"La Jornada del Campo"
Número 176 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
 
"Los peces grandes comen los pequeños". Peter Brueghel el Viejo

EditorialLa pesca y sus cronistas

En su Nuevo álbum de zoología José Emilio Pacheco nos dice que la descripción que en 1929 hace Juan B. Salazar de los elefantes marinos puede leerse como un poema:

Miden generalmente cinco metros de largo.

Tienen ojos grandes y brillantes,

dulces como los ojos de un animal nocturno.

Forman manades, viven

en cavernas marinas.

Aparecen, inmóviles:

grandes rocas negruzcas,

amarillentos, sucios, pesadamente informes.

Pertenecen al orden

de los pinnípedos,

familia de los fócidos.

Nombre científico:

Miropunga angustrirostris

Siguiendo su ejemplo yo encuentro un editorial de La Jornada del campo en lo que sobre peces y pescadores escriben dos cronistas de Indias en el siglo XVI. En Historia general de las cosas de Nueva España Fray Bernardino de Sahagún y sus informantes hacen el inventario del origen acuático de mucha de la prodigiosa riqueza culinaria mexica. En Sumario de la natural historia de las Indias las descripciones del incansable viajero Gonzalo Fernández de Oviedo documentan la casi erótica crueldad de la pesquería indiana.

De los animales del agua

Los peces de esta tierra son parecidos a los de Castilla, llámanse michin, son semejantes en la cola que la tienen hendida u horcaja, y también en las alillas, en las escamas, y en tener un cuerpo ancho, el cuello grueso, y el ser ligeros, pues se deslizan de las manos. Los peces de la mar se llaman tlacamichin, que quiere decir peces grandes, y que andan en la mar, que son buenos de comer; estos peces grandes comen a los pequeños.

Las anguilas se llaman coamichin, que quiere decir culebra pez. Dícese culebra, porque es largo y tiene la cabeza como esta, y dícese pez, porque tiene la cola como este y tiene alillas como tal. La tortuga de mar se llama chimalmichin, que quiere decir rodela pez, pues tiene redonda la concha como la rodela, y dícese pez porque tiene dentro pescado. Hay un pez en la mar que se llama totomichi, que quiere decir ave pez. Dícese ave porque tiene la cabeza y el pico como esta, y muerde como tal; y dícese pez porque tiene alas y la cola como este. Hay un pez en la mar que se llama huizitzilmichin, llamase así porque tiene el piquillo muy delgado como la avecilla que se llama tzinzon, que anda chupando las flores. Hay otro animal en la mar que se llama papalomichin, que quiere decir pez como mariposa, porque es de la hechura de ella. Hay otro pez en la mar que se llama ocelomichin, que quiere decir pez como tigre; llamase así porque es semejante a dicho animal, en la cabeza, y en las manchas, no tiene escamas. Hay otro pez que se llama quauhxouilin, llamase así porque tiene la cabeza como águila, el pico corvo y amarillo como loro, no tiene escamas, es liso como anguila, grande y largo, no tiene huesos, es de buen comer, todo es pulpa,

De los peces de rio o laguna

Hay unos pececillos anchuelos que se llaman topotli, son pardillos, críanse en los manantiales, son buenos de comer y sabrosos: A los peces blancos llaman amilotl o xouilin, su principal nombre es amilotl, especialmente los grandes y gruesos; xouilin son aquellas bogas pardillas que se crían en el cieno, y tienen muchos huevos; los peces blancos que se llaman amilotl, tienen comer delicado y de señores. Hay unos pececillos pequeñuelos que se llaman xalmichin. Hay otros pececillos barrigudillos que se crían en el cieno llámanlos cuitlapetlatl, y son medicinales para los niños. Hay unos pececillos muy pequeños que llaman michzaquan, que quiere decir pequeñitos peces; andan juntos hirviendo, vuelan como saetas de una parte a otra, y son ligeros en andar.

De los renacuajos y otras sabandijas de agua que comen estos naturales

Hay unos animalejos en el agua que se llaman axolotl, tienen pies y manos como lagartijas, y tienen la cola como anguila, y el cuerpo; también tienen muy ancha la boca y barbas en el pescuezo, es muy bueno de comer y es comida de los señores. Hay unos animalejos en el agua que llaman acocitli, son casi como camarones, tienen la cabeza a modo de langostas, son pardillos, y cuanto los cuecen pónense colorados como camarones, son de comer cocidos o tostados. Hay otro animalejo en el agua que se llama aneneztli, es larguillo y redondo, tiene manos y pies, ancha la cabeza y es pardillo; son de comer, vuélvense aquellos coquillos que tienen cuatro alas y vuelan, y llámanlos gavilanes en Castilla. Hay también unas mosquillas que llaman amoyotl, andan en el haz del agua, péscanlas y cómenlas. Hay unos gusanos en el agua que llaman ocuiliztac, son muy ligeros en ella, y cómenlos. Hay unos coquillos en el agua que llaman michpilli, son muy pequeñitos como aradores, péscanlos y dicen que son de muy buen comer. Hay otros coquillos que se llaman michpiltetzi, son como los de arriba dichos y cómenlos. Hay otros gusanos del agua que llaman izcahuitli, no tienen cabeza sino dos colas, son coloraditos, hacen de ellos comida. Hay unas urronas que se crían sobre el agua, que se llaman tecuitlatl, son de color azul claro, después que esta bien espeso y grueso, cógenlo, tiéndenlo en el suelo sobre ceniza, y después hacen unas tortas de ello, y tostadas se las comen.

