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Mujeres afganas, aún bajo el yugo talibán

E

stados Unidos presume de tener grandes estrategas militares y políticos. Pero las recomendaciones que hacen a sus gobernantes son un fiasco cuando intervienen naciones para defender sus intereses. Un ejemplo es Afganistán.

Primero, armaron a los talibanes para que lucharan contra la presencia militar de Rusia (1978-92), que estaba allí en apoyo de un régimen comunista. Tuvo que retirarse tras una terrible pérdida en víctimas y dinero. Gobernó entonces el Talibán entre 1996 y 2001. Pero después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York se convirtió en su peor enemigo. Invadió Afganistán para eliminarlo y restablecer la democracia.

Fracasó y tuvo que abandonarlo precipitadamente en 2021. Desde entonces, el grupo islamista impone su ley. Las mayores víctimas, la mitad de la población que son mujeres. Aunque el Talibán dijo que respetaría sus derechos humanos y su integridad, hace lo contrario.

Tienen prohibido salir solas de casa. Deben acompañarlas su mahram, hombre de parentesco cercano, como padre, hermano o marido. No pueden ser atendidas por médicos varones, cuando hay pocas mujeres que ejercen esa profesión. Por eso muchas no tienen atención adecuada, lo que les ocasiona problemas de salud, incluso la muerte.

El régimen les vedó la enseñanza secundaria y universitaria. Ir, como antes, a parques infantiles. Eliminaron su presencia en la radio, la televisión y toda reunión pública. El deporte les está vetado.

Ningún trabajo fuera de los hogares. La excepción, unas cuantas médicas y enfermeras. Prohibido cerrar tratos con comerciantes masculinos o mostrar parte de su cuerpo en público. Están obligadas a llevar burka, velo largo que les cubre incluso el rostro. No deben usar ropas de colores vistosos por ser sexualmente atractivos. Las que no vistan conforme manda el Talibán o no vayan acompañadas de su mahram, son sometidas a azotes, palizas y abusos verbales. Las acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio, lapidadas.

Se les prohíbe usar cosméticos, dejar a la vista sus tobillos y calzar zapatos de tacón, pues un varón no debe oír los pasos de una mujer. Además, está vedado publicar sus imágenes en revistas y libros. Pese a tanta represión, hay valientes que luchan y denuncian por los medios sociales a su alcance la situación que viven. Todos debemos apoyarlas.