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Álvaro Mutis es uno de los primeros poetas ecologistas de América, afirma experto

Fabio Amaya es curador de Maqroll el Gaviero: Marinero en tierra, muestra con la que Colombia rinde homenaje no al autor, sino a su alter ego, dice

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▲ La exposición está realizada con ilustraciones de Ana Paula Santander Durán y diseño de Camilo Umaña Caro (estudio Maguncia).Foto cortesía de Fabio R. Amaya
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Martes 26 de septiembre de 2023, p. 4

Colombia rinde homenaje al escritor colombo-mexicano Álvaro Mutis (1923–2013) en el centenario de su nacimiento con la exposición Maqroll el Gaviero: Marinero en tierra, en la prestigiosa Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, su ciudad natal. Se inauguró el 25 de agosto y concluye el 6 de enero.

El curador y organizador, Fabio R. Amaya, aclara en entrevista con La Jornada vía Zoom, desde Bogotá, que no es una muestra sobre Mutis, quien ha sido suficientemente reconocido, sino sobre su alter ego: Maqroll el Gaviero, uno de los protagonistas más internacionales de la literatura colombiana.

La muestra, realizada con las ilustraciones de Ana Paula Santander Durán y diseñada por Camilo Umaña Caro, será itinerante en diversas ciudades de ese país gracias al patrocinio del Banco de la República de Colombia.

Amaya es pintor, escritor (Abuelo macedonio es la primera novela de un tríptico, apenas publicada por Tusquets, ambientada en la Independencia de la Gran Colombia) y profesor de literatura latinoamericana de la Universidad de Bérgamo, en Italia. Conoció bien a Mutis y se ha dedicado a estudiar su obra por casi medio siglo; ha sido su traductor y le ha dedicado dos libros, ensayos, textos periodísticos y entrevistas.

–¿Quién fue Mutis?

–Pertenecía a la élite. Provenía de una familia gaditana de origen judío e italiano, posiblemente de Florencia; Muti, del latín mutis, significa callarse. Su bisabuelo fue José Celestino Mutis, botánico y naturalista, director de la Real Expedición Botánica enviada por Carlos III a finales del siglo XVIII y amigo de Alexander von Humboldt.

–¿Es cierto que era reaccionario?

–Sí, pero no en literatura; tituló su columna semanal Bitácora del reaccionario. Se declaraba gibelino, monárquico y legitimista; en realidad era muy contradictorio. Un día frente al retrato de la infanta Micaela de Austria (1567-1597) se largó a llorar. Le dije: ¡cómo pudo enamorarse de una bizcorneta! Los nocturnos en El Escorial (1987), son gran poesía, fue premiada en México.

–¿Por qué contradictorio?

–Fue amiguista con el poder en Colombia, donde recibió las mayores condecoraciones. Sin embargo, su relación con el país no fue la mejor. Detestaba la polarización entre liberales y conservadores, que generó una nueva violencia, la cual perdura desde hace 500 años.

–¿Por eso no volvió a Colombia?

–En México encontró condiciones favorables para escribir. En Colombia hizo publicaciones muy tímidas (1945–1953) y fue en México donde publicó absolutamente toda su obra, desde El diario de Lecumberri (1960) hasta su muerte. García Márquez y Mutis decidieron morir en México, porque se reconocieron con su cultura y rechazaron la infamia de la tradición oficialista de Colombia.

–¿García Márquez y Mutis se conocían?

–Álvaro Mutis se exilió en México en 1956, por el caso del desfalco a la multinacional ESSO; asentado ahí, en 1962, mandó dinero a García Márquez para trasladarse a México. Lo presentó con los grandes intelectuales, como Carlos Fuentes, Monsiváis, Elena Poniatowska. La obra de Juan Rulfo, que reverenció, la conoció por Mutis.

–¿Por qué Paz, su gran amigo, definió a Mutis poeta atípico?

–Porque a diferencia de su generación no estaba embelesado con el surrealismo; además, Mutis trasciende la poesía romántica francesa y mira la germánica y anglosajona. Explora los grandes temas existenciales: es el poeta de la desesperanza, del exilio, del drama existencial.

