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La erupción del Hunga Tonga-Hunga redujo la capa de ozono en el hemisferio sur
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▲ La imagen fue captada el 14 de enero de 2022, un día antes de la columna que afectaría la composición química de la estratosfera.Foto Servicios Geológicos Tonga/ Europa Press
 
Periódico La Jornada
Miércoles 22 de noviembre de 2023, p. 6

Madrid. La explosión volcánica de Tonga en 2022 cambió la química y la dinámica de la estratosfera en el año siguiente, con pérdidas en la capa de ozono de hasta 7 por ciento en grandes áreas del hemisferio sur.

Es la conclusión de un estudio reciente, publicado en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias, realizado por la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas (SEAS) John A. Paulson de Harvard y la Universidad de Maryland.

Según la investigación, lo que impulsó esos cambios atmosféricos fue la gran cantidad de vapor de agua inyectada en la estratosfera por el volcán submarino. La ubicación de esa capa de la atmósfera es de 13 a 48 kilómetros sobre la superficie de la Tierra; ahí reside el manto protector de ozono.

“La erupción de Hunga Tonga-Hunga Ha’apai inyectó alrededor de 136 millones de toneladas de agua en la estratosfera por lo regular seca, lo que es una cantidad absolutamente increíble del recurso de un solo evento”, destacó David Wilmouth, autor principal del trabajo.

Esta erupción nos colocó en un territorio inexplorado, señaló en un comunicado Ross Salawitch, profesor del Centro Interdisciplinario de Ciencias del Sistema Terrestre de la Universidad de Maryland y coautor del estudio. Nunca habíamos visto, en la historia de los registros satelitales, tanto vapor de agua inyectado en la atmósfera y nuestro trabajo es el primero que analiza las consecuencias aguas abajo en amplias regiones de ambos hemisferios en los meses posteriores a la explosión, utilizando datos satelitales y un modelo global.

Fue la mayor explosión jamás registrada en la atmósfera. Arrojó aerosoles y gases a las profundidades de la estratosfera. Parte del material alcanzó la mesosfera inferior, a más de 48 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, altitudes nunca logradas en una erupción volcánica.

Wilmouth, Salawitch y el resto del equipo de investigación utilizaron datos del Microwave Limb Sounder a bordo del satélite Aura de la NASA, para rastrear no solo cómo se movía el vapor de agua por todo el mundo, sino también monitorear la temperatura y los niveles de monóxido de cloro, ozono, ácido nítrico y cloruro de hidrógeno en la estratosfera