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En la montaña y costa, cultivos devastados

Guerrero: migración jornalera se adelanta tras estragos por Otis
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▲ Marco Antonio Suástegui, vocero del Consejo de Ejidos y Comuni-dades Opositores a la Presa La Parota muestra los sembradíos de maíz dañados por el huracán Otis en poblados de los bienes de Cacahuatepec, en la zona rural de Acapulco.Foto Sergio Ocampo
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 6 de noviembre de 2023, p. 32

Chilpancingo, Gro., A consecuencia de la devastación que dejó el huracán Otis en el agro de las regiones Costa Grande, Costa Chica y Montaña Alta de Guerrero, sobre todo en cultivos de maíz, frijol, calabaza, café y huertas, la migración de los jornaleros indígenas se adelantó.

El sábado partieron de la cabecera municipal de Tlapa de Comonfort, en la Montaña Alta, los primeros seis autobuses con destino a zonas agrícolas de Jalisco y Michoacán; mañana saldrán ocho más a Sinaloa, informó Abel Barrera Hernández, coordinador del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan.

En entrevista, explicó que las principales pérdidas ocurrieron en cultivos de comunidades del municipio de Metlatónoc –uno de los más pobres del país– como San Juan Puerto Montaña y en la cabecera.

El meteoro ocasionó afectaciones también en poblados de Cochoapa el Grande. Uno de los más golpeados fue Dos Ríos; mismo panorama se vive en la parte alta de Acatepec, sobre todo en la localidad de Xochitepec.

Agregó que en Ayutla de los Libres, en la Costa Chica, casi todas las parcelas del poblado Barranca Tecuani, quedaron siniestradas. También hay afectaciones en Colombia de Guadalupe, municipio de Malinaltepec y en varias aldeas de San Luis Acatlán.

Los daños son en esa franja de la Costa-Montaña; hubo daños menores en las viviendas, lo más fuerte fue en los cultivos, precisó Abel Barrera. Dijo que los habitantes de esas zonas acusaron que la Secretaría del Bienestar no han enviado a personal para que elabore un censo, y hay desesperación al no saber qué hacer, porque lo poquito de alimentos que tenían ya se los están acabando.

Subrayó que la preocupación entre los pueblos indígenas es que en la próxima temporada de seca, que se inicia en enero, no tengan maíz para comer, por eso se adelantó la temporada de migración a los campos agrícolas.

Por otra parte, Barrera Hernández expuso que existe desazón por la suerte y el paradero de los miles de indígenas que viven y trabajan en Aca-pulco, sobre todo en el servicio doméstico o vendiendo artesanías, alimentos, frituras y otros productos.

Tras el azote del huracán Otis, han pasado invisibilizados por el ayuntamiento; no se les ha brindado atención, tampoco por las dependencias públicas, aseguró el activista.

Afirmó que la Secretaría de Asuntos Indígenas se ha dedicado a apoyar en labores de limpieza, pero no vemos que estén ayudando a los indígenas que viven en colonias apartadas, como La Laja.

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▲ Un grupo de indígenas partió el sábado de Tlapa de Comonfort hacia los estados de Jalisco y Michoacán, donde se emplearán como jornaleros agrícolas.Foto Cortesía Tlachinollan

No voltean a ver a pueblos originarios: Abel Barrera

Criticó que el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas “no se haya involucrado, no ha hecho presencia en las colonias donde viven los indígenas y eso es preocupante; no se ha identificado a la población afectada. Llamó a las autoridades de ese organismo a que presente un informe de su situación.

Señaló que la mayoría de ese sector de la población renta vivienda o si la tiene, es muy precaria muchos se quedaron sin trabajo y los que menos arraigo tienen, están buscando la manera de regresar a sus comunidades de origen.

Consideró que el problema para los indígenas que viven en el puerto, es que no tienen interlocución directa que pueda entender su situación como migrantes; además de la discriminación que enfrentan en sus trabajos. Hay menores que laboran de trabajadores domésticos; son los empleos menos remunerados y con jornadas largas. Sabemos que son miles los indígenas que viven desde los años 60 cuando empezaron a migrar a Acapulco, refirió.

Entendemos de la necesidad de la reconstrucción de la zona hotelera, pero también los miembros de los pueblos originarios son seres humanos y se deben tomar en cuenta; en ningún medio se ha informado, criticó. Abel Barrera planteó que lo mismo sucede con las comunidades indígenas asentadas en las márgenes del río Papagayo, en el Acapulco Rural, “que tampoco han sido atendidas, porque están aisladas.

Mencionó que “la mayoría de las casas tienen techos de lámina y los lugareños remiendan sus techos con láminas que encontraron tras el paso de Otis; no tenían donde dormir, aunado a la pérdida de sus cultivos”.

El coordinador de Tlachinollan apuntó que apenas nos comunicamos con funcionarios de gobierno que nos dijeron que, de acuerdo al censo que se elabore, se va a otorgar un pago de 7 mil 500 pesos para compensar pero es insuficiente para atender las necesidades de la casa y comprar alimentos.

Indicó que en el municipio de San Marcos hay 82 comunidades con desabasto de alimentos y nadie los voltea a ver; ahí sí se perdieron los techos de sus hogares, alertó. Puntualizó que todas las comunidades que están cercanas al mar en la franja de la Costa Chica, el Acapulco Rural y San Marcos, no han recibido ayuda.