Número 155 Suplemento Informativo de La Jornada Directora General: Carmen Lira Saade Director Fundador: Carlos Payán Velver
+COVID-19
Necesitamos urgentemente transitar hacia un sistema alimentario saludable, justo y sustentable que garantice nuestro derecho a la salud.

La nueva normalidad alimentaria: lecciones para la producción, distribución, abasto y consumo

Katia Yetzani García Maldonado Alianza por la Salud Alimentaria

Después de meses de confinamiento y atravesando una de las pandemias que más ha afectado la forma en que vivimos, hemos podido constatar como de un momento a otro puede cambiar la manera en que se producen, distribuyen y consumen los alimentos, ocasionando impactos socioeconómicos y ambientales a gran escala.

Con la pandemia se ha evidenciado, todavía más, que nuestro sistema alimentario está determinado por una serie de determinantes sociales, económicos y políticos, que, de no ser considerados para la toma de decisiones sobre el manejo de la pandemia en la nueva normalidad, se corre el riesgo de incrementar las desigualdades que se traducirían en un mayor número de vidas perdidas.

Los efectos de la pandemia no se viven de la misma manera; hemos observado cómo las restricciones al transporte y las medidas de cuarentena afectaron en mayor medida a pequeños productores debido a que tienen un menor acceso a los insumos necesarios para producir alimentos, acceder a los mercados, trasladar y vender sus productos; así como a los pequeños negocios de comida y vendedores ambulantes que tuvieron que despedir a muchos de sus empleados para mantenerse a flote o que incluso tuvieron que dejar de operar.

La pérdida de empleos ha ocasionado una mayor incertidumbre alimentaria, negando la posibilidad de asegurar que se cuenta con los alimentos suficientes en los hogares, incluso pudiendo incrementar los 52.4 millones o los 70.5 millones de personas en nuestro país que en el año 2018 ya vivían en condiciones de pobreza e inseguridad alimentaria, respectivamente, y que además están luchando contra el hambre y otras crisis.

Por otro lado, la interconexión de la economía global nos hace más vulnerables a efectos en los precios de los alimentos por afectaciones en la economía de otros países, con lo cual, todos estamos expuestos a tener que destinar una mayor proporción de nuestros ingresos para llevar alimentos a nuestros hogares, sacrificando la satisfacción de otras necesidades básicas.

Otro elemento que merece ser estudiado con detenimiento es la transformación en la operación de los programas gubernamentales de abasto de alimentos, ocasionada por las medidas de mitigación de la pandemia. Particularmente, el caso de las familias que recibieron tardíamente o que dejaron de recibir despensas con las que contaban para alimentarse o todos aquellos niños y niñas que dejaron de recibir los desayunos escolares de los que dependían para tener acceso a al menos a una comida al día.

Finalmente, debido al confinamiento, posiblemente también se ha incrementado el consumo de alimentos y bebidas que contienen un exceso de calorías, azúcares, grasas y sal, que no fortalecen nuestro sistema inmunológico y que se relacionan con el riesgo de presentar sobrepeso, obesidad o alguna enfermedad crónica, las cuales, a su vez, también incrementan el riesgo de tener mayores complicaciones por COVID-19. Lo observamos con las compras de pánico, el incremento de la comida rápida a domicilio, las estrategias de publicidad de las grandes empresas de comida chatarra y bebidas azucaradas que buscaron incrementar sus ventas a través del uso de emociones y sentimientos experimentados durante el confinamiento; o incluso, con las donaciones que algunas de estas empresas disfrazaron de responsabilidad social para para posicionar su marca y llenar de productos ultra procesados a las poblaciones en mayores condiciones de vulnerabilidad.

La nueva normalidad traerá consigo momentos muy complicados en términos de alimentación para muchas familias de México y el mundo, no podemos dejar de ver a la alimentación como un acto político y social, necesitamos urgentemente transitar hacia un sistema alimentario saludable, justo y sustentable que garantice nuestros derechos a la salud, a la alimentación, al agua y al interés superior de la infancia. •