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Argentina: ¿superministro o superratón?
U

no. Hay algo que Washington busca torpedear, con todos los medios a su alcance: que los pueblos de América Latina y el Caribe (ALC) vuelvan a tener voz propia, recuperando los ideales de integración, cooperación y solidaridad que, unidos, pudieron impulsar en los primeros años del siglo (1999-2016).

Dos. Procesos antineoliberales y populares (y necesariamente sujetos a coaliciones o alianzas), que con ligereza y desdén minorías poco dialécticas ponen cuestión, calificándolos de progresistas o populistas. Como si ideología y política hubieran sido, alguna vez, sinónimos.

Tres. Veamos el caso emblemático de Argentina, país que, desde el golpe de Estado de 1955, es imposible de gobernar sin el peronismo. Un movimiento de masas que las izquierdas perfectas maldicen por ser una suerte de piedra en el zapato en la lucha de clases, y las derechas imperfectas se esforzaron durante 77 años para borrarlo del escenario.

Cuatro. Hace pocos días, Argentina parecía estar al borde del abismo, en una situación que al presidente Alberto Fernández (AF) anticipaba un desenlace similar al de 1989, cuando el mercado obligó a la renuncia (anticipada) del presidente Raúl Alfonsín. Y la más espectacular de Fernando de la Rúa, quien a finales de 2001, tras declarar el estado de sitio, huyó en helicóptero de la Casa Rosada, dejando 20 muertos y cientos de heridos.

Cinco. Nada de lo temido aconteció, y la mujer que en las buenas y en las malas gravita desde hace 15 años en la política del país rioplatense, cantó jaque. AF respiró con alivio, y el mercado aminoró su criminal y golpista corrida cambiaria. Momentáneamente, claro.

Seis. Desconcertado, el arco político se rascó la cabeza. Por enésima vez, la ultrapragmática Cristina Fernández de Kirchner (CFK) jugó con temeridad. Y con el fin de frenar las perversas maniobras del mercado, eligió de superministro a un personaje de rancia cepa liberal: Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados, alfil de su coalición (Frente de Todos, FdT), y hombre de confianza de Washington.

Siete. ¿Pan para hoy, hambre para mañana? Si el articulista conserva los 20 seguidores que leyeron su artículo del 6 de noviembre de 2019 (“Argentina: ¿un peronismo ‘progresista’ y socialdemócrata?”), recordará que el texto finaliza con las palabras de un mesero de barrio, anhelando que AF (ungido por Cristina), cantase la marcha peronista. En particular, los versos que dicen: “…combatiendo al capital” https://bit.ly/3OUwfND.

Ocho. Hombre probo y honesto pero de inaudita ingenuidad a pesar de su larga experiencia en los tejes y manejes del poder palaciego, AF creyó que si cultivaba la amistad de los unos y los otros, llevaría su gestión con dignidad. Sería injusto, por tanto, olvidar el empeño de su gobierno frente a la pandemia y la decisión de poner plata en el bolsillo de la gente.

Nueve. Sin embargo, en 32 meses de gestión, AF fue incapaz de tomar medidas frente al poder de los muy ricos que se convirtieron en superricos, el grupo monopólico de Clarín, La Nación, Infobae y otros medios que su gobierno financiaba mientras lo atacaban sin descanso y un Poder Judicial que continúa ejerciendo la ideología de Al Capone. O bien un simple decreto de urgencia para liberar a la luchadora social Milagro Sala, encarcelada por Mauricio Macri en 2016, hoy ha cumplido 2 mil 390 días de infame e injusta prisión en la provincia feudal de Jujuy.

Diez. Por ahora, el superministro o superratón Sergio Massa huele las flores que en los meses siguientes le recordarán a la chica ratona que, atenta a sus malmerecidas ambiciones, se las entregó amablemente.

Once. La movida de CFK, al parecer, es clara. Si sale bien, el superratón será un peligroso presidenciable en 2023. Si sale mal, la lideresa indiscutida de millones de argentinos tiene el camino allanado. De ahí que la justicia mafiosa trate de inhabilitarla o, de plano, encarcelarla.

Doce. El periodo referido al empezar estas líneas arrancó con el triunfo de Hugo Chávez, y terminó con la ajustada derrota electoral del peronismo (2015), seguida de la destitución ilegal Dilma Rousseff en Brasil (2016). No obstante, luego del triunfo electoral de AMLO (2018), los pueblos volvieron a la carga: Argentina (2019), Bolivia (2020), Perú (2021), Honduras, Chile y Colombia (2022), y la más que segura victoria de Lula da Silva, en octubre próximo.

Trece. ¿Cuál destino aguarda a los pueblos de ALC, en caso de que Lula y CFK vuelvan al poder? De Gregorio Dalbón, abogado de la vicepresidenta argentina: La única manera de parar a Cristina es que le corten la lengua.