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La biblioteca de Milei
T

engo una muy mala noticia para Javier Milei: el arte de gobernar es infinitamente más difícil que el arte de panelear (es decir: comentar absolutamente todo en televisión, radio y redes sociales).

La tan anunciada Nueva-Vieja Era en Argentina ya está aquí. Y a partir de ahora el presidente, además de hablar, tendrá que actuar y decidir. Se le acaba un ciclo exitoso, en el que le bastaba con acudir a entrevistas y decir cualquier cosa. A partir de este momento, no le valdrá únicamente con saber-comunicar. A esta experticia tendrá que sumarle otra: saber-hacer.

Dicho de otro modo: gobernar requiere del Poder Ejecutivo y no sólo del poder comunicativo.

Lo que implica, a su vez, transitar de las generalidades a los detalles. Esto es: traducir al terreno de lo concreto su mantra del “ajuste+ shock+motosierra porque no hay alternativa”.

Es la hora de la letra pequeña.

Milei deberá precisar y especificar cómo se aplica cada idea, con qué instrumento legal, con cuánto apoyo parlamentario cuenta, cuál es su sustento social, a quién afecta, en qué magnitud, en qué tiempo.

Para afrontar este desafío propio de la praxis política que se le avecina, Milei, que presume de ser muy buen lector, seguramente buscará en libros y textos las respuestas más certeras.

¿Cómo será la biblioteca que tiene el presidente en la Quinta de Olivos? ¿Cuántas corrientes de pensamiento estarán presentes?

La imagino con cuatro estanterías, con estos títulos: una, Anarco-liberalismo experimental; dos, Macrismo conservador; tres, Retromenemismo, y cuatro, Negacionismo a lo Villarruel.

Como sucede en toda librería, también hay una sección llamada Cajón de sastre (aunque también podría ser denominada como Cajón desastre), con un poco de todo: FMI, doctrina Monroe, Jabad-Lubavitch, darwinismo, fascismo, cinología, banca y especulación, anarquismo y, por supuesto, autoayuda.

Una amalgama muy variopinta que genera zozobra e incertidumbre. Más de la que había.

Porque, además, ninguna Biblioteca en la vida real de un presidente logra mantener tanto orden como el que pueden tener las estanterías. Habrá disputa entre las diferentes doctrinas y habrá conflicto de intereses entre los actores.

Hay demasiadas manos invisibles y poderosas que, en definitiva, fungirán como los verdaderos hacedores de lo que Milei llama el orden espontáneo libertario, que consiste sencillamente en el mismo orden que pregona el neoliberalismo desde hace medio siglo.

Este podría ser el futuro de Argentina salvo que sobrevenga un hecho social no tan improbable: que un gran porcentaje de aquellos que lo respaldaron electoralmente comiencen a oponerse políticamente.

Este fenómeno, que puede parecer utópico en los primeros días, con el paso del tiempo ocurre más regularmente de lo que nos imaginamos. Sobre todo cuando el presidente confunde el voto de la segunda vuelta con su base real; y cuando no sabe diferenciar entre el volumen de ciudadanos que lo eligieron ante un escenario condicionado en el que hay mucho voto anti (55 por ciento) y quienes verdaderamente confiaron en él, tanto en las PASO como en primera vuelta (30 por ciento).

Es más: este casi tercio es muy heterogéneo y, además, altamente volátil. Que va y viene. Que hoy elige una canción y mañana otra. Un sujeto cada vez más característico de las democracias Spotify que emergen a escala global.

El fin de la fidelidad (para siempre) a un partido político permitió, entre otras razones, que Milei llegara a la presidencia. Pero, paradójicamente, este mismo rasgo de época también podría ser la causa de una pérdida acelerada de sustento, si no resuelve los problemas cotidianos de la gente a la mayor brevedad posible. Porque las necesidades jamás tienen paciencia.

Si Milei cree que puede seguir en campaña electoral como si nada, y que todo se resuelve comunicando, con diagnósticos falsos y propuestas genéricas, el mileísmo no ganará la batalla política. Ni tampoco la cultural. Porque para que triunfen las ideas no se pueden descuidar los hechos y sus consecuencias.

*Director del Celag. Doctor en economía