar la Carta Magna a las nuevas realidades y demandas de la sociedad mexicana a lo largo del siglo XX y principios del XXI.

Con todas estas reformas, la Constitución de 1917 perdió en gran medida su espíritu social original que se ha intentado devolverle. Recordemos que fue producto de una lucha armada e inicialmente estuvo pensada como un documento para proteger los derechos de campesinos, trabajadores y otros sectores desfavorecidos. Incluso, desde finales de la década de 1940 el intelectual Daniel Cosío Villegas advirtió en su célebre ensayo La crisis de México que el alcance de las metas de la Revolución, incrustadas en la Constitución de 17, se había agotado. La desigualdad económica, la corrupción y la falta de aplicación de la ley contribuyeron a esta pérdida de espíritu social, lo que generó tensiones y descontento.

Es difícil prever cómo será el comportamiento de las fuerzas políticas que integran actualmente la clase dirigente de México. El gobierno no tiene los votos suficientes para imponer un modelo nuevo de Constitución, que sí es necesario. El paquete de reformas propuesto por el Ejecutivo carece de apoyo unánime porque existen fuerzas que no puede controlar y que no responden a sus iniciativas. No existe esa unanimidad de pareceres que dio origen a la Constitución de 1917, porque la sociedad política se ha dividido profundamente y fragmentado en diversas tendencias, y como el propio Presidente lo señala, hay tendencias muy conservadoras que se han hecho presentes en el escenario de la política.