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De la defensa del maíz a la salvación del planeta
E

n la vida, hay eventos decisivos que en cuanto pasa el tiempo se convierten en parteaguas imposibles de olvidar. Sucesos paradigmáticos que constituyen saltos cualitativos, resultado de la progresiva acumulación de cantidades. El ejemplo universal es el salto del agua que expuesta a la acción del fuego va aumentando grado por grado, pero que al pasar del 99 al 100 se convierte en éter: pasa de líquida a gaseosa. Esto acaba de ocurrir con el acto de celebración de los 10 años por los que un colectivo de 52 ciudadanos, más 22 organizaciones campesinas y civiles logramos detener la siembra del maíz transgénico y su pareja el herbicida glifosato promovidos por cuatro poderosos corporativos agroalimentarios (PHI, Dow, Syngenta y la actual Bayer-Monsanto).

Esta medida, única en el mundo, se logró por la vía legal mediante una acción precautoria que ha detenido las solicitudes de permiso para sembrar maíces transgénicos en México, y que ha sido impugnada decenas de veces (sin éxito) por las corporaciones. El festejo no fue para menos e hizo confluir a una multicolorida gama de defensores del maíz que incluyó a científicos, educadores, artistas, filósofos, agrónomos, dirigentes campesinos, chefs, abogados, empresarias y decenas de jóvenes activistas.

En el jolgorio confluyeron dirigentes de al menos una docena de prestigiosas organizaciones ambientalistas. Tres generaciones estuvieron presentes en la celebración de un colectivo poderoso que hoy se califica como transdisciplinario y multiactoral. Pero tan importante fue la fiesta como el lugar en que se realizó. Si los espíritus resonaron juntos fue por la atmósfera plena de energía esperanzadora de Vía Orgánica, el primer rancho agroecológico situado a unos minutos de San Miguel de Allende, Guanajuato (https://viaorganica.org/).

En sus 80 hectáreas, Vía Orgánica es un emporio de facilidades y actividades, tales como invernaderos y cultivos al aire libre, residencias, restaurante y cafetería, tienda, lugar para reuniones, más talleres, cursos, diplomados y recorridos de todo tipo.

Suscriptores recientes de la acción colectiva en defensa del maíz, los fundadores y administradores de Vía Orgánica son además miembros de la Asociación de Consumidores Orgánicos (OCA, por sus siglas en inglés), organzación con más de 2 millones, y de Regeneración Internacional.

En el evento convergieron figuras como Jesusa Rodríguez, Elena Khán o Cristina Barros, pero también defensores que se han ido y que estuvieron presentes con sus fotos en una ofrenda con aroma de incienso: don Miguel Concha, Eugenio Bermejillo, Manuel Martínez y Ronnie Cummins. Este último (RC) fue el creador de OCA y fue miembro del comité coordinador de Regeneración Internacional. En sus últimos años se involucró en defender al maíz. RC fue durante 50 años uno de los activistas más destacados de los Estados Unidos por sus batallas pacifistas, anti-nucleares y por los derechos humanos y en las últimas décadas actuando como militante ambiental.

Autor de libros como un manual de defensa de los consumidores ante los alimentos transgénicos, una visión crítica sobre el covid-19 (escrita con Joseph Marcola en 2021) y especialmente de Grassroots Rising: a Call to Action, donde ofrece una fascinante reflexión de cómo las batallas por una alimentación sana son la acción que mejor conduce al salvamento del planeta. Dicho de manera clara y directa: la defensa del maíz en México es una ruta de escala nacional e internacional que se suma a otras iniciativas por la regeneración de la Madre Tierra. Su tesis es: trabajar en territorios concretos por la salud de las plantas, animales, suelos, agriculturas, alimentos y clima hace posible construir un mundo más saludable y feliz y con un clima estable. Y además este involucramiento y compromiso en tareas y acciones colectivas y concretas saca al individuo ( y especialmente a los jóvenes) de sus estados de desesperanza, soledad, depresión y alienación.

La acción local y particular pero colectiva dota al individuo de una conciencia y una nueva ética planetaria. No puedo dejar de señalar la enorme coincidencia con lo planteado en mi libro Los civilizionarios (https://www.vtoledolibros.com/). Estas batallas sencillas y concretas, una vez conectadas, pasarán de islas a archipiélagos y después a mares. Hasta que logremos la revolución civilizatoria, única manera de salvar y salvarnos.