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El estado descompuesto
C

omo siempre, en la tragedias las imágenes suelen decir más que las palabras.

Acapulco. Antes que nada la enorme solidaridad con el pueblo de nuestro gran puerto del Pacífico. En tanto que el impacto del huracán tendrá efectos devastadores en vidas humanas y en bienes materiales, la reconstrucción de toda esa región se llevará lamentablemente muchos años. En medio de tanta tragedia no deja de ser inquietante el viaje por tierra a Acapulco, del Presidente de la República, provocando las imágenes que todo mundo vio y comentó.

Naciones Unidas. Mi solidaridad con el secretario general de Naciones Unidas –yo fui funcionario de Naciones Unidas por 11 años–, por sus declaraciones sobre la descarnada confrontación en el Medio Oriente. Como señala Luis Bassets en El País (25/10), Guterres no dijo nada que no se hubiera ya dicho. Hamas, condenada como organización terrorista y más específicamente repudiada por ese criminal ataque a ciudadanos indefensos, no es la pura maldad que surge de la nada, sino de la larga y terrible historia del conflicto territorial entre israelitas y palestinos. Se hace imprescindible, añaden Bassets y muchos más, una tregua que permita reabastecer a la población de Gaza, atender a los enfermos, heridos y recién nacidos y seguir recuperando a los rehenes de manos de Hamas.

El estado descompuesto mundial. No se trata de una característica, sino de un síndrome que se expresa en muchos países, en muchas regiones y en muchos ámbitos.¿Qué es Naciones Unidas si no la representación de todos los estados nacionales del mundo? Incluyendo lo menos aceptables y mas controvertidos. Porque el criterio correcto que prevalece es mejor tener a todos en un mismo espacio institucional. Pero los fundadores de Naciones Unidas no apreciaron entonces el peso que tendrían 50 años después los actores no estatales. Muchos que enriquecen la vida democrática de los países como las ONG y asociaciones civiles. Otros que dañan lo convivencia civilizada, como el crimen organizado, así como algunos más cuya propósito deliberado es destruir los andamios de la convivencia social como los grupos terroristas.

El estado descompuesto nacional. Ruptura de los vínculos representantes-representados. Amplio rechazo a las distintas instituciones democráticas: partidos, Congreso, iglesias, medios de comunicación. Desigualdad galopante en los ámbitos económicos, sociales, culturales. Desfondamiento de los mecanismos de intermediación, como los sindicatos y los partidos. Emergencia de líderes cesaristas. ¿Qué lo origina?

Urbinati. La gran politóloga italiana aposentada en la Universidad de Columbia, ha escrito entre otros libros La democracia representativa (Prometeo, Buenos Aires, 2017), Democracia desfigurada (Prometeo, Buenos Aires, 2014) y Yo, el pueblo (Grano de sal, 2021).

Los pocos. En su libro mas reciente Pocos contra muchos (2023, Katz) explica cómo las élites económicas y políticas se han divorciado de los ciudadanos y se refiere a la explosión de protestas en muchas partes del mundo, desde Occupy Wall Street hasta los chalecos amarillos en Francia o las movilizaciones en Chile y en Italia. El centro de su argumentación es el siguiente: el pacto social después de la Segunda Guerra Mundial generó un largo periodo de crecimiento, bienestar y democracia, con énfasis y resultados diferentes según el país. Desde finales de los ochentas ese pacto se rompe y se sigue una vía económica que afecta los beneficios sociales, acompañada de una visión minimalista de la democracia basada en Schumpeter y en el reporte de la Comisión Trilateral, de los años setentas. Ambos aspectos pavimentan la entrada a escena de las nuevas formas de gobierno que deforman a la democracia: el gobierno de tecnócratas, el populismo y la democracia de audiencias (o plebiscitaria). Son los pocos contra los muchos.

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