Opinión
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Democracia creativa
E

ste día hace su presentación pública un libro póstumo de lectura recomendada. Lo escribió una mujer que trajinó toda su vida en pos de aliviar o mejorar la vida en común. Se dedicó a interactuar con personas y organismos ciudadanos que sumaron impulsos para construir alternativas de mejora o de remedio a sus necesidades. Pudo entrever y sentir la generosidad y la ilusión de participar para mejorar la vida colectiva. A esta continua capacidad de transformación del pueblo, María Angélica, su autora, le llamó, precisamente, Democracia creativa. Por ello se entiende la posibilidad de generar procesos de cambio, para construir nuevas realidades, lo que da cuerpo a su central apuesta conceptual. A partir de ahí, lanza rutas de encuentro con innumerables realizaciones humanas.

No fue un trabajo solamente teórico –de gabinete, digamos– lo que dio forma y fundó sus propuestas. Fue, en verdad, uno esforzado, continuo, de búsqueda y entrega, llevado a cabo entre la gente para, a partir de ahí, canalizar y unir acciones de respuesta a sus anhelos o para remediar sus males. Tal sinergia la llevó, con el tiempo y su misma capacidad inagotable, a concebir que entre el pueblo existe y puede florecer la fuerza para conjuntar alternativas con múltiples soluciones. Así, sumando sus hallazgos, involucrándose en ellos, pudo estructurar su visión y dar forma conceptual a lo diverso.

Nunca cesó de ir y venir por la Ciudad de México, donde vivió la mayor parte de su tiempo. También lo hizo recorriendo incansablemente el país, siempre colaborando con sus comunidades de base. Fue ahí, en esos amplios y abigarrados espacios nacionales, donde fincó y ayudó a que brotaran y avanzaran miles, cientos de miles de empeños ciudadanos. Angélica pudo unirse, con su humano entusiasmo y precisa labor, a lo que los demás hacían con sus vidas y necesidades. Fue toda una experiencia vital, empeñada, cotidianamente, en armar y conciliar sus ideas con los trabajos y las ilusiones de otros muchos.

Manqué fue una adelantada soñadora. Vio y apresó, con precisión notable, la energía colectiva que escurría por los incontables meandros de la sociedad. A eso le comenzó a llamar por su nombre: sociedad civil, pueblo organizado, ciudadanos en acción. Siempre concibió a la gente como un poder capaz de responder, con ingenio y la fuerza necesaria, para cristalizar en mecanismos, normas, leyes u organismos solidarios sus propósitos. Su empatía la llevó a emprender, sin descanso, una cruzada que daría cuerpo a numerosas formas de hacer ciudadanía, de tejer sociedad. Nunca desperdigó ni despreció los pequeños o primerizos anhelos de la gente por contribuir. Con inmediata entrega se daba a colaborar y estar presente en las tribulaciones de otros, en las alegrías y los deseos de ayudar que muestran los distintos grupos del pueblo en el país entero. Ya sea en el norte, el centro o las costas, pudo encontrar dónde y con quiénes hacer la tarea indispensable. Poco a poco, concretando sus pasos, inyectando pasión y congruencia, dio pie a una enorme red de impulsos organizativos. Ahí pudo encontrar los motivos donde fincar su vida profesional. Ahí supo, también, que radicaba una manera sana, positiva y admirable de hacer política. Encontrar la manera de relacionar, con destreza inigualable, el vital binomio pueblo-gobierno como una forma superior de horizonte. Ahí también desembocaron sus empeños para levantar una miríada de pequeñas y abarcantes instituciones. No fueron pocas las que recibieron su desinteresada ayuda.

Al ir sembrando el país de grupos humanos organizados, y con propósitos bien definidos, vio con claridad esta nueva manera de agregar a la democracia este apellido de creación. Fue su muy personal aportación que se agradece. Este libro es un llamado a cualquiera que tenga una ilusión, o que padezca un mal a remediar, para que se unan y colaboren para impulsar el desarrollo. Propone Angélica tender puentes de entendimiento y colaboración con aquellos que desean aportar algo en la vida. Sobre todo para aquellos que más lo requieren.

Fue, además, una feminista esencial. Empeñada en la equidad y la justicia como asunto y anhelo de todos.

No puedo, por espacio, citar o mencionar las tareas llevadas a cabo. Baste con decir que ahí responden grupos en La Paz, BCS. Ariete Ecológico, de Ciudad del Carmen. Maderas del Sureste o una Reserva Ecológica, en Los Chimalapas. Un Centro de Educación Popular Infantil. Otro Comunal de Salud y Tecnología en Oaxaca. Con otros empeños en la búsqueda de desaparecidos o en dar cohesión a clamores de justicia de desamparados y con discapacidad. Hasta pudo impulsar a personas para ser electas a congresos estatales o al mismo federal para empujar variadas leyes. En fin, en este libro encontraran mucho de sus esfuerzos, aún en etapas cercanas a su muerte, hecho que a mí, por consiguiente, me hizo viudo después.