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Homenaje a Santiago Ramírez
L

a directora María Elena Medina Mora, de la Facultad de Sicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ideó un homenaje a los maestros fallecidos o desaparecidos, denominado La cápsula del tiempo, con las semblanzas de los maestros desaparecidos; tuve el privilegio de hacer la semblanza de mi mentor Santiago Ramírez.

Santiago Ramírez, profesor emérito, coordinador del colegio de sicología de la UNAM, autor de libros y trabajos sobre las motivaciones de la sicología del mexicano, tres 10 en anatomía, marcan un comienzo deslumbrante en su carrera intelectual.

Recuerdo que su voz de dolor profundo, grave, ronca, rítmica y melodiosa llenaba los espacios donde se desempeñaba. Una huella tibia en los escuchas: alumnos, colegas, rivales.

Expresión de variadas emociones, palabras usadas como manos definían línea por línea su identidad.

Se formó como sicoanalista en Buenos Aires; Rascovsky y Marie Langer dejaron su impronta. Fue fundador de la Asociación Sicoanalítica Mexicana filial de la Asociación Sicoanalítica Internacional.

Mi primera sesión con Santiago fue diferente a lo que esperaba; ahí recostado en el diván escuchaba su silencio. Sus intervenciones eran cortas y sorpresivas con modulada voz, tono y ritmo, relacionadas con la intensidad de los sentimientos que surgían, las interpretaciones en tono más suave o más alto, más rápido o lento, siempre al tempo con lo que aparecía o, por el contrario, modulación pausada que invitaba a la reflexión.

Así llegué a comprender su análisis y motivaciones de lo mexicano; la canción popular hace activo lo que sufrió pasivamente. Se dice a la madre que no nos deje, se alaban sus valores y surgen canciones: Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera, sé que tendrás que llorar. Llorar y llorar; llorar y llorar. Dirás que no me quisiste, pero vas a estar muy triste, y así te vas a quedar. Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley. No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey... O: Todos me dicen el negro, Llorona, negro, pero cariñoso. Yo soy como el chile verde, picante, pero sabroso; también: Flor silvestre y campesina, flor silvestre y natural, no te creen una flor fina por vivir junto al nopal. Tienen tus ojos un raro encanto, tus ojos tristes como de niño que no han sentido ningún cariño, o: Cuando la estaba queriendo, cuando la estaba sintiendo todita toda la vi partir, y: En una jaula de oro pendiente de un balcón se hallaba una calandria cantando su dolor.

Estas canciones posibilitan un dolor incomunicable, sentir y padecer del mexicano. Entonces surge su libro, El mexicano, sicología de sus motivaciones (Cultura y Sociedad), en 1977, aportación fundamental en el campo del etnosicoanálisis y la antropología. Ahí aparece la ya famosa expresión: Infancia es destino, que explica que la infancia de una persona determinará el carácter de todas las experiencias tardías.

Podemos inferir que la infancia del mexicano (si es que aún es posible hablar en estos términos) es la que ha provocado en él esta melancolía, desamparo y desolación, aunque con la canción El rey se esfuerce en lo contrario como defensa y resistencia.

En la misma obra, Ramírez sostiene que junto con González Chagoyán acuñaron otra propuesta: “La neurosis y el Boler o de Ravel, referida a la melodía que se repite, y en eso es como el sicoanálisis, la estructura melódica persiste abrumadora y desesperante. La relación del objeto, la defensa, la señal de alarma, el disparo, la distancia y lejanía son desesperadamente obstinadas. Como la marea, ocurre con las resistencias en sicoanálisis, éstas suben y bajan”.

Un aspecto fundamental de la obra de Ramírez es la reflexión que hace con relación al momento de la concepción freudiana, que es el de la compulsión a la repetición. Freud no se explica a sí mismo el cambio prospectivo que se ve precisado a introducir justamente eso, un principio de inercia regresivo, el instinto de muerte. El cuestionamiento a este instinto, se pregunta Ramírez: ¿realmente tiene sentido? Entonces, afirma que el niño se encontró con objetos frustrantes y dañinos, pero al fin y al cabo parcialmente satisfactores. Prefiere estos objetos y los busca porque lo opuesto, no aprendido, sería lo desconocido, la soledad aniquilante. Esto se relaciona con las canciones populares mexicanas y la melancolía, la tristeza y el desamparo.

Debido a la repercusión de los libros de Santiago Ramírez, en 1977 fuimos objeto de una invitación del gobierno alemán para dar conferencias en las universidades Humboldt de Berlín, en München, Hamburgo, Heidelberg y otras.

Tuvimos el privilegio de asistir a una nueva interpretación de la Quinta Sinfonía de Beethoven, dirigida por un joven Herbert von Karajan. En el bello edificio construido por el arquitecto Hans Scharoun, en 1963. La sede la filarmónica de Berlín fue una inmersión entre las voces de los violines en las aguas de la memoria. Caballos en el aire, música y banderas, nos queda la vibración.

Días después se presentó el otro homenaje a don Santiago de su hija Elisa, una biografía de los sucesos sustantivos de su padre, pero con un elemento central, el escrito de un alumno que trascribió cinco seminarios del maestro homenajeado que dan fe de cómo consolidaba sus seminarios. Son ideas, anécdotas, casos, fragmentos y aforismos tomados de sus seminarios de 1977 a 1980, libro que da cuenta del amor de una hija por su padre.

In memoriam Santiago Ramírez