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Chile a 50 años del golpe

Aunque significa un corte brutal en la vida, el exilio fue un aliciente

Distinguen a Isabel Allende con la Orden del Águila Azteca

Nostalgia, alegría y tristeza al mismo tiempo en la ceremonia realizada en la embajada de México

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▲ Acompañado por su homólogo chileno, Gabriel Boric, el presidente Andrés Manuel López Obrador impuso de manera póstuma la Orden del Águila Azteca en grado de collar a Salvador Allende. La recibo en nombre de todos los que estuvimos en México y sentimos las puertas abiertas; qué grande es su país, sé que mi padre estaría tremendamente orgulloso, dijo la senadora Isabel Allende Bussi, quien también fue condecorada, pero en grado de insignia.Foto Presidencia
Enviado y Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 11 de septiembre de 2023, p. 3

Santiago De Chile., Medio siglo después, ayer en la residencia del embajador de México en Chile ya tampoco cabía nadie más. Pero en esta ocasión no se trataba de gente presa del pánico, la angustia y la desesperación. Por el contrario, quienes ahí se dieron cita nuevamente venían pletóricos de nostalgia, de tristeza y alegría. Todo al mismo tiempo. Porque esa vieja casona fue entonces un escudo contra la muerte, santuario que salvó vidas, como lo resumió la canciller mexicana, Alicia Bárcena.

Todos hablaron recordando los momentos dramáticos, para ellos, para sus familias, para el país, que siguieron al golpe de Estado donde perdió la vida Salvador Allende, en una ceremonia en su memoria, encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En acto de reconocimiento al legado democrático y humanista del mandatario víctima de la bota militar, el gobierno mexicano impuso la Orden del Águila Azteca en grado de insignia a Isabel Allende Bussi, hija del ex presidente

Conmovida, la hoy senadora también compartió el mismo honor con su padre, pues ese galardón le fue repuesto a él de manera póstuma en grado collar. Un homenaje por el cual se patentizaba la profunda admiración del presidente López Obrador siente por el malogrado proyecto de Allende y su Unidad Popular.

“Sé que mi padre –expreso Isabel– estaría profundamente orgulloso”. Fueron apenas las frases iniciales de un discurso que contenía el agradecimiento de la familia Allende y de todo el exilio chileno a México, porque ese éxodo, aunque es un corte brutal en las biografías, representa el enorme aliciente de seguir con vida.

Enseguida hizo un recordatorio de aquellos momentos dramáticos cuando el entonces embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, organizó una caravana de vehículos que se abrió paso en medio de la represión militar para llegar al aeropuerto, desde donde saldrían a México.

Ese país, agregó Allende, les permitió rehacer su vida y por muchos años con Tencha (Hortensia Bussi de Allende, su madre) fue la voz que hacía valer y denunciar la violación de derechos humano en Chile.

Todos los mensajes estuvieron preñados de profunda emoción a la que acompañaba la añoranza colectiva, que Bárcena tradujo utilizando el discurso de Salvador Allende en su visita a Guadalajara en 1972.

De forma premonitoria –recordó la canciller– el estadista chileno señaló entonces: yo sé, por lo que he vivido, que México ha sido y será amigo de mi patria. No se equivocó, apuntó la diplomática. Yo diría que somos y siempre seremos un amigo incondicional de esta hermosa patria, Chile.

Aunque en el mismo tono sentimental de esta efeméride, Gabriel Boric, presidente chileno, no pudo desembarazarse de la agria polémica local que enmarca el 50 aniversario del golpe de Estado en Chile y, saltándose las reglas de la diplomacia, se sumergió en la disputa intestina: “un alto dirigente de la derecha responsabiliza a Allende del quiebre de la democracia. Como presidente de Chile, quiero decir que un demócrata, hasta el minuto final como el presidente Allende, no es el responsable del quiebre de la democracia.

Esa responsabilidad recae en quienes azuzaron y ejecutaron el bombardeo al Palacio de La Moneda, a nuestras instituciones, y desde ese mismo instante asesinaron, mataron y torturaron.

Boric hizo un resumen de las acciones de México en solidaridad con Chile, que incluyó la ruptura de relaciones con la dictadura chilena. “Hay quienes me dicen: ‘tú no habías nacido, ¿por qué tienes que opinar de eso?’ Porque tomamos la posta de su historia, porque sin ustedes (dijo ante un auditorio lleno de exiliados que regresaron a Chile) no estaríamos acá”.

Tocó el turno a López Obrador, quien aprovechó el escenario para elogiar la política exterior humanista de México, desde Juárez y Cárdenas, hasta nuestros días.

Una política consecuente con sus actos humanitarios. Es un timbre de orgullo que México haya sido el único país que votó en contra de la expulsión de Cuba de la OEA y como recordamos ahora, mostró con hechos su apoyo a los defensores de la democracia chilena víctimas de un golpe de Estado que causó la muerte a Salvador Allende, ser humano excepcional.

Un discurso que osciló entre el reconocimiento a la figura de Allende y la forma en que ha plasmado algunas de sus experiencias en su administración.

López Obrador entregó las dos condecoraciones a la senadora Allende, develó –junto con Boric– la placa conmemorativa que se colocará afuera de la residencia oficial del embajador de México, en honor al exilio chileno.

Culminó su último discurso en el país –aunque este lunes acudirá a la ceremonia oficial organizada por el gobierno– con una referencia a Martínez Corbalá, un reconocimiento póstumo de López Obrador: él simboliza, como pocos, lo que ha significado nuestra política exterior de humanismo y fraternidad.

Caída la noche, la víspera del 11 de septiembre, los alrededores de La Moneda se volvieron a colmar, miles de personas vestidas de negro, sólo portando veladoras, interpretaron canciones alusivas a aquellos tiempos en América Latina para cerrar con un coro incisivo, intenso, reivindicativo de la memoria de Allende y condenatorio de la represión militar: ¡nunca más, nunca más!