Hermandad con Gabo

–¿Cómo se conocieron estos dos colombianos?

–Desde 1950, su amistad fue de las más bellas de su generación. Mutis, trabajando de relacionista de la trasnacional ESSO y director de la revista Lámpara, de esa empresa, supo de García Márquez. En un viaje a Barranquilla lo buscó y le pidió La Marquesita de la Sierpe, reportaje sobre el maravilloso personaje de la mitología popular. Por intervención de Mutis, García Márquez se trasladó a Bogotá y se incorporó como redactor de El Espectador, donde devino gran reportero.

“Mutis trataba a Gabo como a su hermanito... Entre ellos hubo hermandad, solidaridad económica, artística, humana. García Márquez por su parte, promovió a Mutis con las mayores editoriales, que lo llevaron a la fama.”

–¿Qué piensa de su novelística?

–La nieve del almirante (1986) y Amirbar (1990) son lindas novelas. Creo que La última escala de Tramp Steamer (1988) es la mejor, si se le quitaran esas primeras 40 páginas llenas de retórica; se lo dije personalmente.

–Pero, entonces, ¿por qué consideras a Mutis un gran escritor?

–Sus relatos son extraordinariamente bellos. Considero La mansión de Araucaíma (1973) una obra suprema de la literatura latinoamericana. Durante una tertulia en Ciudad de México, Mutis desafió a Luis Buñuel, quien creía que la literatura gótica podía ser sólo de los países nórdicos de Europa, con el castillo, la niebla, la doncella, el sentido del mal. Para demostrar lo contrario, en 15 días escribió ese bellísimo texto, del que Sergio Cabrera realizó una película y cuyo guionista fue el escritor Julio Olaciregui.

–¿Hay algún otro relato que consideres importante?

–La muerte del estratega es uno de los relatos mejor logrados de la literatura latinoamericana. También El último rostro, sobre los últimos días de Simón Bolívar, que inspiró a García Márquez para escribir El general en su laberinto.

–Pero, ¿por qué ha dedicado decenios a estudiarlo?

–Lo considero uno de los mayores poetas de la historia literaria colombiana y uno de los más sólidos de la lengua castellana. Sus textos reviven las miserias y las grandezas del mundo americano. Él supo leer e interpretar su mundo, trascenderlo y plantear la necesidad del nacimiento de un hombre nuevo. Maqroll es un gaviero, está en el palo mayor, en la cofa, pero no dialoga con la tripulación. El poeta avizora y profetiza. El poeta induce a cambiar y trascender nuestras miserias.

–¿Quién es Maqroll el Gaviero?

–El protagonista de la hexalogía narrativa de sus empresas y tribulaciones centradas en el viaje. Las escribe entre 1986 y 1992. No es un personaje, sino una persona hablada.

Es un ser agobiado por la enfermedad, carece de utopías, no es dinámico, sino estático. Los viajes de Maqroll son imaginarios y lo conducen a empresas desastrosas. Se adentra en zonas tropicales ponzoñosas, hostiles, de naturaleza horrenda.

–¿Qué lugar tiene la naturaleza para Maqroll?

–Dialoga con ella sin folclorismo, descubre la esencia de América en la naturaleza. La fauna humana no le interesa. Por ello lo considero uno de los primeros poetas ecologistas del continente. Su poesía se funde en una hacienda cafetalera del Tolima, en la tierra caliente.

–¿Puede mencionar un ejemplo?

–Hace de la naturaleza americana protagonista de su entera obra. Mutis dialoga con sus paisajes, en particular con sus ríos. El río es un elemento vital para El Gaviero, más que el mar. Lo convierte en metáfora de la vida.

–¿Pero también fue influenciado por la literatura europea?

–Mutis fue erudito. Siendo niño, cuando vivió en Bruselas, se formó con la gran literatura de aventuras, en particular de mar. Leyó a Verne, Dumas, Melville, y declara a Conrad su maestro. Abrazó su interés por Europa desde la literatura clásica hasta el surrealismo.

Fabio R. Amaya concluye: el acto más inútil de la especie humana es el arte, pero sin el arte no vivimos. Por ello: ¡Viva Mutis!