Opinión
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Crisis migratoria, pretexto para recrear el rito electoral
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iversos estudiosos han concluido que las crisis migratorias que sufre el planeta entero no se puedan resolver mediante la construcción de muros y puentes medievales, o con piezas oratorias satanizando y denostando a quienes buscan una mejor vida en otras latitudes. El problema, lo han dicho, es una cuestión estructural que en EU se exacerba cada cuatro años. Alimentarse cada cuatro años con la desgracia de millones de migrantes es una necesidad vital para el sistema político y crece conforme las condiciones para ganar las elecciones son más ­complicadas.

La novedad es que la batalla ya no se centra en Washington, sede del gobierno federal, responsable de fijar y ejecutar la política migratoria, según reza la Constitución. Recientemente los gobernadores de Florida y de Texas, decidieron saltarse esa norma y establecieron una serie de medidas draconianas contra los migrantes. Este último llegó al exceso de tender alambres de púas y boyas a lo largo del territorio texano que colinda con la frontera mexicana, cuyo resultado es que al menos cuatro vidas se han perdido por esa causa. No le importó que la Suprema Corte le diera órdenes de quitar esas trampas mortales argumentando que Texas es un estado soberano, por lo que tiene el derecho de establecer su propia política migratoria al margen de la federal.

El diferendo contaminó las discusiones relacionadas con la aprobación del presupuesto federal. Los legisladores republicanos exigen que, para aprobarlo, no sólo se incluya la ayuda que el presidente ha prometido a Ucrania para detener la invasión rusa, sino también cuantiosos recursos destinados para desarrollar un programa que frene la migración en la frontera con México. El chantaje ha ocasionado una vez más que el presupuesto quede en el limbo, creándole un grave problema a Joe Biden quien tendrá que encontrar una fórmula para que el presupuesto sea aprobado, cumplir con las promesas de apoyo a Ucrania, y además evitar tensiones en las relaciones con México. Con Ucrania, porque sin la ayuda prometida lo más probable es que Vladimir Putin aprovechará para ganar la guerra y continuará su marcha hacia Kiev; con México porque compromete las ­relaciones entre EU y México, que hasta hoy marchan por buen camino en diversos aspectos de la agenda bilateral, uno de ellos la ­migración.

En una entrevista en la cadena de la televisión pública estadunidense (PBS), la canciller mexicana, Alicia Bárcena, explicó detalladamente los esfuerzos que el gobierno de México ha desplegado para coadyuvar, junto con el gobierno de EU, a la solución del espinoso asunto migratorio. Dio cuenta del avance de las negociaciones que también involucran a varias naciones centro y sudamericanas donde nacen las caravanas de migrantes que atraviesan el territorio mexicano en su paso hacia suelo estadunidense. Bárcena agregó que un desacuerdo pudiera poner en peligro varios aspectos de las relaciones bilaterales. Citó el relativo al comercio, refiriéndose al hecho de que cada minuto atraviesan por la frontera mercancías por valor de 2 millones de dólares que benefician a la economía de ambas naciones. Fue más allá cuando señaló que sólo 25 por ciento del producto del trabajo de los mexicanos en territorio estadunidense se envía a los hogares de los trabajadores en México; el restante 75 por ciento es una aportación directa a la economía de los 50 estados que integran EU. Su intervención no dejó duda alguna sobre la importancia que representan los mexicanos para la economía estadunidense.

Como no podía ser de otra forma, con la xenofobia que le caracteriza, Trump aprovechó para intervenir prohibiendo a los legisladores de su partido llegar a un acuerdo sobre el presupuesto si no incluye medidas contra los mexicanos por la osadía de invadir su país. Es difícil pensar que la solución a la cuestión migratoria se resuelva a pesar de los esfuerzos de los gobiernos de los dos países, pero más aún que las coyunturas electorales, como la actual, prescindan de la excusa de la migración como medio publicitario. Muchos de quienes abrevan de esta situación quedarían en el orfanato si no incluyen en su agenda la satanización de los países al sur del río Bravo.