Fray Bernardino de Sahagún et al

De pescados y pesquerías

En Tierra-Firme los pescados que hay, y yo he visto, son muchos y muy diferentes; pero solamente especificaré aquí lo que toca a tres que son: tortuga, tiburón y manatí.

Del primero digo que en la isla de Cuba se hallan tan grandes tortugas, que diez y quince hombres son necesarios para sacar del agua una de ellas, eso he oído yo decir; pero de las que en Tierra-Firme se matan, yo he visto en la villa de Acla, que seis hombres tenían bien que llevar en una, que tenía la concha de ella por la mitad del lomo, siete palmos de vara de luengo, y más de cinco en ancho o por el través de ella. A veces acaece que caen en las grandes redes barrederas algunas tortugas, pero de la manera que se toman en cantidad es cuando se salen de la mar a desovar; y así como los cristianos o los indios topan el rastro de una de ellas en la arena, van por él: y topándola, ella echa a huir para el agua; pero como es pesada, alcánzanla luego con poca fatiga, y pónenle un palo entre los brazos, debajo, y la tornan de espaldas, y la tortuga se queda así, que no se puede tornar a enderezar; y dejada así, si hay otro rastro van a hacer lo mismo, y de esta forma toman muchas. Es muy excelente pescado y de muy bien sabor y sano.

El segundo pescado se llama tiburón y es muy suelto en el agua y muy carnicero; los mayores se toman en esta forma: que como el tiburón ve las naos, las sigue y se va tras ellas, comiendo la basura y inmundicias que echan a fuera, y por cargada de velas que vaya la nao, y por próspero tiempo que lleve, le va siempre el tiburón a la par, y le da en torno muchas vueltas; y cuando lo quieren matar echan por popa de la nao un anzuelo de cadena tan grueso como el dedo pulgar, y tan luengo como tres palmos, encorvado, como suelen estar los anzuelos, y las orejas de él a proporción de la groseza, y al cabo del asta del dicho anzuelo, cuatro o cinco eslabones de hierro gruesos, y del último atado un cabo de una cuerda, grueso como dos veces o tres el dicho anzuelo, y ponen en él una pieza de pescado o tocino o carne cualquiera, y el dicho tiburón trágase todo el dicho anzuelo, y de la sacudida de la fuerza del mismo, y con la furia que va la nao, así como traga el cebo y se quiere desviar, luego el anzuelo se atraviesa, y le pasa y sale por una quijada la punta de él; y prendido son algunos de ellos tan grandes, que doce y quince hombres o más, son necesarios para guindar y subir en el navío, y metido en él un marinero le da con el cotillo de una hacha en la cabeza grandes golpes, y lo acaba e matar; son tan grandes que algunos pasan de diez y doce pies, y más, y en la groseza, por lo más ancho tiene cinco, y seis, y siete palmos, y tienen muy gran boca en proporción del cuerpo, y en ella dos órdenes de dientes en torno, la una distinta de la otra algo, y muy espesos y fieros los dientes; y muerto hacénlo lonjas delgadas, y pónenlas a enjugar dos o tres o más días, colgadas en las jarcias del navío al aire, y después se las comen. Es buen pescado y gran bastimento para muchos días en la nao, por su grandeza.

El manatí es un pescado de mar de los grandes y mucho mayor que el tiburón en groseza y de luengo, y feo mucho, y la cabeza de este pescado es como de una vaca y los ojos por semejante, y tiene unos tocones gruesos en lugar de brazos, con que nada, y es un animal muy mansueto, y sale hasta la orilla del agua, y si desde ella puede alcanzar algunas yerbas, pácelas; mátanlos los ballesteros, desde una barca o canoa, porque andan someros de la superficie del agua; y como lo ven dánle una saetada con un arpón que lleva una cuerda delgada de hilo recio y alquitranado; y vase huyendo en tanto el ballestero da cordel, y echa muchas brazas de él fuera; y desque ha andado muchas brazas bañando la mar de sangre, y está cansado y vecino al fin de la vida, llegase él mismo hacia la playa y las ondas del agua le ayudan a encallarse más; y entonces el dicho ballestero y los que le ayudan acábanle de echar en tierra; y para lo llevar a donde lo han de pesar, es menester una carreta y un par de bueyes, y a las veces dos pares, según son grandes estos pescados; creo que es uno de los mejores pescados del mundo en sabor, y el que más parece carne; y en tanta manera a la vista es próximo a la vaca; el sabor es de muy excelente ternera, y la cecina de él muy especial y se tiene mucho.

Estos manatíes tienen una cierta piedra o hueso en la cabeza, entre los sesos o meollo, la cual es muy útil para el mal de la ijada, y muélenla después de haberla muy bien quemado, y aquel polvo molido tómase cuando el dolor se siente, por la mañana en ayunas, tanta parte como se podrá coger con una blanca de a maravedí, en un trago de muy buen vino blanco; bebiéndolo así tres o cuatro mañanas, quitase el dolor, según algunos que lo han probado me han dicho.

Gonzalo Fernández de Oviedo