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Historia del movimiento armado socialista
H

ay un paralelismo entre la historiografía sobre la revolución popular vencida en los campos de batalla en 1915, y la del movimiento armado socialista (MAS) también vencido.

La magnitud de la derrota militar del villismo puede contarse siguiendo el destino de sus protagonistas: cuando Villa fue asesinado sólo sobrevivían cuatro de los 16 jefes de Brigada de 1914. Hubo un sino trágico: entre 1913 y 1919 hay un largo desfile de fallecidos por muerte violenta… como los de la Liga Comunista 23 de Septiembre entre 1973 y 1979.

¿Con ellos murió la revolución? Encontré a veteranos villistas en las filas de Partido Comunista, en las organizaciones obreras y campesinas, en la lucha agraria cardenista… y en la Cristiada, que también fue una rebelión popular. No cuento aquí a los que cambiaron bandera, cuyos símbolos más siniestros son Eulogio Ortiz, represor del movimiento obrero y torturador de Librado Rivera, o Práxedes Giner Durán, gobernador de Chihuahua que tras la caída de Arturo Gámiz y siete de sus compañeros el 23 de septiembre, exclamó: ¿querían tierra?, ¡denles tierra hasta que se harten!

Más allá de esos destinos, el país no se habría transformado radicalmente entre 1914 y 1940 sin la existencia de la revolución social zapatista y villista. Igualmente, hoy entendemos que hay avances en México impensables sin el MAS, sin la respuesta de los guerrilleros a la violencia de un Estado que gobernaba para la gran burguesía explícitamente desde 1940, y con un pacto de alianza subordinada con EU desde al menos 1945. Muchos ex guerrilleros, familias, bases de apoyo, se incorporaron a los movimientos sociales y políticos que fueron conquistando los derechos colectivos y abriendo la ventana a la democracia que ahora la derecha quiere volver a cerrar. También es claro que sin el MAS no se habría producido la llamada reforma política de 1977.

Pero parece prohibido decirlo. Otro paralelismo: durante casi medio siglo, la historiografía redujo el zapatismo a movimiento regionalista que volteaba a un pa­sado idílico y se limitaba a exigir la restitución de las tierras arrebatadas por la oligarquía a los pueblos. El famosísimo Zapata de Womack mantuvo esa interpretación durante décadas, pese a la acción revolucionaria de un nuevo zapatismo. Porque fue la acción zapatista la que al fin mostró claramente la vocación revolucionaria del zapatismo de 1911-19. Me refiero a la acción reiniciada por Rubén Jaramillo, quien ligó la raíz revolucionaria zapatista y la sociología de la revolución guevarista; y al zapatismo que hoy vive en el EZLN y otros movimientos (sectores de Morena incluidos). Villa fue convertido en criminal sin principios y debió pa­sar más de medio siglo para que el proyecto revolucionario villista empezara a ser rescatado por historiadores.

Desde los años 20 había quien reivindicaba la revolución popular, pero en los márgenes: memorias de sobrevivientes, revistas de escaso impacto. Lo que se leía eran relatos que si reconocían el carácter heroico, eliminaban el proyecto revolucionario… (¿quizá Luis Spota o Aguilar Camín al escribir del MAS sean el equivalente de Mariano Azuela y Rafael F. Muñoz sobre el villismo?) No fue hasta Friedrich Katz que la historia villista saltó de la marginalidad y empezó a discutirse seriamente… cuando no quedaba ni un superviviente que pudiera discutir.

Con el MAS, igual: hay una biblioteca de testimonios y es tema de investigación académica, pero con excepciones, tanto los testimonios como los estudios han vendido un millar de ejemplares. Campean el desconocimiento o la condena sin cortapisas, por no hablar de una histeria anticomunista rediviva.

Otra comparación: estudiosos que no vivieron los hechos y los estudian desde la academia, cometen un error: la fetichización del documento. Para explicar la derrota militar de Villa y Zapata, los historiadores se basaron acríticamente en las fuentes oficiales, literalmente: los partes de guerra de los vencedores. Ahora veo con preocupación a historiadores que para explicar el MAS dan por buenos los documentos de los archivos de la represión, sin someterlos a la crítica y confrontación de fuentes.

Al tomar posesión como director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, en 2018, propuse instalar un seminario permanente, en cuya convocatoria se especificaba que se proponía crear “un espacio de discusión, análisis y reflexión colectiva sobre el MAS mexicano. Este seminario busca rescatar la experiencia de esa memoria desarrollada por miles que… decidieron emprender la lucha armada como vía para construir una sociedad más justa y equitativa”.

Tras varias reuniones, artículos en La Jornada y programas de radio en los que entrevistamos a supervivientes y estudiosos de la lucha guerrillera, el seminario se inauguró formalmente el 23 de septiembre de 2019… y fue totalmente opacado por el escándalo mediático generado en torno a los jóvenes valientes. El mensaje fue claro: para la derecha el MAS puede seguir discutiéndose en la marginalidad de los supervivientes, los familiares buscadores y un puñadito de académicos, no puede ser parte del debate nacional.