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Centenario de Felipe Carrillo Puerto
E

l 3 de enero de 1924 fue asesinado un revolucionario mexicano excepcional: Felipe Carrillo Puerto. Lo asesinaron los enemigos del pueblo, quienes pretendían poner fin, con su muerte, a uno de los proyectos de transformación económica, política, social y cultural más importantes en la historia de la Revolución Mexicana y de toda la historia de México.

Felipe Carrillo Puerto nació en Motul, el 8 de noviembre de 1874. Sus padres, Adela Puerto y Justino Carrillo, procrearon una numerosa familia de 14 hijos, de los que Felipe fue el segundo. Desde niño conoció las duras condiciones de vida en la que vivían los campesinos yucatecos, indígenas mayas en su mayoría, que trabajaban largas jornadas en condiciones de semiesclavitud, explotados y vejados por los terratenientes criollos, dueños de las haciendas, conocidos como la casta divina.

Desde niño convivió con niños mayas. No sólo aprendió su lengua y su cultura, sino que hizo suya la causa que definiría su vida: luchar para que los indígenas consiguieran su libertad económica, fueran reconocidos sus derechos, y formaran parte de la nación mexicana sin perder su identidad cultural, lingüística, sus formas de organización independiente, sus tradiciones y costumbres.

Sólo estudió la primaria, pues tuvo que trabajar desde la adolescencia para ayudar a su familia. Dotado de una aguda inteligencia, tuvo una sólida formación autodidacta, leía mucho de literatura, filosofía, economía política, socialismo; aprendió música, acrobacia, conducción de ferrocarril, practicó el beisbol. Y, desde muy joven, adquirió una profunda consciencia social.

A los 18 años, encabezó a la comunidad maya de Kaxatah a la que los hacendados de Dzununcán querían desalojar. Los ha­cendados y las autoridades porfiristas no toleraron esa protesta y Felipe fue apresado.

La prisión fortaleció su compromiso para construir una sociedad más justa, libre y democrática. En 1901 se casó con María Isabel Palma, con quien procreó seis hijos. Más tarde fue síndico y regidor de Motul, donde chocó con los hacendados, al defender los derechos agrarios del pueblo maya. Incursionó en el periodismo de oposición, dirigiendo El Heraldo de Motul, donde denunció los abusos y atropellos de la casta divina, lo que le valió un nuevo encarcelamiento en 1907.

Su compromiso social lo llevó a ser parte del movimiento antirreleccionista yucateco y del maderismo. Al consumarse el fraude electoral en 1910 y llamar Madero al pueblo de México a levantarse en armas para terminar con la dictadura de Porfirio Díaz, se dirigió a Estados Unidos, donde se entrevistó con la familia de Madero para ayudarla. Regresó a Yucatán y participó en la política local. Sin embargo, en agosto de 1911 fue arrestado al defenderse de una agresión en la que resultó muerto su agresor. Salió de la cárcel en marzo de 1913, cuando el experimento democrático de Madero había sido destruido por los grupos conservadores que estuvieron detrás de la traición de Victoriano Huerta.

Al recuperar su libertad, en marzo de 1913, Felipe Carrillo Puerto, cuya vida corría peligro en Yucatán, se ocultó unos meses y se dirigió al estado de Morelos, para apoyar la revolución campesina que encabezaba Emiliano Zapata. Contribuyó en la reforma agraria zapatista, proceso por el cual las comunidades campesinas estaban recuperando sus tierras y trabajándolas en libertad. Perteneció a la Comisión Agraria de Cuautla y fue nombrado coronel del Ejército Libertador del Sur.

Los meses que vivió en Morelos lo convencieron de que era posible una transformación radical de la sociedad, en la que los campesinos y los indígenas fueran los protagonistas principales. Decidió que lo que estaba haciendo Zapata en Morelos, tenía que hacerse también en Yucatán y en toda la República.

Regresó a Yucatán en julio de 1915, atraído por las reformas sociales que impulsaba el general constitucionalista Salvador Alvarado, uno de los líderes más sólidos políticamente y más radicales de esa corriente revolucionaria. Sin embargo, en esos meses se libraba la guerra civil entre el villismo y el zapatismo contra el constitucionalismo, por lo que al llegar a su tierra fue apresado, acusado de zapatista.

Desde la prisión, pidió entrevistarse con Salvador Alvarado, quien accedió a ello. En esa entrevista, se dieron cuenta que ambos tenían mucho en común. Los dos eran revolucionarios; querían hacer cambios radicales en favor de los más pobres, de los indígenas, de los trabajadores, de las mujeres; querían acabar con el poder de la casta divina y promover la educación como motor de cambio. Carrillo Puerto fue parte de la comisión agraria local, en la que aprovechó su experiencia en Morelos para que los mayas y campesinos yucatecos recuperaran sus tierras y pudieran trabajarlas en libertad.

Para entonces, sus lecturas y su experiencia revolucionaria lo habían hecho socialista. Promovió la organización de un sindicato de agricultores y ligas de resistencia campesinas, alentó las tomas de tierras e incursionó nuevamente en la política local. Fue electo diputado suplente para el Congreso Constituyente que redactaría en Querétaro la Constitución Política más avanzada de su tiempo, aunque no pudo asistir a ese Congreso. En marzo de 1917 fue presidente del Partido Socialista de Yucatán. Desde ahí impulsó la ampliación de las ligas de resistencia campesinas, que aglutinaron a más de 80 mil miembros. En 1918 fue diputado local y presidió la Cámara de Diputados yucateca. A fines de ese año, fue gobernador interino de su entidad, donde permaneció 42 días. En ese lapso, impulsó una avanzada ley laboral que garantizaba el derecho de huelga sin la necesidad de arbitraje, así como la semana laboral de 40 horas.

*Director general del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México