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Después del huracán
T

odo se nos olvida. Ya nadie recuerda qué pasó en Acapulco; ya el océano se tragó su furia, los vientos, la lluvia que azotaba las casuchas cerca y lejos de la playa, las palmeras despelucadas sacudidas bajo el cielo negro, los acapulqueños aterrados por la fuerza de la naturaleza. En diciembre de 2023 pregunto a un querido amigo si recuerda el huracán acapulqueño, y me responde sonriente:

–No.

Acuérdate de Acapulco, María bonita, María del alma, cantaba Agustín Lara a María Félix, pero Acapulco se quedó a oscuras, sacudido y vejado por un enorme atentado de la naturaleza en octubre de 2023, y la joven Annia Barraza nos lo recuerda:

–Mis abuelos fundaron hace 32 años este hogar para niños cerca de la playa. Mi abuelo ya falleció, pero dio su vida entera al Hogar Infantil Marsh, que recibe a 70 pequeños que vienen de la montaña de Guerrero. Este hogar infantil fue afectado por el huracán Otis de manera muy violenta.

“El 25 de octubre de 2023, a la media noche, el huracán Otis atacó la costa de Guerrero; a las 11 de la noche arreció y su intensidad alcanzó la categoría 5. Nadie está preparado jamás para esa furia. Nos dimos cuenta de que el ruido del huracán era demasiado fuerte, la luz se apagó y no regresó sino después de tres semanas. El orfanato está frente a la playa Bonfil, rumbo a Barra Vieja, Acapulco...

–¿Se llama así por el antropólogo Carlos Bonfil?

–Sí, el hogar infantil fue afectado. Los 70 niños estaban en sus cuartos. Este hogar recibe a niños y a niñas, que ahí van creciendo hasta hacerse hombres y mujeres. Llegan desde los seis hasta los 18 años. Después tienen que buscar trabajo o becas para seguir estudiando; otros vuelven a su hogar en la sierra norte de Guerrero.

–¿A qué pueblos?

–No recuerdo exactamente el nombre de los pueblos, pero ellos hablan zapoteco en el hogar y con nosotros aprenden español. El hogar está financiado por el DIF, pero es más la ayuda externa que la del DIF para que alcance y lograr ayudar a todos.

–¿Los niños van a la escuela?

–Van a la escuela y van a misa los domingos. Después del huracán se quedaron sin maestros, por eso los mayores dan clase a los más pequeños y todos tienen que cumplir con una tarea doméstica diaria dentro del hogar: barrer, limpiar, cocinar.

Con el paso del huracán se perdieron puertas, tinacos, un pedazo de una barda que se vino abajo, esa barda es esencial porque es la que los protege del mar y de los peligros del exterior.

–¿Cuántos niños son?

–Son cerca de 40 niñas y 30 niños. Los padres abandonan más fácilmente a una hija mujer. Los tutores son mi abuela, que se apellida Barraza, y la madre de uno de los niños que es la chef del hogar y cocina para todos.

–¿Ese es todo el personal?

–Contamos con un chofer, pero sólo se responsabilizan tres adultos, mi tío César, el hijo menor de mi abuela. En total cuatro personas manejan en Hogar Infantil Marsh, pero quién es la responsable total es mi abuela.

“Ella y mi abuelo se conocieron en un hogar infantil, se enamoraron y decidieron abrir uno, porque ellos mismos fueron huérfanos y se conocieron en un orfanatorio llamado Marsh, también en Guerrero. Mis abuelos tomaron el nombre del orfanato en honor a la señora que lo dirigía. Ahora, el Hogar Infantil Marsh lleva 33 años en la playa Bonfil. Es un internado. En verano los niños regresan a su casa, sólo lo hacen una vez al año, en la sierra, son familias de escasos recursos que tienen más de 10 hijos y a veces mandan a más de un niño, a veces hasta tres o cuatro hermanos.

Es un internado por el que han pasado muchas generaciones, permanecen sólo hasta los 18 años. Muchos chicos se quedan para seguir ayudando ya de adultos. Hay una chica que está estudiando medicina y reside entre nosotros, y nos ayuda como médico. Algunos muchachos regresan a vernos con su propia familia, porque se casaron, e invitan a sus hijos para que conozcan el lugar donde ellos crecieron.

–Son muy agradecidos…

–Hasta que mi abuela dé su último suspiro vamos a saber si el Hogar Infantil Marsh continúa, nos gustaría que siguiera.

Ahorita han recibido bastante apoyo, donaciones que llegaron después del huracán, mucha comida, mucha agua pero la ayuda no ha provenido del gobierno. El hogar tiene un cuarto de refrigeración para guardar alimentos, es la única manera. Un litro de leche rinde para cuatro niños. Se necesitan 12 litros de leche al día.

–¿Son niños en la orfandad?

–Son muy pocos los niños huérfanos, porque el DIF los ubica en diferentes orfanatorios. Con nosotros, unos cinco niños son los que no tienen papás, todos los demás sí tienen, pero viven muy lejos y son muy pobres. Los niños van a la escuela. Tienen su orquesta infantil, tocan piano, violín, flauta y guitarra. Hay tutores que les facilitan clases gratuitas; todo es con base en donaciones, desde medicina, clases de música, comida, ropa –mucha gente da ropa a los niños.

–¿El gobierno no ayuda en nada?

–No. El hogar debe pagar impuestos.

–¿Por qué? Si son una sociedad civil, no deben pagar impuestos.

–El DIF impone muchas reglas que si no se cumplen, son multados. Debe haber medidas de construcción, de seguridad, médicos y medicamentos, educación, son muchas las reglas. Después del huracán Otis no hubo ningún niño herido, ninguno fue afectado físicamente. El único daño fue en la casa, principalmente las habitaciones de los niños porque les entró mucha agua, hubo cristales rotos, puertas y la barda que se vino abajo, da a la playa y esa barda les brinda seguridad. Ya la están reconstruyendo. La invitación es a seguir apoyando a los niños, de cualquier manera, el hecho de saber que existen y están ahí, ayuda. Han llegado camiones de donaciones, camionetas o carros particulares. Se pueden hacer depósitos a la cuenta bancaria del hogar y las donaciones en especie que pueden enviar por paquetería. También la donación de tiempo, hay gente muy interesada en ayudar. A raíz del huracán, hubo gente que llevó comida y ropa pero faltaba la diversión y gente de la Unicef vino a darles juego y entretenimiento porque estaban traumados, les quedó ansiedad; al final son niños.

“Yo, Annia Barraza Castañón, soy nieta de Jovita Godínez y Eduardo Castañón Olea, directora del Hogar Infantil Marsh. Enseño dibujo y pintura a los niños que han enviado su agradecimiento por carta con una foto en la que dicen ‘Gracias’”. Han escrito más de 50 cartas.