Número 187 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
Miscelánea
Alejandro Hernández Onofre muestra su policultivo tradicional. Marcos Cortez

Primera de dos partes

Voces de la milpa

Marcos Cortez Bacilio

La milpa es un sistema de origen mesoamericano basado en prácticas agrícolas tradicionales constituido por un policultivo, no sólo de plantas, sino de animales, microorganismos, hongos e insectos, que ha persistido probablemente por más de diez mil años. En diferentes comunidades de Coyuca de Benítez, Guerrero, la milpa es un agroecosistema polifuncional que establece un espacio dinámico de recursos genéticos locales con enormes conocimientos ecológicos, sociales, económicos y culturales. Su amplia complejidad sigue demostrando que representa agrobiodiversidad, cultivos varios, semillas libres, y lo fundamental, multiplica vidas, dado que es creada por el trabajo humano en cada temporal de lluvias.

“La milpa no es sólo maíz” dijo en tono pensativo don Alejandro Hernández Onofre camino a su parcela de nombre “el Manantial, ahí tomamos bule en mano…el bule es pariente de las calabazas en forma de recipiente donde se almacena agua para llevar a las jornadas de preparación y cosecha de la milpa, es un recipiente tradicional que garantiza la conservación fresca de agua, y así, disfrutar su deleite bajo el sol; además es una semilla poco sembrada en su comunidad, por lo que don Ale -como también es conocido en las Lomitas, de donde es originario- se ha encargado de conservar año con año, cultivo que imprime a su milpa un toque peculiar. Las semillas que cultiva, las tiene por más de 25 años en sus manos, las cuales ha ido mudando entre su linaje, como sus abuelos lo hicieron con sus padres...Situados en el manantial, antes de iniciar con la pixca de las primeras mazorcas, pregunté:

- ¿Cuántas variedades cultiva en su milpa?

-Son diez de maíz, entre blancos, rojos, morados, amarillos y pintos, de diferentes razas: Olotillo, Olotón, Tuxpeño, Conejo, Ancho y algunos cruzados; también dos variedades de bules, dos de bandejas, dos de calabazas y dos de frijoles ejoteros o milperos, blanco y negro. Son semillas que dan vida a la milpa, pues lo que sembramos es lo que consumimos, y eso es lo que somos.

- ¿Por qué sigue haciendo milpa?

-La milpa es una forma de vida campesina, es parte de nuestra alimentación, identidad y cultura, permite la producción de variados alimentos, nos proporciona diferentes acciones conjuntas que requieren organización familiar para lograr la preparación de la parcela hasta lograr la cosecha; la milpa es parte de nuestras vidas.

-Volví a preguntar- ¿Actualmente la milpa ha sufrido varios cambios, eso se nota en los paisajes, en las relaciones familiares y comunitarias?

-Sí, hoy muchas familias hablan de milpa y se refieren a sólo maíz, y confunden los maizales con los quehaceres diversos de la milpa, y peor aún, si sólo siembran maíz híbrido con químicos; situación que los va acostumbrando a ser dependientes de semillas y de insumos externos -explica preocupado don Ale-.

La milpa pone en el centro la interrelación humano-naturaleza, ciclos biológicos y fases lunares, una simbiosis deliberada. Y un claro ejemplo, es lo que hace Alejandro y su familia, siembran diferentes variedades de maíces, frijoles, bules, bandejas y calabazas, de forma simultánea, donde el maíz como cultivo eje, le sirve de guía a los frijoles para un desarrollo óptimo, y éstos, a su vez, le fijan nitrógeno aéreo al suelo, que aprovecha el maíz y otros cultivos asociados como los bules o calabazas, cuya función es dar cobertura natural y propiciar microclimas para el crecimiento de pápalos, quelites y verdolagas. De manera que la anchura de sus hojas evita arrastre de tierra fértil y guarda humedad en etapas criticas de estiaje, jugando un papel importante en la mejora de la fertilidad del suelo. Esto concede vida al agroecosistema milenario, en el que conviven cientos de cultivos comestibles en un solo nicho agroecológico: plantas silvestres, arvenses, arbustos, hortalizas, árboles frutales y forestales/maderables que hacen de la milpa un sistema dinámico y complejo en su máxima amplitud.

“La milpa nos alimenta” me comentaba doña Reyna López García de la comunidad de la Lima, durante una visita de campo que hice en los meses de la cosecha de flores, sandías, melones y pepinos: Somos campesinos y del campo vivimos, de la milpa sacamos una diversidad alimentos que provee nuestro sustento familiar. Antes de iniciar con la recolección, fiel a mi costumbre, lance la siguiente pregunta:

¿De dónde obtiene la semilla para hacer su milpa?

-Contesto de inmediato doña Reyna: -Tenemos semillas desde hace más de 16 años que seguimos conservando, no sembramos semillas comerciales, nuestras semillas son más resistentes a las plagas y se adaptan mejor a nuestros suelos. Por eso, ahora tenemos el reto de que estas semillas y saberes pasen a nuestros hijos y nietos, y no se pierda esta tradición de cultivar.

- ¿Por qué sigue cultivando las semillas de su milpa?

-Nuestro propósito es cosechar alimentos sanos de aquí, de nuestra comunidad; maíces de colores, melones de tajada, sandías y pepinos criollos, calabazas de pellejo, jitomates y chiles silvestres, éstos son los mejores alimentos. Por estos motivos, nosotros estamos preocupados por sacar alimentos saludables, pues aquí tenemos de todo, y a veces no valoramos la riqueza alimentaria que ofrece la milpa. Esta diversidad de cultivos, incluso, mejora nuestra economía local. En particular, con la siembra de flores, ofrendamos a nuestros santos difuntos, pero también generamos excedentes con su venta, y con eso compramos otros productos que no producimos.

Hay mucha coincidencia entre familias milperas, al manifestar que “la milpa es un modo de vida”, como elemento básico de su cotidianidad, concebida como un sistema de producción agrícola hereditario, garante de su nutrición, identidad, cultura y organización comunitaria. Este sistema de producción tradicional aporta a la alimentación, al ahorro y a la generación de ingresos, además, contribuye a conservar agrobiodiversidad al momento que involucra el conocimiento y experimentación de mujeres y hombres por igual. Para ellos significa realizar todo un proceso co-productivo y co-participativo a partir de la selección y conservación de semillas, lograr una buena cosecha, garantizar el autoconsumo y la venta local de alimentos. Tomando las premisas campesinas de don Alejandro y doña Reyna, puedo decir que la milpa es el modo de cultivar en concordancia con el modo de vivir. Hacer milpa es hacer familia, comunidad, organización, fiestas patronales, asambleas y una lista innumerable de etcéteras, que está presente tanto en las tareas agrícolas como en las no agrícolas. En la milpa es importante desde el brillo de la luna por la noche, el resplandor del sol por el día, los perdurables cantos de chicharras, ranas y pájaros, cobijados por las gotas de lluvia que interactúan durante la germinación de las semillas hasta el cuajado de los frutos que abastecerán una dieta sana, cercana y soberana. Como podemos percibir, la milpa no sólo es producción de maíz, sino una vasta complementariedad de alimentos, que conforme pasa el tiempo sigue siendo reinventada de forma creativa por las familias campesinas en momentos turbios de emergencia alimentaria. •

Reyna López García cosechando flores de su espacio polifacético. Marcos Cortez